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Te amo con todo mi corazón novela por Nevaeh Avery PDF Descargar

Resumen

Rosina quedó embarazada accidentalmente después de pasar la noche con un extraño. Y para colmo de males, como resultado de un trato que hicieron, se vio obligada a casarse con el hombre con el que había estado comprometida desde la infancia.

Aunque su matrimonio fue solo un trato, parecía que el destino quería que ella se enamorara de este hombre.

A medida que se acercaba el nacimiento, el hombre le rompió el corazón al pedirle el divorcio, ella finalmente se rindió del juego de amor.

Inesperadamente, sus caminos se cruzaron de nuevo más tarde. El hombre afirmó que siempre la había amado. La pregunta es si Rosina está lista para volver a estar con él.

Capítulo 1 Primera vez

“¿Es tu primera vez?”.

El aliento del hombre rozó la oreja de Rosina Bentley, enviando un escalofrío por su espalda. Sin embargo, ella no se atrevió a abrir los ojos.

“Relájate. No voy a hacerte daño”, respondió el hombre con una voz ronca.

Antes de que Rosina pudiera responder, él le pellizcó la barbilla y la besó con fuerza.

Todo le dolía mucho.

Aquel dolor desgarrador hizo que su mente se quedara en blanco por un momento.

Finalmente, el hombre la soltó y se dirigió al baño. Rosina arrastró su cuerpo cansado afuera de la cama, se vistió y salió de la habitación.

De repente, el sonido de su teléfono atravesó el silencio de la noche.

Rosina revisó la pantalla y sus ojos se abrieron con pánico. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia el hospital.

Sintiéndose impotente y desconsolada, Rosina le rogó al médico entre sollozos. “Por favor… por favor, salve a mi madre y a mi hermano…”. Rosina firmó el documento con una mano temblorosa y se lo entregó al médico.

Este la miró con un suspiro. “Ya no hay nada que podamos hacer por su hermano. ¡Lamento mucho su pérdida!”.

Las palabras del doctor fueron como un golpe bajo. Aturdida, Rosina sufrió un fuerte mareo y estuvo a punto de desmayarse.

Sus rodillas se doblaron y se derrumbó en el suelo.

Hacía ocho años, cuando Rosina tenía diez años, su padre las envió a ella y a su madre embarazada a un país extranjero, solo para abandonarlas. Ambas no tuvieron más remedio que valerse por sí mismas.

Más tarde, nació su hermano menor, pero a los tres años le diagnosticaron autismo. Rosina y su madre trabajaban a tiempo parcial para llegar a fin de mes, pero el repentino accidente automovilístico empeoró su situación.

Incapaz de soportar el dolor, Rosina perdió el conocimiento.

“¿Señorita? ¡Señorita! ¡Enfermera! La señorita se desmayó…”.

Un mes después, Rosina estaba subiendo en el ascensor a su piso designado.

En su mano, llevaba una bolsa de comida.

La condición de su madre había mejorado después del tratamiento. Sin embargo, cuando escuchó que su hijo no había sobrevivido, se deprimió tanto que perdió mucho peso.

El ascensor se abrió con un timbre.

Rosina respiró hondo y caminó hacia la sala de su madre. Pero antes de entrar, escuchó a alguien hablando adentro.

“Josie, tú y la señora Walsh eran mejores amigas, y acordaron que sus hijos debían casarse. Tu hija debe ser parte de la familia Walsh…”.

“¿A qué diablos te refieres, Perry Bentley? ¿De qué demonios estás hablando?”. Josie Morris fulminó con la mirada al hombre que estaba al lado de su cama.

Era el mismo que la había abandonado con su hija en un lugar extraño, a pesar de que se encontraba embarazada. En ocho años ni siquiera se molestó en ubicarlas. ¡Y ahora tenía la audacia de aparecer de la nada y querer casar Rosina con un desconocido!

“Es el hijo mayor de tu mejor amiga. Es bastante guapo. Además, ya conoces a la familia Walsh. Rosina tendrá una vida próspera cuando sea parte de esa familia…”. Sin embargo, la voz de Perry empezó a apagarse con vacilación.

El señor Walsh era ciertamente un hombre noble y apuesto, pero hacía poco tiempo había quedado discapacitado. Un mes atrás, había viajado al extranjero por negocios y una serpiente venenosa lo mordió. El veneno paralizó sus nervios, dejándolo paralítico de la cintura para abajo.

Si su hija se casaba con él, su matrimonio no tendría alegría ni sexo.

“Me casaré con él”.

De repente, la puerta se abrió y Rosina entró agarrando con fuerza la bolsa de comida. “Me casaré, pero con una condición”.

Perry miró hacia la puerta y se quedó atónito. No había visto a Rosina en ocho años.

Había crecido mucho. Su piel estaba hidratada, pero era demasiado delgada, como si estuviera desnutrida. No le parecía tan encantadora como su hija menor.

“¿Qué condición?”, preguntó con el ceño fruncido.

“Mamá y yo regresaremos a casa, y tú tendrás que devolverle todo lo que le pertenece. Solo entonces me casaré con ese hombre”, declaró Rosina apretando tan fuerte los puños que las uñas se le clavaron en las palmas.

“Rosina…”. Josie intentó hacer entrar en razón a su hija.

La chica ya había sufrido mucho con ella. Simplemente no podía quedarse de brazos cruzados mientras veía cómo la obligaban a casarse.

“Está bien, está bien”, aceptó Perry, ya que le preocupaba que su hija cambiara de opinión. “Te llevaré de vuelta si te casas con él”.

“¿Y qué hay de las propiedades de mi madre?”.

Al verlo dudar, Rosina hizo una mueca burlona.

“Estoy segura de que mi hermana es muy hermosa y merece un mejor esposo. Si se casa con un hombre discapacitado, toda su vida se arruinará. De todos modos, tú y mamá ya están divorciados. Lo justo es que le devuelvas todo el dinero que ella le dio a la familia Bentley”.

Sintiéndose culpable, Perry evitó contacto visual con Rosina.

Finalmente apretó los dientes y se rindió. “Se lo devolveré una vez que te cases con él”.

Su hija menor era muy hermosa. ¿Cómo podía dejar que se casara con ese hombre y desperdiciar todo su potencial?

Perry se sintió un poco más tranquilo.

No obstante, su odio hacia Rosina empeoró. Esa chica no solo tenía una lengua afilada, sino que también codiciaba su dinero.

“¡No seas grosera y cuida tus palabras!”, exclamó con una mirada fría.

Rosina puso los ojos en blanco, ya que no quería discutir.

Ahora se sentía demasiado débil e impotente. No podía arriesgarse a ofenderlo.

“Empaca tus cosas. Partiremos mañana”. Sin esperar una respuesta, Perry se dio la vuelta y salió corriendo.

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Podemos conocernos de nuevo novela por Alessa Cole PDF Descargar

Resumen

Durante los tres años de matrimonio con Brendan, Adeline fue tan humilde como el polvo. Sin embargo, lo que recibió a cambio no fue amor o afecto, sino indiferencia y desdén sin fin.

Peor aún, cuando la querida del hombre volvió, se alejó de ella aún más.

Finalmente, Adeline no pudo soportarlo más y solicitó el divorcio. Después de todo, ¿por qué debería quedarse con un hombre tan frío y distante? El siguiente seguramente sería mejor.

Brendan vio a su exesposa irse con su equipaje. De repente, se le ocurrió una idea e hizo una apuesta con sus amigos. “Definitivamente se arrepentirá y se arrastrará de regreso a mí en poco tiempo”.

Después de escuchar esta apuesta, Adeline se burló. “¡Ni en tus sueños!”.

Unos días más tarde, Brendan conoció a Adeline en un bar. Resultó que ella estaba celebrando su divorcio. Poco después, notó que ella parecía ya tener un nuevo pretendiente.

Brendan estaba empezando a entrar en pánico.

La mujer que se había aferrado a él durante tres años ya no se preocupaba por él.

¿Qué iba a hacer?

Capítulo 1 Experiencia magnífica

La noche era oscura. Afuera, los truenos se sucedían y los relámpagos iluminaban el cielo. Después de todo, había estado lloviendo todo el día.

Adeline Dawson estaba acurrucada en la cama, envuelta en un edredón, y no dejaba de temblar.

Les tenía miedo a noches como esas desde niña. Sentía como si muchas manos invisibles fueran a agarrarla y arrastrarla al abismo.

Entonces se mordió el labio. A pesar de que tenía todo su cuerpo cubierto de sudor, no se atrevía a mover un músculo ni a emitir sonido alguno.

Crac.

La puerta de la habitación se abrió lentamente, y ella oyó el sonido de unos zapatos de cuero contra el suelo de madera.

Su corazón empezó a latir rápidamente, y aguantó la respiración, tanto que empezó a tener dolores en el pecho. Su mente se llenó de horribles escenas que la hacían temblar.

Estaba sola en esa gran villa. Para garantizar la privacidad de los amos, los sirvientes se alojaban en otra casa detrás de la residencia principal.

Lo siguiente que sintió fue que alguien le estaba quitando la colcha, lo que la hizo temblar más todavía.

“No…”, gritó presa de pánico, pero eso no impidió que el intruso le quitara la colcha con fuerza. A través de sus lágrimas, vio a un apuesto hombre con camisa blanca delante de ella. Era Brendan Clemons, su esposo.

“¿Qué haces aquí?”. Al mirarlo, la chica sintió que sus temores se disipaban de a poco. Su corazón, que se le quería salir, se fue calmando lentamente.

“¿Por qué? ¿Acaso esperabas a alguien más?”, resopló él mientras soltaba el edredón y empezó a desabotonar su camisa con sus delgados dedos, dejando al descubierto su tonificado pecho.

Entonces, Adeline se sonrojó y se dio la vuelta de inmediato.

“¿Sientes timidez?”. Brendan se quedó mirando a su mujer, que estaba sentada en posición fetal en la cama. Llevaba un camisón de seda. Se veía muy nerviosa y no se atrevía a mirarlo a los ojos. Uno de los tirantes de su camisón se había caído del hombro, y la forma en que estaba acurrucada levantaba el dobladillo hasta el muslo. Bajo las tenues luces, su impecable piel se veía aún más seductora.

Él tragó saliva al sentirse un poco excitado.

Llevaban casados tres años y tenían relaciones sexuales con frecuencia. Al ver la expresión de su rostro, ella supo de inmediato lo que estaba pensando.

“Ve a ducharte”. Adeline saltó de la cama, sacó el pijama de él del armario, se lo entregó y lo empujó al baño.

Al cabo de un rato, escuchó el sonido del agua. Al pensar en lo que pasaría cuando este terminara de ducharse, ella sintió que le escocían los ojos.

En los últimos tres años, había desempeñado obedientemente el papel de la señora Clemons. Pero cuando anochecía, y los dos se quedaban solos en la habitación, él la torturaba en la cama.

Era como una bestia loca e insaciable que no paraba hasta que ella quedara completamente agotada.

Mientras seguía aturdida, la puerta del baño se abrió y su esposo salió. No se había puesto el pijama que ella le dio. Por el contrario, solo se había envuelto una toalla de baño alrededor de la cintura. El agua goteaba desde su pelo hasta su abdomen y era absorbida por la toalla.

Antes de que Adeline estuviera lista, Brendan se quitó la toalla y la tiró al suelo. Luego la agarró a ella y la puso de espaldas en el colchón. Lo siguiente que la mujer sintió era un terrible dolor.

Así empezaron su rutina de ejercicio. El aire caliente que él exhalaba hacía que a ella le picaran los lóbulos de las orejas y el cuello. Entonces se movió para besarla. Ella no pudo evitar gemir y temblar por la excitación.

Brendan estaba muy excitado y duro dentro de ella, y sus empujones eran cortos y rápidos. Ella tenía que admitir que su esposo era hábil en la cama. Después de tres años, él ya había memorizado los puntos más sensibles de su esposa. En ese momento, había encontrado uno de esos puntos y se apoyó en ello, volviéndola loca de placer.

La sensación de éxtasis hizo que la cabeza de Adeline diera vueltas, y pudo sentir cada una de las sacudidas que le subían por la columna vertebral. Era adicta a esa sensación. Ella retorcía su cuerpo contestando los movimientos de Brendan. Estaba desesperada por recibir cada una de sus embestidas, y necesitaba que la llenara.

Los sonidos húmedos y las palmadas llenaron la habitación junto con los gruñidos sensuales de él.

“Quiero escucharte, cariño. Vamos. Deja salir los sonidos”. La voz profunda y seductora de Brendan embrujó a Adeline por completo.

Ella finalmente abrió sus labios y dejó que su satisfacción se transformara en suaves pero incontenibles gemidos de placer. Al escuchar tal sonido, él se excitó aún más, y no pudo detenerse.

Después de terminar en la cama, la levantó, la puso en el suelo y lo hizo allí. También al baño y al balcón. La hizo correrse una y otra vez como si no se cansara nunca. Al final, ella quedó exhausta y se durmió en sus brazos.

Después de un largo tiempo, ella abrió los ojos, y al oír la respiración constante de Brendan, supo que estaba profundamente dormido. Quitó su mano de la cintura, se deslizó fuera de la cama y se dirigió de puntillas a la ventana. Se sentó y se quedó con la mirada perdida en el cielo nocturno.

Habían pasado tres años, y en todo ese tiempo, Brendan nunca la había llamado “cariño” a menos que estuvieran teniendo sexo.

Ella se giró y miró el hermoso rostro de su esposo. Salvo cuando estaban en la cama, sus ojos eran siempre fríos y sin emoción cuando la miraba.

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Es solo un divorcio novela por JERÓNIMO RADA PDF Descargar

Resumen

Después de tres años de matrimonio, Becky finalmente se divorció de su esposo, Rory Casper, quien nunca la había amado. Solo tenía ojos para una mujer, y esa mujer no era otra que su cuñada, Babette.

Un día, ocurrió un accidente y Becky fue acusada de ser la culpable del aborto de Babette. Toda la familia se negó a escuchar su explicación. Rory incluso la obligó a elegir entre arrodillarse frente a Babette para disculparse y divorciarse. Para sorpresa de todos, Becky optó por lo último.

Después del divorcio, los Casper descubrieron que la mujer que consideraban viciosa y materialista era en realidad la heredera de una familia súper rica. Rory, mientras tanto, se dio cuenta de que su exesposa era realmente encantadora, hermosa y confiada, en una palabra, se enamoró perdidamente de ella. Pero ya era demasiado tarde, ella ya no lo amaba…

Frente a la apasionada conquista de su exmarido, ¿lo aceptaría Becky? ¿O habría otro hombre que se adelantaría a ganarse el corazón de Becky?

Capítulo 1 Arrodíllate

La familia Casper era bastante conocida por todos en Courtbush. Elmore Casper, uno de los ancianos, cumplía la venerable edad de ochenta años y ese día celebraban un festejo en su honor. Como era una familia de elevado estatus social y poder, muchos invitados distinguidos habían hecho acto de presencia y el ambiente en el lugar era bastante animado.

Sin embargo, en medio de toda la fiesta, un repentino grito ensordecedor se escuchó desde el jardín dejando atónitos a los presentes.

Alguien pudo reconocer que era la voz de Babette Casper, la esposa del nieto mayor de Elmore. Ella estaba embarazada y su esposo había fallecido, lamentablemente. Apenas escucharon el grito, los miembros de la familia corrieron al jardín de inmediato para ver qué estaba pasando.

Dentro de la amplia piscina, dos personas parecían estar ahogándose.

Antes de que cualquier reaccionara, Rory Casper se zambulló en el agua para rescatar a Babette y llevarla hasta a la orilla.

Al mismo tiempo, los guardias de seguridad también nadaron en la piscina para salvar a la segunda persona que se estaba ahogando: Becky Casper.

Cuando esta última regresó a la casa con la ropa completamente empapada, los sirvientes y demás empleados que pasaban por un lado ni siquiera se voltearon a verla un segundo.

De hecho, era bastante obvio que a nadie le importaba que Becky casi se hubiera ahogado, ni tampoco se preocupaban por ella en general.

Lo cierto era que, después de vivir con esa familia durante más de tres años, ella se dio cuenta de que su posición posiblemente era inferior a la del perro criado por la hermana de Rory.

Por la gravedad del accidente ocurrido a Babette en su condición de embarazada, toda la familia Casper acudió al hospital a toda prisa para acompañarla.

Becky, por su parte, se fue directamente a su dormitorio. Una vez allí, se dio una ducha y se cambió de ropa. Por lo que había ocurrido, sentía un malestar en su cuerpo, así que se hundió en la cama para tratar de descansar. Pero justo cuando se había quedado dormida, Rory la sacó de la cama.

Cuando la muchacha vio quién la había despertado, sus ojos de inmediato se enrojecieron llenándose de lágrimas. “¿Ya regresaron? ¿Cómo está Babette? Escúchame, Rory, por favor. Yo no la empujé a la piscina. ¡Te lo juro! Debes creerme”.

Él se burló con evidente frialdad: “Guarda tus excusas para el abuelo”.

“¿A qué te refieres?”, preguntó ella.

Sin revelarle ningún detalle más, este solo informó con dureza: “El abuelo quiere hablar contigo”. Él no quería desperdiciar un minuto más de su tiempo con Becky.

Poco después de que Babette llegara al hospital, perdieron el bebé.

Ese bebé era el único heredero del hermano mayor de Rory, y ahora, por culpa de Becky, perdieron al niño para siempre.

No era ninguna sorpresa que Elmore estuviera realmente furioso por lo ocurrido. Por eso, apenas regresó del hospital, el abuelo solicitó que la llevaran ante él para interrogarla.

Todo el cuerpo de Becky se puso rígido en tensión. La posibilidad de enfrentar al anciano le generaba un miedo aterrador que se extendía por cada fibra de su ser.

Ella había estado casada con Rory durante mucho tiempo. De modo que sabía muy bien cómo Elmore castigaba a aquellos que cometían graves errores.

¡Les daba una paliza!

A pesar de todo, Becky nunca imaginó que los demás simplemente ignorarían su explicación de ese modo. Ni siquiera le dieron la oportunidad de contarles su versión de los hechos y solo creyeron lo que dijo Babette sin dudarlo.

Mientras era arrastrada por su esposo, quien la obligaba a caminar a grandes pasos, ella vio el perfil de su rostro y no pudo evitar pensar que él era indudablemente hermoso. Sin embargo, ese hombre nunca había sido gentil o amable con ella desde que se habían casado.

En ese punto, el malestar que Becky tenía por haber caído en la piscina se había convertido en una fiebre realmente alta. No obstante, a nadie le importaba su condición.

Ahora que Babette había perdido a su hijo, Becky sabía que todos en la familia, incluido su propio esposo, querían desollarla viva. Pensando en lo anterior, la mujer frunció los labios y dijo: “Puedo caminar yo sola, no es necesario que me arrastres así”.

Rory la miró fijamente. En los ojos del hombre había asco y rabia, sin ningún leve rastro de simpatía o lástima por su esposa. “Apúrate”, dijo finalmente con voz de hielo.

Sin esperar una respuesta, él se dio la vuelta y aceleró sus pasos hacia la sala. Al ver cómo se alejaba, la mujer de repente sintió la certeza de que durante los últimos tres años su vida no había sido más que un chiste.

La sala de estar de la magnífica y lujosa casa estaba brillantemente iluminada. La familia Casper, por supuesto, estaba toda reunida allí esperando.

“¡Arrodíllate!”.

Tan pronto como Becky entró en el lugar, el abuelo Elmore le arrojó una taza de té y le gritó con voz autoritaria.

Ella, sin embargo, se mantuvo de pie inmóvil, tranquila y serena. “¿Por qué?”, dijo finalmente fingiendo calma en su voz.

Después de todo, ella no había hecho nada malo. ¿Por qué debería, entonces, arrodillarse frente a todos?

Su actitud solo logró enfurecer aún más a Elmore, quien le gritó indignado a su nieto: “¡Rory, esta mujer es tu esposa!”.

Justo cuando Becky abrió la boca para intentar explicar la situación, Rory de repente levantó la mano y presionó fuertemente su hombro con la palma. “Arrodíllate”, le ordenó.

Bajo la fuerte presión de su mano, Becky se vio obligada a obedecerlo.

“O te arrodillas o nos divorciamos”, sentenció el esposo con una terrible voz de amenaza.

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La Novia Fugitiva y el Magnate Misterioso por Irita Sarkar PDF Descargar

Resumen

Celia Kane proviene de una familia adinerada, pero perdió a su madre a una edad temprana. Desde entonces, ha vivido una vida difícil. Peor aún, su padre y su madrastra le tendieron una trampa para que ella se casara con Tyson Shaw en lugar de su media hermana.

No dispuesta a aceptar su destino, Celia se escapó el día de la boda y, accidentalmente tuvo una aventura con un desconocido. Al día siguiente, ella se fue en secreto y, más tarde, su padre la encontró. Habiendo fracasado en escapar de su destino, se vio obligada a convertirse en la novia sustituta.

Inesperadamente, su esposo la trató muy bien después de la boda. Celia también conoció poco a poco que él tenía muchos secretos.

¿Descubriría Celia que el hombre con el que se acostó era en realidad su marido? ¿Tyson sabría que Celia era solo una sustituta de su media hermana? ¿Cuándo iba a descubrir Celia que su anodino marido era en realidad un magnate misterioso? Descúbralos en este libro.

Capítulo 1 La novia sustituta

Celia Kane despertó en trance, encontrándose débil y mareada. Lo más extraño era que llevaba puesto un vestido de novia.

Varios guardaespaldas la sujetaban y estaban a punto de obligarla a entrar en un auto nupcial.

“¡Esperen! ¿Qué hacen? ¡Suéltenme!”. Ella entró en pánico, pues no podía creer lo que sucedía.

Solo había vuelto a por las pertenencias de su madre y se quedó a comer a petición de su padre, era todo lo que recordaba. Entonces… ¿qué estaba pasando?

Los fuertes guardaespaldas le sujetaron con más fuerza y la metieron brutalmente en el auto.

“Es una orden del señor Kane. ¡Sube al auto ahora!”, gritó uno de los tipos con una voz fuerte y aterradora.

Celia se sorprendió, sin poder creer que esto fuese idea de su padre.

Estaba sorprendida y confundida al mismo tiempo, tratando de recordar lo que había sucedido.

Dos horas atrás, su padre, Adrien Kane, le dijo que había encontrado por accidente las pertenencias de su madre en el ático, y le preguntó si quería ir a casa para llevárselas.

Ella se había mudado a los dieciséis y, desde entonces, jamás volvió a pisar esa casa. Si no fuera por las pertenencias de su madre, nunca habría regresado, la verdad.

Cuando llegó, Adrien le pidió que se quedara a comer. En realidad, ella desconfiaba un poco, porque no era normal que él hiciera esos ofrecimientos, por lo que solo tomó un poco de jugo. Lo que no esperaba fue que solo eso bastara para hacerla desmayarse. Cuando se despertó, lo que ocurrió fue algo que superó sus más descabellados pensamientos.

Se sentía débil debido a la droga, pero había practicado kárate durante años para mantenerse en forma. Supo que tenía que hacer algo ahora para salvarse.

“No, no voy a entrar al auto”, espetó, y apretó los hombros contra la puerta del carro para resistirse, “¿Qué diablos está pasando? Si esta es de verdad la orden de Adrien, quiero escucharla directamente de él”, espetó con firmeza.

Justo después de decir eso, una voz con aires ligeros de disculpa resonó tras ella. Era Adrien.

“Celia, no haría esto si tuviera otra opción… Haz lo que te digo, entra al auto y ve a casarte”.

La muchacha levantó la cabeza y vio a su padre. Junto a él estaban su madrastra, Mabel, y su media hermana, Cerissa.

Él siempre fue distante e impersonal con ella, pero ahora, parecía tan avergonzado que no se atrevía a mirarla a los ojos.

“¡Déjate de tonterías! La hemos criado durante años y nos lo debe. Ahora que nuestra empresa está en problemas, es hora de que nos lo pague”.

Mabel dio un paso adelante y miró a Celia con arrogancia. “No digas que soy una madrastra malvada… De hecho, deberías agradecerme, es bueno que te cases con alguien de la familia Shaw. Vivirás una vida lujosa con la que la mayoría de la gente sueña, y todos te envidiarán. Tu madre te está mirando desde el cielo, ella debe estar feliz de ver esto”.

Celia miró a Mabel con maldad cuando la oyó mencionar a su difunta madre.

“Una despreciable rompehogares como tú no tiene derecho a decidir sobre mi matrimonio”.

“¡Humph!”. El rostro de la otra se puso lívido de ira, pero no tardó en burlarse: “Sí, soy una rompehogares y no tengo ningún control sobre ti. Pero ahora, nuestro Grupo Kane está en peligro, y nuestra familia enfrenta una crisis. La familia Shaw está dispuesta a ayudarnos siempre que te cases con uno de sus miembros”.

Se inclinó y agarró el pelo de Celia, acercándola. “Eres la primera hija de tu padre, así que tienes que hacer algo por el Grupo Kane, aunque tengas que sacrificar tu matrimonio y tu felicidad.

Además, ¿cómo puede considerarse un sacrificio casarse con alguien de la familia Shaw? Son los más ricos de Hosworth, así que muchas mujeres matarían por casarse con uno de sus miembros”.

Celia se mofó: “Si es así, ¿por qué no dejas que tu hija se arriesgue?”.

“Celia, no entiendes a mamá”.

Cerissa puso cara de preocupación y dijo hipócritamente: “Mamá quería que me casara con la familia Shaw. Pero cuando papá se enteró de que me casaría con Tyson Shaw, no estuvo de acuerdo. Todo el mundo sabe que Tyson tuvo un accidente de coche y su cara quedó desfigurada. Ahora está muy débil, y podría morir en cualquier momento… ¿Cómo puedo casarme con alguien así? Ya conoces a papá, no soporta verme sufrir, así que se le ocurrió esta idea”.

Tenía un aspecto lamentable mientras decía esto, y continuó entre sollozos: “Celia, por favor, no culpes a papá. Cúlpame a mí”.

El corazón de Celia se hundió. Abrumada por la ira y la decepción, miró a su padre con frialdad.

Tanto ella como Cerissa eran sus hijas, pero él eligió tenderle una trampa a ella por el bien de su amada hija, Cerissa. Este era su ‘buen’ padre…

Aun así, él no levantó la cabeza para mirarla. Mabel aprovechó la ocasión y ordenó a los guardaespaldas que la empujaran al interior del auto. Ella trató de luchar, pero su esfuerzo fue en vano, pues no era rival para esos fortachones.

Antes de que el carro arrancara, Cerissa se acercó a Celia. Tenía lágrimas en los ojos, pero sus labios se curvaron en una sonrisa victoriosa.

“Celia, casi se me olvida decirte algo”. Su voz era tan baja que solo las dos podían oírla.

“La droga que papá puso en tu jugo era solo para dejarte inconsciente, pero… le agregué un poco de afrodisiaco en secreto”.

Su sonrisa se volvió más arrogante y complaciente, por completo diferente a su lamentable mirada de hace un momento. “Hoy es tu gran día. Como tu hermana, te di un gran regalo para más tarde”.

Celia estaba tan furiosa que luchó con desesperación, muerta de ganas de darle una buena bofetada.

“No tienes que agradecerme, solo disfrútalo”.

Con una sonrisa siniestra, Cerissa cerró la puerta de golpe y le hizo una señal al conductor para que se fuera enseguida.

El carro arrancó y se alejó a toda velocidad. Dentro, Celia aún era sujetada con fuerza por un guardaespaldas, y tenía los ojos bien abiertos y llenos de odio.

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Adiós, mi amor miserable novela por Glad Rarus PDF Descargar

Resumen

Claire se despertó en el hospital con un dolor inmenso después de sufrir un terrible accidente automovilístico. Pensó que su esposo, casado hace tres años, vendría a verla, ¡pero se fue derecho a la sala de al lado para cuidar a otra mujer! Como si eso no fuera suficiente, ¡incluso amenazó con meterla en la cárcel por esa mujer!

“Me diste 500 millones en compensación, ¿no? Ahora quiero cambiarlos por una bofetada en la cara”. Claire miró fríamente a su esposo, Darren, “Divorciémonos”.

En ese momento, Claire lamentó haber desperdiciado tres preciosos años tratando de ganar el corazón de Darren. Era hora de poner fin a todo esto.

Capítulo 1 Culpas ajenas

Un dolor punzante atravesó de repente el brazo de Claire Williams.

Consternada, la chica se lamió los labios y procuró abrir los ojos, pero no pudo. El dolor arreciaba con cada segundo.

Sus parpados se sentían pesados y apenas si podía moverlos. En la distancia, un cúmulo de voces empezaban a escucharse, aturdiéndola todavía más.

“¡Dios, es tan lamentable! A la pobre no la anestesiaron porque su familia no quiso… Deben odiarla para hacerle algo así”.

“Sí, tiene treinta puntos en el brazo… Me da dolor solo mirarla”.

Después de un largo rato, Claire abrió lentamente los ojos y se encontró acostada en una cama de hospital. Sus ojos se espabilaron en el instante en que se dio cuenta de que estaba conectada a un gotero intravenoso.

Poco a poco, los recuerdos fueron cobrando vida en su mente. Ximena Brooks la había invitado a ir de compras ese día, pero solo para cargar las bolsas por ella.

Era normal que Ximena le ordenara hacer cosas como esa y ella no podía negarse por nada del mundo.

En el camino de regreso a casa, Claire se sentó en el asiento trasero del auto mientras Ximena conducía. Minutos después, el auto se estrelló.

Las imágenes del accidente brillaron de repente en su cabeza, aturdiéndola. El miedo aceleró sus latidos y la puso a sudar frío.

Desesperada, miró a su alrededor solo para darse cuenta de que estaba sola en la sala.

Cuando quiso incorporarse, escuchó unos pasos que se acercaban.

Al alzar la mirada, Claire vio a una figura esbelta ante ella y el corazón se le aceleró cuando se dio cuenta de quién era.

“¡Darren!”, exclamó, genuinamente conmovida.

Darren Sampson era el hombre con el que estaba casada desde hacía tres años. Aunque casi no compartían tiempo juntos, ella todavía lo amaba.

Al verlo allí, Claire se sintió conmovida. Después de todo, eso le daba a entender que se preocupaba por ella.

Sin embargo, el hombre se alejó poco después sin siquiera voltearse a mirarla.

La sonrisa de Claire se desvaneció en un instante.

Con el corazón inquieto, se sacó la vía intravenosa y corrió hacia él.

“Darren…”, murmuró.

Luego empezó a gritar detrás de él, temiendo que no la hubiera escuchado.

Darren entró a la sala contigua y ella se detuvo en seco.

Ximena estaba allí adentro, acostada sobre una camilla y con la mano izquierda vendada. Las lágrimas corrían por sus mejillas, tenía los ojos rojos e hinchados, y lucía miserable.

Junto a ella estaba la hermana mayor de Darren, Blanca Sampson y su madre, Elora Sampson. Los tres estaban pendientes de Ximena y la miraban con ojos llenos de compasión.

Al ver esa escena, Claire se quedó consternada.

Había sido muy tonta al pensar que Darren estaba allí para visitarla.

Tan pronto como su figura apareció ante el umbral, los cuatro se voltearon a verla. La primera en hablar fue su suegra. “Claire, llegas justo a tiempo”, dijo con altivez. “Es momento de que declares en la comisaría que fuiste tú la culpable del accidente”.

“Sí, debes asumir la culpa”, secundó Blanca.

“¿Qué?”, replicó Claire, retrocediendo lentamente.

La rabia y la frustración colmaron cada centímetro de su cuerpo.

“¡Ella fue quién atropelló a esa persona! ¡Ella era la que iba manejando! ¿Por qué tengo que asumir su culpa?”.

La familia Sampson siempre la había tratado como a una criada y a estas alturas ella ya estaba acostumbrada.

Ximena, por otro lado, contaba con su favor y nunca le decían nada cuando cometía un error.

Claire había aguantado ese trato durante años porque no quería arruinar su matrimonio. Había pasado mucho tiempo intentando ganarse el corazón de Darren y por eso siempre toleraba todo sin chistar.

Pero lo que estaban tratando de hacer hoy iba más allá de cualquier cosa que hubieran intentado en el pasado. No podía aceptar que quisieran obligarla a asumir una culpa que no era suya.

“Lo siento mucho, yo soy la culpable de todo… No fue mi intención haber causado ese accidente”, gimoteó Ximena, cubriéndose el rostro y rompiendo en llanto. “Estoy dispuesta a ir a la cárcel y pagar por lo que he hecho… Si los familiares de la víctima no me perdonan, pues que se cobren mi vida a cambio… Pero…”.

El llanto le cortaba la voz y le impedía seguir hablando. “La cosa es que… Estoy embarazada de Darren”, declaró, mirándolo con ojos lastimeros. “No puedo dejar que mi hijo sufra las consecuencias de mis acciones”.

El corazón de Claire se aceleró y pudo sentir sus latidos resonando en su garganta.

Las palabras de Ximena la atravesaron como un rayo.

No podía creerlo. ¿Cómo podía esa mujer estar embarazada de su esposo?

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No Te Pertenece por Gorgeous Killer PDF Descargar

Resumen

Hace tres años, la familia Moore se opuso a la decisión de Charles Moore de casarse con su amada mujer y seleccionó a Scarlett Evans como su novia. Pero Charles no la amaba. De hecho, la odiaba.

Poco después de la boda, Scarlett recibió una oferta de la universidad de sus sueños y se lanzó sobre ella.

Tres años más tarde, la amada mujer de Charles cayó terriblemente enferma. Para cumplir su último deseo, él llamó a Scarlett y le presentó un acuerdo de divorcio. La joven estaba profundamente herida por la abrupta decisión de su esposo, pero ella decidió dejarlo libre y aceptó firmar los papeles. Sin embargo, Charles pareció retrasar el proceso deliberadamente, dejando a Scarlett confundida y frustrada.

Ahora, Scarlett estaba atrapada en las consecuencias de la indecisión de Charles. ¿Sería capaz de liberarse de él? ¿Charles eventualmente entraría en razón y enfrentaría sus verdaderos sentimientos?

Capítulo 1 De regreso para el divorcio

Punto de vista de Scarlett:

Revisé la hora nuevamente y suspiré. Había pasado una hora y media desde que mi vuelo aterrizó, por lo que había perdido la cuenta de todas las veces que había mirado mi reloj. Mi esposo, Charles Moore, no estaba por ningún lado. Se suponía que me recogería en el aeropuerto, pero seguramente en estos momentos estaba con su novia. No tuve más opción que negar con la cabeza y sonreír amargamente ante la idea. Luego me puse de pie y me arrastré a mí misma y a mi equipaje fuera del aeropuerto.

Me casé con Charles tres años atrás, pero poco tiempo después de nuestra boda, recibí buenas noticias de la universidad de mis sueños en el extranjero. Me aceptaron en uno de sus programas, así que me fui a estudiar allá. Por ese motivo Charles y yo no nos habíamos visto en tres años. Mientras estuve fuera del país, él pasaba todo su tiempo con la mujer que realmente amaba.

Ahora que finalmente terminé mis estudios, regresé a casa. Quería poner fin a nuestro matrimonio nominal porque decidí que era hora de dejar de esperar cosas que nunca sucederían.

De camino a casa, a bordo de un taxi, le envié a Charles un mensaje de texto que decía: “Tenemos que hablar”.

Poco tiempo después llegué a nuestra casa deshabitada. Una vez que dejé mi equipaje a un lado, me dirigí a la sala de estar, donde me senté en el sofá a esperarlo. La casa se veía y olía como si nadie hubiese vivido en ella durante años. La foto de nuestra boda seguía colgada en la pared, lo cual me ofendió y me entristeció al mismo tiempo.

Entonces miré mi celular. Charles aún no había respondido, por lo que supuse que tal vez no llegaría a casa esta noche.

No obstante, me quedé sentada en la sala de estar durante un largo rato, absorta en mis pensamientos. De pronto escuché un auto detenerse afuera, así que me levanté del sofá, sintiendo que mi corazón se partía al galope. ¿Todavía esperaba algo de mi marido con corazón de piedra? Quizás… O tal vez no. Sin embargo, en el último momento rechiné los dientes y junté mis manos temblorosas mientras me recordaba a mí misma: ‘Estoy aquí para ponerle fin a esto’.

Entonces el picaporte giró y la puerta se abrió. A continuación Charles encendió las luces, las cuales proyectaron una sombra alta de él a lo largo del pasillo, y entró. Estaba vestido con un traje negro carbón y una camisa blanca inmaculada. Su expresión mostraba agotamiento, sin embargo, no eclipsaba en lo absoluto su rostro anguloso ni sus pómulos prominentes. Todo seguía siendo igual; aún exudaba esa aura helada que podía percibir a unos pocos metros de distancia.

A medida que se me acercaba, el corazón me latía más y más rápido y mi respiración comenzó a salir a ráfagas cortas. No podía creer que hubiera olvidado lo apuesto que era. Era como un dios que no pertenecía al mundo de los mortales. Tenía el tipo de encanto que hacía que la gente se rindiera a sus pies.

El tiempo lo había convertido en un hombre de aspecto más maduro y llamativo. Aparté la mirada cuando sentí que las mejillas se me sonrojaban.

Entonces caminó hasta el sofá y se sentó. Acto seguido, tomé asiento frente a él.

De pronto me miró fijamente con sus ojos fríos y agudos. Mi primer pensamiento fue bajar la cabeza y evitar mirarlo directamente, pero me obligué a levantar la barbilla, por lo que pude ver mi reflejo en sus ojos oscuros.

“Has regresado”, pronunció en su tono monótono habitual, el cual me habría hecho enfadar si no lo hubiese conocido tan bien.

“Sí”, respondí, manteniendo mi voz tan indiferente como la de él.

“Mi abogado acaba de enviarte un correo electrónico”, dijo mientras se aflojaba la corbata. Su pecho musculoso se traslucía a través de su camisa.

“De acuerdo. Lo revisaré”. Dicho lo anterior, tragué saliva y me aseguré de que mis rasgos faciales expresaran neutralidad.

Luego saqué mi celular y abrí mi correo electrónico; el asunto del último correo que había en mi bandeja de entrada saltó directamente a mí: Acuerdo de divorcio. A pesar de que me lo esperaba, sentí como si alguien me hubiese clavado un cuchillo en el pecho. El dolor fue rápido e inesperado. La única razón por la que me sentí agradecida de sentirlo fue porque por un segundo me cegó del encanto de Charles.

“Está bien. Lo firmaré”. Dicho lo anterior, guardé mi celular y volví a mirar a mi futuro exmarido. En breve Charles ya no me pertenecería. Tuve una buena carrera fingiendo ser la señora Moore. Pero ahora esa carrera tenía que llegar a su fin y yo tenía que sacar al señor Moore de mi mundo.

“¿No quieres leer el acuerdo primero?”.

“No es necesario. Estoy segura de que el señor Moore tratará bien a su exesposa”, repliqué forzando una sonrisa. ¿Exesposa? A pesar de que muy pronto iba a ser la exesposa de Charles, no estaba segura de poder aceptar un término tan contundente.

“Te quedarás la casa en la Calle Gardner y el departamento del centro…”.

“¿Cuándo?”, pregunté, interrumpiéndolo.

“¿Qué?”, preguntó, frunciendo el ceño y mirándome con ojos inquisitivos.

“¿Cuándo vamos a firmar los papeles?”, pregunté con voz suave.

“Haré una cita con mi abogado”, respondió, bajando ligeramente la barbilla.

“Muy bien. Esperaré tu llamada”.

Después de un momento de silencio me miró nuevamente y dijo:

“Rita no está bien de salud. Solo quiero cumplir su último deseo”.

Apreté los puños mientras me tragaba el nudo que se me hizo en la garganta. ¿Cumplir su último deseo? ¡Qué hombre tan espléndido! Pero, ¿por qué tenía que hacerlo a expensas mías? Supuse que no tenía derecho a sentirme agraviada, ya que después de todo yo solo era la falsa señora Moore. Una sustituta.

“Entiendo”, respondí escuetamente con un asentimiento, a pesar de que en el fondo estaba rebosante de tantas cosas que quería decirle a la cara.

“Si necesitas algo más, le pediré a mi abogado que lo incluya en el acuerdo de divorcio”.

“No, está bien. Lo que sea que haya ahí, es suficiente”, dicho lo anterior, nuevamente curvé mis labios en una débil sonrisa.

“Ven a ver a Rita mañana”, dijo Charles mientras se ponía de pie y pasaba frente a mí.

Pronunció su última frase con firmeza. No me pidió que fuera a ver a su novia, me lo ordenó. ¿Qué pensaba de mí? ¿Por qué debería ir a ver a esa mujer? ¿Acaso quería echarle sal a mi herida?

“¿Y por qué haría eso?”, pregunté con una expresión seria.

“No quiero que se sienta culpable por nuestro divorcio. Dile que estás enamorada de alguien más. Asegúrale que nuestra decisión de ponerle fin a nuestro matrimonio no tiene nada que ver con ella”. Entonces Charles se detuvo frente a mí y una vez más me miró a los ojos.

“De acuerdo”, respondí, a pesar de que en realidad quería negarme.

Por alguna razón siempre me había resultado difícil decirle que no. Lo único que Charles tenía que hacer era mirarme a los ojos y darme una orden, después de lo cual yo cedería sin poner resistencia.

“Gracias. Vendré por ti mañana”.

“No te molestes. Solo envíame la dirección en un mensaje de texto y estaré ahí”.

Después de mirarme por última vez, Charles se marchó.

Observé su figura alejarse mientras las lágrimas brotaban de mis ojos. Durante los últimos tres años habíamos estado escondiendo nuestro matrimonio. Nadie lo sabía, excepto nuestras familias y amigos cercanos. Sin embargo, hace unos meses los medios de comunicación dieron a conocer la noticia del compromiso de Charles y Rita. También se publicaron y circularon por Internet fotografías de ella probándose vestidos de novia. ¡Qué pareja tan perfecta!

Pasé largas noches mirando esas fotos. Sorprendentemente todas y cada una de las veces mis ojos se posaban automáticamente en Charles. En aquel entonces pensé que no debía perder la esperanza en nosotros. Creía que mientras estuviera casada con él, aún había una posibilidad de que pudiera enamorarse de mí y entonces nuestra relación se volvería real. Lo amaba y mientras lo hiciera, eso sería suficiente.

No me di cuenta hasta mucho después de que también necesitaba que él me amara, pero no solo por un rato; quería que me amara tanto como yo a él.

Pasé los últimos tres años esperándolo. Traté e hice todo lo posible para mostrarle mi afecto y preocupación a pesar de la distancia que había entre nosotros, pero no obtuve nada a cambio. Fue así como un día me desperté y permití que la verdad me golpeara hasta hacerme papilla.

Ese día la empalagosa y ávida Scarlett tuvo una muerte dolorosa. No obstante, de su cadáver renació una nueva Scarlett, la cual estaba provista de una armadura tan gruesa que ninguna espada o lanza podría atravesarla.

Una vez que Charles se marchó, subí a mi habitación con mis maletas y me dispuse a desempacar. Luego me duché y me puse un camisón. Parecía como si nadie hubiera puesto un pie en la habitación desde que me fui al extranjero porque no había nada fuera de lugar. Ni siquiera había una arruga en las sábanas. Era obvio que Charles no había dormido aquí en los últimos tres años porque probablemente vivía en otro lugar con Rita.

Ese pensamiento hizo que me estremeciera. Entonces fui al balcón a tomar un poco de aire fresco. Para mi sorpresa, vi el auto de Charles aún estacionado en el camino de entrada. ¿Por qué seguía ahí? ¿Acaso no debería ir corriendo de regreso con su amada Rita?

Mientras miraba fijamente su auto, mi celular sonó. Era mi mejor amiga, Tiana, así que respondí a su llamada.

“¡Hola, Tiana!”.

“¡Perra, bienvenida de regreso a casa!”.

“¡Gracias!”.

“Todavía estoy en un viaje de negocios. Siento mucho no haber podido recogerte hoy en el aeropuerto”.

“No te preocupes. Lo primero es el trabajo”.

“¿Regresaste definitivamente o te irás de nuevo en la primera oportunidad que tengas?”.

“Creo que por ahora me quedaré”.

“¡Estupendo! Entonces ven a trabajar en nuestra estación de radio. Es decir; me parece que eres perfecta para el cargo porque te especializaste en medios de comunicación, tu voz es agradable al oído y eres hermosa. ¡La gente te amará! Estoy segura de que encajarás a la perfección. ¿Qué opinas?”.

“De acuerdo”.

“¿Has hablado con Charles?”. De repente la voz de Tiana se volvió baja como si quisiera percibir algo.

“Sí”, respondí mientras volvía a mirar el auto de Charles, el cual seguía en el camino de entrada.

“¿Te habló de su noviecita?”.

“Sí”.

“¡Qué idiota tan sin vergüenza! ¿Cómo se atrevió a mencionártela?”.

“No te preocupes. Incluso me pidió que mañana fuera a verla y le dije que sí”.

“¿Qué? ¿Accediste a ir a ver a esa perra que te robó a tu esposo? Scarlett, ¿estás loca? Esa mujer sedujo a Charles y lo incitó a que se divorciara de ti. Sinceramente no sé por qué está desperdiciando su energía si hace tres años la familia Moore no le dio su aprobación. ¿Qué le hace pensar que han cambiado de opinión?”. Tiana estaba prácticamente rugiendo al otro lado del teléfono.

“Todo está dicho y hecho. A estas alturas lo único que quiero es borrón y cuenta nueva”, dije sonriendo levemente.

“¿Borrón y cuenta nueva? Scarlett, todavía lo amas, ¿no es así?”.

No respondí a la pregunta de mi amiga. Por supuesto que todavía lo amaba. De hecho, nunca había dejado de amarlo.

“¡Scarlett!”. El grito de Tiana me devolvió a la realidad.

“Estoy muy cansada. Te llamaré mañana, ¿de acuerdo? Nos vemos pronto”.

Colgué el teléfono antes de que Tiana pudiera protestar, después de lo cual respiré profundamente. En tanto, el auto de Charles todavía estaba ahí y no parecía que planeara irse pronto. Pero, ¿qué me importaba eso a mí?

De repente el cansancio finalmente se apoderó de mí, así que regresé a mi habitación y me metí en la cama. Me acosté boca arriba, miré al techo y esperé a que el sueño me venciera. Unos momentos después escuché que alguien llamaba a la puerta.

Ante esto, me froté los ojos para deshacerme de la somnolencia, me deslicé fuera de la cama y abrí la puerta; ahí estaba Charles parado afuera…

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Amor Ardiente: Nunca Nos Separaremos por Alex PDF Descargar

Resumen

Amar y ser amada es lo que toda mujer sueña. Sin embargo, lo único que Debbie quería era el divorcio.

Llevaba tres años casada con Carlos, un joven multimillonario a quien ni siquiera había visto la cara.

Cuando por fin decidió poner fin a su irónico matrimonio e ir en busca de la felicidad verdadera, apareció su supuesto marido y le pidió que lo intentaran de nuevo.

A partir de entonces, Carlos se sentía increíblemente atraído por el espíritu libre y salvaje de Debbie y se enamoró de ella. Él comenzaba a mimarla. Poco a poco, lo que había entre ellos se iba a convirtiéndose en una atracción irrefrenable.

Esto es una extraordinaria historia de amor donde descubrirá que, a veces, el amor no está muy lejos de cada uno de nosotros.

Capítulo 1 Acuerdo de divorcio

“Aquí está el acuerdo de divorcio, Philip. Ya lo he firmado. Por favor, dáselo a Carlos”.

Después de armarse de valor, Debbie Nelson le entregó el acuerdo firmado a Philip Brown, el mayordomo de la familia Hilton.

Este se sorprendió cuando escuchó esas palabras. Al principio, pensó que esta quería divorciarse para dividir las propiedades de Carlos Hilton, su esposo.

Pero cuando leyó el documento, descubrió que ella quería renunciar a todo, incluso a lo que le tocaba como propiedad mutua.

Philip lanzó un profundo suspiro. “¿Por qué está tomando esta decisión, señora Hilton? ¿Por qué querría divorciarse del señor Hilton e incluso renunciar a lo que le pertenece?”.

Ella era solo una estudiante universitaria y no tenía padres. No era prudente que pidiera el divorcio ahora, y mucho menos que renunciara a una propiedad que valía una fortuna.

Avergonzada, ella miró hacia otro lado mientras se rascaba la nuca. “Carlos y yo llevamos tres años de casados, pero nuestro matrimonio solo existe en papel. No quiero perder más tiempo con él”, admitió, ya que no pensaba ocultarle el motivo a Philip.

Tenía una vida propia, y no quería que ese matrimonio simbólico le quitara la juventud.

Él era simplemente un extraño a quien nunca había visto, por lo que no tenía nada que perder si lo dejaba. Además, ese matrimonio había sido arreglado por sus difuntos padres. No sentía absolutamente nada por ese hombre.

“Bueno, parece que ya se ha decidido. Hoy día… No. Mañana le daré esto al señor Hilton”.

Debbie suspiró de alivio. “Gracias, Philip”, respondió con una hermosa sonrisa.

El mayordomo se levantó para marcharse, pero antes de dar un paso, se volvió hacia ella. “Señora Debbie, el señor Hilton es un buen hombre. Creo que ustedes dos son la pareja perfecta. Espero que piense en ello”.

‘¿La pareja perfecta?’, pensó ella. Pero ni siquiera había visto a su esposo durante los últimos tres años. ¿Y qué si lo eran?

Debbie esbozó una amarga sonrisa y respiró hondo. “Ya me he decidido, Philip”, contestó firmemente.

A la tarde siguiente, el mayordomo aún no había recibido una llamada de Debbie. Esperaba que ella se arrepintiera de su precipitada decisión, o al menos que agregara algunas condiciones al acuerdo. Sin embargo, no lo hizo.

Resignado, Philip sacó su celular y marcó un número. “Señor Hilton, hay un documento que necesita su firma”, anunció apenas la llamada se conectó.

“¿Qué tipo de documento?”, preguntó Carlos con indiferencia.

Philip vaciló por un momento antes de responder. “Un acuerdo de divorcio”.

Carlos, que estaba revisando unos papeles en su oficina, se puso rígido.

Fue entonces cuando recordó que tenía una esposa.

Como Phillip no recibió respuesta del otro lado de la línea, sugirió: “¿Por qué no habla con la señora Hilton al respecto?”.

“¿Cuánto quiere ella?”, preguntó Carlos fríamente.

“Nada. Incluso planea renunciar a su parte de la propiedad mutua”.

“¿Quiere renunciar a todo?”.

“Así es. Pero, señor Hilton, me gustaría recordarle que su padre no goza de buena salud en este momento. Si se entera de esto, volverá a perder los estribos. Es más, si se difunde la noticia de que su mujer lo ha abandonado, me temo que dejará un mal impacto en usted y en la empresa”, concluyó el mayordomo con tranquilidad.

“Muy bien. Lleva el acuerdo a mi oficina. Regresaré a Alorith en dos días”.

“Sí, señor Hilton”, Philip no se atrevió a decir nada más.

Después de todo, una vez que Carlos tomaba una decisión, nadie podía hacerlo cambiar de parecer.

Esa noche, Debbie acudió al bar Noche Azul en Alorith.

Cada vez más jóvenes entraban a medida que anochecía.

Por lo general, Debbie siempre llevaba ropa casual, pero como ese día era su cumpleaños, decidió ponerse un vestido rosa adornado con encaje. Era inhabitual que se vistiera como una dama de alcurnia. Varios de sus compañeros sacaron sus celulares para tomarse fotos con ella.

Mientras disfrutaban de la fiesta, un hombre gordo y borracho apareció de la nada y abrazó la cintura de Debbie.

“Hola, hermosa. Tomémonos una foto”.

Sin embargo, ella lo abofeteó con todas sus fuerzas.

El borracho recuperó la sobriedad en un instante. Luego, apretó los dientes con ira y se acercó más a Debbie para darle una lección.

Afortunadamente, sus compañeros de clase se pararon frente a ella para protegerla.

Debbie tenía una belleza pura, así que esa no era la primera vez que experimentaba acoso.

Uno de sus compañeros miró al borracho de arriba a abajo. “¿Puedes comportarte?”, preguntó con un tono desdeñoso. “Es vergonzoso que un anciano como tú moleste a una joven”.

“La próxima vez, mírate en el espejo antes de salir de casa. ¿Cómo tienes el descaro de tomarte una foto con una dama decente? Enfermo de mierda”, se burló otro.

El hombre no pudo evitar enfurecerse ante los insultos de esos jóvenes. Estaba tan enojado que dejó a un lado su bebida para empezar a gritar. “¡¿Cómo se atreven?! ¡No los dejaré escapar!”.

De inmediato, agitó su mano y un grupo de vándalos rodeó a Debbie y a sus compañeros de clase.

Todos ellos eran estudiantes universitarios, y como tenían miedo de meterse en problemas, no se atrevían a pelear fuera del campus.

Los ojos de Debbie se abrieron con horror al darse cuenta de que esos hombres los superaban en número. “¡Corran!”, gritó sin pensarlo dos veces.

Sus compañeros también eran conscientes de que ese no era el momento adecuado para hacerse los héroes. Sin perder un segundo, agarraron sus bolsos y salieron corriendo.

Los vándalos empezaron a perseguirlos.

Desafortunadamente, Debbie no podía correr tan rápido porque llevaba un vestido y tacones altos. Ya estaba separada de sus compañeros antes de que pudiera llegar a la salida.

Por lo tanto, se quitó los zapatos para correr descalza.

De repente, cuando dobló una esquina, vislumbró una figura familiar.

Los vándalos se estaban acercando cada vez más. Debbie estaba un poco borracha, así que no tuvo tiempo de pensar en un plan y simplemente se arrojó a los brazos del hombre, abrazándolo con desesperación. “¡Cariño!”, exclamó con su voz más coqueta.

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La Novia Más Afortunada por Roana Javier PDF Descargar

Resumen

Janet fue adoptada cuando era niña, un sueño hecho realidad para los huérfanos. Sin embargo, su vida fue cualquier cosa menos feliz. Su madre adoptiva se burló de ella y la acosó toda su vida. La mucama que la crio le dio todo el amor y el afecto de una madre. Desafortunadamente, la anciana se enfermó gravemente y Janet tuvo que casarse con un hombre que tenía mala fama en sustitución de la hija biológica de sus padres para cubrir los gastos médicos de la criada.

¿Podría ser este un cuento de Cenicienta? Pero el hombre estaba lejos de ser un príncipe, aunque tenía un rostro atractivo.

Ethan era el hijo ilegítimo de una familia rica que vivía una vida lujosa y apenas llegaba a fin de mes. Él se casó para cumplir el último deseo de su madre. Sin embargo, en su noche de bodas, tuvo el presentimiento de que su esposa era diferente a lo que había escuchado sobre ella.

El destino había unido a las dos personas con profundos secretos.

¿Ethan era realmente el hombre que pensábamos que era? Sorprendentemente, tenía un extraño parecido con el impenetrable hombre más rico de la ciudad.

¿Descubriría que Janet se casó con él por su hermana? ¿Sería su matrimonio una historia romántica o un completo desastre? Siga leyendo para saber cómo se desarrolla el amor entre Janet y Ethan.

Capítulo 1 Engaño

“Ya me entregué a ti. ¿Por qué no rompes con Janet?”, preguntó la mujer con voz seductora y sin aliento, quien estaba semidesnuda sobre un hombre.

“No menciones su nombre cuando nos estemos besando”, replicó él, y estaba tan excitado que le apretó los senos y gruñó de placer.

Ella parecía insatisfecha porque no había obtenido la respuesta que quería. “¡Ella no es más que una simple adoptada! Incluso nuestro perro tiene una posición más importante en la familia que ella. ¿Qué tiene de bueno siquiera?”.

Pese al reproche, el hombre no dijo nada; en cambio, la agarró por la cintura y se empujó con más fuerza dentro de ella, haciéndola gritar y gemir su nombre.

Parada frente a la puerta, Janet Lind escuchó lo que provenía desde dentro de la habitación, y sus ojos cansados se volvieron fríos cuando entendió lo que estaba sucediendo.

Ella acababa de regresar del hospital.

Hannah, quien había criado a Janet desde que era una pequeña niña, fue diagnosticada con cirrosis hepática avanzada tres meses atrás y necesitaba un trasplante de hígado lo más pronto posible. Janet tuvo que comenzar a reunir el dinero para pagar los gastos médicos de la mujer.

Para empeorar su situación, ahora resultaba que su hermana menor se había enredado con su novio. Definitivamente ella sentía que su vida se estaba desmoronando.

“¿Me oíste? Tienes que decirme tu decisión esta noche. Es ella o yo”, dijo Jocelyn Lind con cierto desespero al tiempo que le daba un golpe en el pecho a Steve Carter.

En ese momento, Janet abrió la puerta de una patada y miró a la pareja. “Déjame ahorrarte el problema. Él es solo un hombre cualquiera, así que puedes quedártelo si quieres”.

Aunque ella sonaba indiferente, tenía el corazón roto al ver a su novio engañarla con su hermana.

Steve era su compañero de clase de la universidad y un hombre guapo que provenía de una familia rica.

Él había estado detrás de Janet durante tres años y le confesó su amor nuevamente justo antes de que se graduaran.

Aquel momento se desarrolló en el patio de su universidad. Había mucha gente alrededor, y casi todos los estudiantes habían presenciado la romántica escena, por lo que los vitorearon hasta que Janet finalmente accedió a ser su novia.

El dolor de la traición fue duro para ella, y mirando a las dos personas que tenía enfrente ahora, apretó los puños, clavándose las uñas en la carne.

Steve empujó apresuradamente a Jocelyn, se puso los pantalones y salió de la cama.

Ante eso, Jocelyn casi se cayó, y las palabras de Janet habían encendido su ira.

Ella se había esforzado mucho en conquistar a un hombre rico y guapo como Steve.

A diferencia de ella, Janet se había ganado su corazón sin hacer nada, y eso la enfurecía más.

Aparte de todo, Janet era solo una hija adoptiva.

“¿Qué demonios dices? Suenas como si hubieras dejado a Steve. ¡Él es quien te está dejando, perra!”, espetó Jocelyn burlona mientras se cubría con la colcha. Dirigiendo su mirada a Steve, le preguntó: “¿Qué me dijiste hace un momento? ¡Díselo a Janet!”.

Steve se había acostado con ella por puro impulso, pues ella lo había seducido y él perdió el control de sí mismo.

Entonces, poniéndose de rodillas, agarró la muñeca de Janet y suplicó: “Por favor, perdóname. No sé en qué estaba pensando”.

Pese a las lágrimas en sus ojos, Janet lo miró con disgusto. Y es que una vez que ella se proponía algo, nadie podía cambiarlo.

Enseguida retiró su mano del agarre de Steve. “Lo siento, pero no quiero nada que esté manchado por Jocelyn. Ustedes dos son una pareja perfecta, así que rompamos”.

Jocelyn quedó sorprendida y enojada, porque Steve estaba al borde de un colapso, pero no había ni el más mínimo rastro de tristeza en el rostro de Janet.

Lo cierto era que ella no tenía el tiempo ni las ganas de hablar con la pareja desvergonzada.

Jocelyn siempre había competido con Janet desde que eran niñas, y disfrutaba quitándole todo lo que le pertenecía, de modo que solía arrebatarle los juguetes a Janet. Ahora que habían crecido, también le arrebató a su novio.

Se podía decir que Janet estaba acostumbrada, y ahora solo estaba preocupada por los gastos médicos de Hannah.

Justo cuando estaba a punto de irse, escuchó pasos en el pasillo.

“Es muy tarde. ¿Qué es todo ese ruido?”.

Los padres adoptivos de Janet, Bernie Lind y Fiona Duncan, se acercaron apresuradamente al escuchar la conmoción.

Bernie fue el primero que entró en la habitación, y sus ojos se abrieron con horror cuando vio a su hija sentada en la cama sin nada encima excepto el edredón que la envolvía. “¿Qué demonios estás haciendo? Te vas a casar pronto. ¿Qué haces con otro hombre?”, gritó.

Jocelyn se abrazó a sí misma, miró a su padre con los ojos enrojecidos y apretó los dientes para reprimir su rabia.

La familia Lester y la Lind tenían un acuerdo para casar a sus hijos cuando crecieran. El prometido de Jocelyn era un hijo ilegítimo, y los Lester lo había expulsado de la casa mucho tiempo atrás, de modo que era pobre, y por si eso fuera poco, ni siquiera tenía un trabajo decente. Él era solo un holgazán que perdía el tiempo sin hacer nada, y obviamente ella no quería ser su esposa.

Ella definitivamente sentía que se merecía a alguien mejor que él.

“¡Estoy embarazada!”, gritó de pronto, señalando a Steve. “Llevo su hijo en mi vientre, así que no puedo casarme con nadie más. Será mejor que cancelen la boda”.

Steve quedó estupefacto, pues se había acostado con Jocelyn solo unas pocas veces. ¿Cómo podría haber quedado embarazada?

“¡Eso es absurdo! ¡Debes casarte con alguien de la familia Lester!”, exclamó Bernie, echando humo de rabia. Él quería abofetear a Jocelyn por actuar como una estúpida.

Es decir, la boda era una cuestión de prestigio para él. ¿Qué les podría decir a los Lester si preguntaban el motivo de la cancelación de la boda?

En ese momento, Fiona se paró protectoramente frente a su hija, pues siempre era así con ella y rara vez la regañaba. Su esposo estaba furioso, y ella no podía verlo ser así con Jocelyn.

“Bernie, ¿por qué estás enojado con Jocelyn?”, cuestionó entre lágrimas. “Janet también es hija de la familia Lind, ella también puede casarse con un Lester”.

Bernie y Fiona no tuvieron hijos durante los primeros años después de casarse, y debido a la presión de los mayores de la familia Lind, tuvieron que adoptar a Janet. Años más tarde, Fiona por fin quedó embarazada y dio a luz a Jocelyn.

Todo el asunto solo hizo que Fiona odiara a Janet aún más, pues su existencia no era más que una prueba de su infertilidad del pasado. El tan solo ver a su hija adoptiva la irritaba.

Después de haber dado a luz a Jocelyn, ella claramente se volvió parcial hacia su hija y despreció a Janet.

Con el paso del tiempo, Janet creció y se convirtió en una mujer mejor que su hija en todos los aspectos. Eso pareció intensificar aún más el odio de Fiona por ella.

Las palabras de la señora enfurecieron a Janet. “Ya habían accedido a que fuese Jocelyn quien se casara con un Lester, no yo”, rugió. “¿Por qué ahora quieres obligarme a mí a ocupar su lugar solo porque tu dulce hija se ha estado tirando a alguien que no es su prometido?”.

“Te hemos criado todos estos años, y es hora de que pagues nuestra amabilidad, Janet”, le dijo Fiona en voz baja y con un brillo de astucia en sus ojos. “¿No quieres que esa sirvienta se pueda hacer la cirugía? Nosotros pagaremos los gastos médicos siempre y cuando te cases tú en lugar de Jocelyn”.

Una sonrisa complaciente apareció en el rostro de Jocelyn ante las palabras de su madre, y pensó que Janet y el hijo ilegítimo de la familia Lester serían perfectos el uno para el otro.

Janet apretó los dientes, porque las palabras de Fiona la enfurecieron mucho. Sin embargo, el consejo del doctor llegó a su mente. A Hannah no le quedaba mucho tiempo.

Dado que Janet acababa de graduarse, no podía pagar el tratamiento.

Si bien Bernie y Fiona habían adoptado a Janet, la verdad era que nunca se preocuparon por ella. Hannah, la empleada doméstica de la familia Lind, fue quien crio a Janet, y de hecho era como la abuela que ella nunca tuvo; Janet no podía dejarla sola.

Al darse cuenta de su vacilación, Fiona se le acercó. “Algún día tendrás que casarte con alguien. ¿Por qué no nos ayudas haciéndolo con el hijo de la familia Lester? Te daré el dinero tan pronto como estés unida legalmente a él”.

Las piernas de Janet temblaron un poco mientras todos en la habitación la miraban, y es que ella necesitaba dinero para pagar los gastos médicos de Hannah.

En ese punto, dejó salir sus lágrimas por fin, y bajando la cabeza, respondió en voz baja: “Está bien, lo haré”.