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Una noche, dos frutos novela por PEPPI DEL CASTILLO PDF Descargar

Resumen

Hace cinco años, la familia Powell quebró.

Madeline Powell dio a luz a gemelos; dejó uno con el padre del niño y se llevó al otro.

Años espués, Madeline regresó como líder de Internet de opinión.

Sin embargo, alguien se enteró de su regreso.

El hombre la pellizcó por la barbilla y se burló fríamente: “Has publicado muchos videos en Internet, ¿qué tal filmamos algo picante juntos?”.

Los ojos de Madeline se abrieron y su garganta se secó.

Al día siguiente, vio a un niño pequeño que se parecía exactamente a su hijo en la casa del hombre.

Madeline no pudo evitar besar la mejilla regordeta del pequeñito.

Sorprendentemente, el niño no estaba contento. Puso una cara solemne y preguntó: “¿Qué estás haciendo?”.

Madeline estaba furiosa. ¿Cómo pudo ese hombre haber hecho que su hijo fuera tan desagradable como él?

Capítulo 1 Un regalo de cumpleaños especial

“¿Eres siquiera mayor de edad?”.

Bajo la influencia de la droga, Madeline Powell respondió con el último atisbo de razón que le quedaba: “¡Por supuesto! ¡Acabo de cumplir dieciocho hoy!”.

“Y decidiste prostituirte nada más cumplir la mayoría de edad, ¿eh? ¿En serio estás tan mal de dinero? ¿O simplemente te mueres de ganas por acostarte ya con hombres?”.

El hombre que hablaba le sostuvo la barbilla y se la levantó como si inspeccionara una posesión recién adquirida.

Sus ásperos dedos le acariciaron suavemente la cara a la joven hasta que, de repente el tipo se la pellizcó con fuerza y la obligó a mirarlo a los ojos. La chica desprendía una suave fragancia y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas debido a los estupefacientes ingeridos, una seducción silenciosa para el hombre, cuyo miembro se estaba endureciendo entre sus piernas por momentos.

Sin embargo, era bien sabido que los depredadores de alto nivel eran pacientes en lugar de apresurar las cosas, y por lo tanto, el hombre se dispuso a llevar los dedos por dentro del camisón de ella, encontrándose con sus partes femeninas ya húmedas. Madeline gritó ante su repentina intrusión, pero antes de que pudiera retirarse, sus labios descendieron sobre los de ella, la cual inconscientemente rodeó el cuerpo de su acompañante con sus muslos.

“Relájate. No seas impaciente”, dijo él, que aflojó un poco su agarre.

“Date prisa…”, lo instó ella, aturdida.

Entonces el hombre, con ojos ávidos, pero con paciencia, se inclinó sobre ella de nuevo y sonrió.

“Eres solo una jovencita…”, dijo, haciendo una pausa y mirándola unos segundos. A continuación, se apartó y dio un paso atrás con frialdad, tomando una decisión firme al decir:

“No tienes lo que quiero en una mujer, de manera que vete”. Esas palabras hicieron que el hombre pareciera mezquino y distante, y efectivamente, a Madeline le provocaron un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Sin embargo, ella había venido a este lugar dispuesta a arriesgarlo todo, por lo que no quiso tomar un no por respuesta, sino que, al contrario, se echó hacia delante para tratar de coquetear con él de nuevo.

“¿Cómo lo sabes si ni siquiera me has dado una oportunidad?”, comentó, procediendo después a quitarse la camisa blanca y luego el sostén de encaje, para dejar al descubierto su hermoso torso bajo la tenue luz. Agarrando la copa de vino tinto a su lado, se echó el líquido sobre el cuerpo y el frío la hizo temblar, aunque eso no la detuvo cuando argumentó:

“Uy, me he puesto perdida. Como comprenderás, no puedo salir así”. El vino le bajaba desde el cuello, por las clavículas y hasta las puntas de los senos, haciendo que su cuerpo joven y atractivo se luciera al máximo, y en consecuencia, volviendo loco al hombre.

“Mmm, sí que hace frío aquí…”. La mujer se aferró a él con total sumisión, arqueando ligeramente la cintura.

“Tú lo has querido”.

El hombre se quedó atónito durante unos segundos, si bien se le abalanzó sobre ella en cuanto logró volver en sí.

Le agarró el vestido rojo por la parte que aún le cubría los muslos y tiró hasta que la fina tela tapó el rostro de Madeline.

Desde un principio, no había podido ver claramente las facciones del hombre porque la lámpara con luz tenue era lo único que iluminaba la habitación, y ahora, en esta nueva posición, lo único que podía vislumbrar era el contorno de su cuerpo encima del de ella.

Por el contrario, la desnudez de la joven quedó completamente expuesta a los ojos del más experimentado, y en ese instante, la tensión que notó por dentro no ocultó lo nerviosa que estaba, sobre todo cuando las grandes manos del hombre se deslizaron lentamente por su cuello y torso, deteniéndose en sus rosados pezones.

La droga estaba acabando con todas las inhibiciones de la chica, ya que su cuerpo no pudo evitar responder a las caricias del hombre, y temblando de deseo, se sorprendió al sentir la urgencia de querer ser penetrada de inmediato.

Cuando él vio su desesperada reacción, la mirada se le endureció, puesto que toda la ternura del momento anterior se había esfumado. ¿Cómo iba a apiadarse de ella si se estaba comportando de tal manera?

De esta forma, le abrió descaradamente las piernas de par en par sin dudarlo y se hundió en lo más profundo de su ser.

“¡Ay, cuidado! ¡Duele!”.

La delicada mano de Madeline presionó el pecho del hombre en un intento de apartarlo, si bien no tenía fuerza suficiente para obligarlo a moverse, por lo que resultó en vano.

Acto seguido, el cuerpo se le puso rígido, lo que hizo que el hombre se volviera aún más violento con ella, así que, cada vez que empujaba más, llegaba más profundo. Sin embargo, el cuerpo de la joven reaccionó automáticamente a aquellos instintos primarios y se movió en sintonía con el suyo, aunque ni la expresión que mostraba en el rostro con el ceño fruncido despertó ningún sentimiento de piedad en el hombre.

La mujer no tenía idea de si se había adaptado gradualmente a su fiereza o si la droga había hecho efecto por completo, pero tan pronto como dejó escapar un grito de placer, su rostro se sonrojó de inmediato, de modo que se mordió la lengua con fuerza, tratando de sofocar el sonido enseguida.

Aquellas reacciones no hicieron sino alentar más al hombre, quien, a medida que sus movimientos se volvían más frenéticos, la besaba con más violencia y urgencia, haciendo que sus delicados labios se pusieran rojos.

Efectivamente, el roce de piel contra piel hizo que la temperatura de toda la suite de hotel subiera sustancialmente.

A la mañana siguiente, Madeline se despertó y se encontró sola en la habitación, dándose cuenta de que había ropa y pañuelos esparcidos por el suelo, signos de la noche de pasión reciente.

No obstante ahora, cada vez que la mujer se movía, sentía como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado por dentro, aunque después de bastante esfuerzo para levantarse de la cama, recogió su ropa y se vistió.

El momento en que vio la notificación en su teléfono de una transferencia de dinero, corrió de inmediato al hospital municipal y no pensó ni en mirar dónde podría estar ese hombre.

Mientras tenía el dinero, su madre podría recibir el tratamiento, y nada era más importante para ella que eso, ni siquiera su propia virginidad.

Después de pagar las facturas médicas, Madeline le tomó la mano por última vez antes de que las enfermeras se la llevaran a la sala de operaciones, y tras esperar cuatro horas hasta que salió el médico, le dijeron que, al menos de momento, estaba estable. Al escuchar esto, se apoyó contra la pared y dejó escapar un suspiro de alivio, sin saber que las consecuencias de la noche anterior estaban lejos de terminar.

En unas pocas semanas, la joven descubrió que estaba embarazada, a pesar de solo haber tenido relaciones con un hombre aquella noche.

Afortunadamente, todo lo que tenía que hacer durante los siguientes meses era cuidarse bien; por lo visto, la persona que la había contratado era muy generosa, de modo que recibiría dinero todos los meses, suficiente para cubrir los gastos de atención médica de su madre.

Con el paso del tiempo, su vientre comenzó a aumentar de tamaño, mientras que el estado de su madre se seguía manteniendo estable; de forma que, justo cuando la chica empezaba a pensar que finalmente podría llevar una vida pacífica, recibió un aviso del hospital diciendo que su madre había empeorado de repente.

Para entonces, la joven estaba embarazada de ocho meses, y aunque se apresuró a llegar al hospital tan rápido como le fue humanamente posible, no pudo verla por última vez antes de que muriera.

Debido a semejante torbellino de emociones, se puso de parto prematuro.

“¿Qué hacen? ¡¿Qué es esto?! ¡Deténganse! ¡Déjenme ver a mi bebé!”.

Antes de que Madeline pudiera recuperarse del dolor de perder a su madre, un grupo de personas irrumpió y se llevó a su hijo, sin que tuviera siquiera la oportunidad de tenerlo entre sus brazos.

“¡Ay, que viene otro!”, escuchó a la enfermera decir, en medio de su aturdimiento.

Con las últimas fuerzas que le quedaban debido al esfuerzo del parto, abrió los ojos con pánico cuando vio a la enfermera sosteniendo a otro bebé cubierto de sangre.

“Por favor…”, rogó, alargando sus manos temblorosas hacia la enfermera y el recién nacido.

“Déjeme ver al bebé”, añadió, ante lo cual se le ablandó el corazón a la otra mujer allí en la habitación. Después de envolverlo en una manta, se lo entregó a la pobre madre, quien, a la vez que la enfermera salía, se levantó de la cama y salió tambaleándose del hospital con el bebé en brazos, sin importarle demasiado el cansancio que sentía tras haber dado a luz a gemelos.

Al fin y al cabo, este último bebé era la única familia que le quedaba ahora, de manera que no podía permitir que esas personas también le quitaran a esta niña.

Allí mismo se juró a sí misma que no dejaría que le pusieran una mano encima. ¡Vamos, de ninguna manera!

Una hora después, cuando ese grupo misterioso recibió la noticia de que había nacido un segundo bebé, regresaron al hospital, donde solo encontraron la cama deshecha y las sábanas manchadas, puesto que ya no había ni rastro de Madeline.

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Un amor pasional: bailar en el fuego novela por XIMENA NOYOLA PDF Descargar

Resumen

TítuloUn amor pasional: bailar en el fuego
ProtagonistaDeanna Miller, Dario Archer
AutorXIMENA NOYOLA
Capítulos117
PlataformaManobook

Con el deseo y emoción fluyendo entre la pareja, la temperatura aumentó a un nivel perfecto. Juntos, Deanna y Dario disfrutaron de una noche de pasión sin fin.

Cada uno tenía su propio objetivo cuando se volvieron a ver. Ella se atrevió a invitarlo, mientras él disfrutaba de su atención sin dudarlo.

Sabiendo que sus momentos de llama eran solo parte de un trato, decidieron aprovecharlo mientras pudieran.

Pero Dario cometió el error de enamorarse de ella, lo que le rompió el corazón cuando ella lo abandonó sin piedad.

Un día, Deanna volvió luciendo más hermosa que nunca.

Dario se acercó a ella hoscamente. “¿Por qué te escapaste?”.

Deanna sonrió con amargura. “Porque el juego del amor ha terminado”.

En respuesta, Dario la acorraló contra la pared con los ojos ardiendo de deseo. “No, esto acaba de empezar”.

Capítulo 1 Como el fuego

En el bar Venzor

Deanna Miller salió tambaleándose del bar llevando puesta una corta y ajustada falda negra.

Por lo enrojecida que se veía la piel de su rostro, parecía estar bajo los efectos del alcohol. De alguna manera, esto hacía que sus ya delicados rasgos lucieran más atractivos y seductores.

Casualmente, la mujer colocó un mechón suelto del cabello detrás de su oreja. Ese simple y cotidiano movimiento fue ejecutado con tanta gracia que pareció fascinar a todos a su alrededor. Incluso el guardia de seguridad que permanecía de pie a un lado de la entrada no podía quitarle los ojos de encima.

De repente, ella abrió la puerta trasera de un auto negro y entró.

Un grito ahogado involuntario escapó de sus labios al sentarse sobre el regazo de un hombre, pensando que el asiento estaba vacío. El hombre arqueó las cejas y comentó con ironía: “¡Qué descarada de tu parte!”.

Deanna gritó atónita y se volteó a mirarlo con los ojos abiertos de par en par con asombro.

Un hermoso rostro masculino apareció ante su vista.

El hombre tenía veinticinco años. Las gruesas cejas que enmarcaban sus ojos estaban cuidadosamente recortadas y la expresión en su cara era insondable. Nadie podía descifrar lo que pasaba por su mente.

La mandíbula de Deanna se abrió de incredulidad al reconocerlo.

“¿Dario?”, preguntó.

“¡Vaya! Todavía sabes quién soy”, bromeó el hombre.

Ella soltó una carcajada ante su comentario.

“Por supuesto que sé. ¿Cómo podría olvidar al apuesto novio de mi prima?”. La sorpresa inicial por el encuentro dio paso a una íntima confianza entre ambos.

Dario Archer era el hombre más noble de la ciudad de Weappolis.

¿Cómo podría no reconocerlo?

Además, habían cenado juntos solo tres horas atrás.

La mirada de Dario se enfrió por su comentario.

“Entonces, ¿por qué sigues sentada en mi regazo?”, le reprochó.

Deanna no se intimidó. Al contrario, se apoyó más contra él y dibujó círculos en su pecho musculoso. “¿Tienes miedo de que mi prima se entere?”.

El hombre detuvo su inquieta mano y la miró a los ojos con una expresión en blanco.

“¿Por qué debería tener miedo?”, respondió con una voz profunda y resonante.

Ella acurrucó la cara contra su cuello.

“Entonces, ¿te apetece?”.

El tono de Deanna estaba lleno de lujuria. Ella era capaz de seducir y tentar a cualquier hombre que la escuchara.

Dario, sin embargo, solo la miró intrigado. Apretó los labios sin pronunciar una palabra.

La chica sonrió aún más y lo envolvió con sus brazos firmemente.

El calor de su cuerpo se filtró en él, haciendo que su sangre se calentara de inmediato. Incluso la temperatura dentro del coche parecía subir alrededor.

Justo en ese momento, sonó el teléfono.

Deanna miró el nombre en la pantalla y comprobó que era Jeannie Miller, su prima.

Él contestó la llamada sin dudarlo.

“Dario, ¿todavía estás en el bar Venzor?”, dijo la voz femenina al otro lado de la línea. “¿Estás borracho? Por favor, ve a casa pronto”.

Deanna sonrió maliciosamente y respondió de forma audible. “¡Dios! Eres demasiado molesta, Jeannie. Por favor, no nos molestes ahora”.

Un segundo después, la otra mujer gritó: “Dario, ¿quién está contigo? Deanna, ¿eres tú?”.

Esta última, de forma inesperada, presionó sus labios sensualmente contra los del hombre.

Jadeó y gimió con exageración a propósito.

El teléfono se cayó a un lado con un sonoro golpe.

Luego, ella sintió que Dario sostenía su cintura y los labios de él se curvaron en una sonrisa lasciva.

Acercándola más a su cuerpo, el hombre la atravesó con una mirada fogosa. “Deberías saber que un hombre nunca rechazará a una mujer que se le arroja encima tan fácilmente”.

Deanna abrió la boca un poco y el leve pero inconfundible olor a alcohol llenó sus fosas nasales.

“Las mujeres tampoco dejarán ir a un hombre excelente como tú…”.

Durante unos minutos, el auto comenzó a dar sacudidas violentamente por los movimientos de la pareja en su interior, hasta que todo se calmó.

Deanna soportó la incomodidad y se puso la falda con rapidez.

Dario, por su parte, ya se había vestido y yacía recostado en el asiento con las piernas cruzadas. Entonces encendió un cigarrillo y exhaló un denso anillo de humo. Abriendo las ventanas, el olor a sexo se disipó.

Él entrecerró los ojos y la miró con indiferencia como si nada hubiera pasado.

Deanna odiaba el olor del cigarro, por lo que agitó la mano para alejar el humo con el ceño fruncido. “No estuvo nada mal. Te daré setenta puntos sobre cien”.

Luego soltó una carcajada y abrió la puerta para salir.

La mirada del hombre se oscureció.

¿Cómo se atrevía a calificarlo? ¿Setenta puntos sobre cien?

Levantó los ojos y miró por el espejo retrovisor.

Sus labios se curvaron nuevamente con desdén cuando vio a Deanna tambalearse mientras se alejaba.

Después de todo, ella era una gran actriz.

La mujer no le dio la oportunidad de observarla un poco más, porque detuvo un taxi y desapareció al instante.

Veinte minutos después, ella regresó a la villa de su familia.

Frente a la entrada, la mandíbula de Deanna se tensó mientras miraba el edificio.

Esa villa originalmente le pertenecía a ella. Pero cuando estaba en la universidad, su tío Vernon Miller aprovechó su ausencia y se adueñó de la casa.

Además, sus padres habían muerto en un extraño accidente automovilístico tiempo atrás. Pero eso no fue todo, otra noticia la hizo pedazos: el Grupo Miller, dirigido por sus padres, debía millones de dólares y se declaró en bancarrota.

Vernon se ocupó del desastre económico para salvar el negocio familiar.

Cuando Deanna regresó de sus estudios, sus padres estaban enterrados y Vernon quedó oficialmente a cargo de la compañía.

La situación era en extremo inusual. De hecho, varios confidentes cercanos que trabajaban para su padre también desaparecieron sin motivo alguno y sin dejar rastro.

Todo parecía demasiado sospechoso.

De repente, sus labios se curvaron en una mueca de burla al recordar la arrogancia de Jeannie.

Si Deanna descubría que ellos estaban involucrados en la muerte de sus padres, los castigaría y haría que se arrepintieran hasta el último aliento.

Lo ocurrido esa noche en el auto no era una simple coincidencia. Todo era parte de su plan de venganza.

Ella sabía que Dario pasaba tiempo en el bar Venzor todas las semanas, así que fue allí y lo sedujo deliberadamente.

La pureza de su cuerpo no tenía importancia en comparación con sus ansias de vengarse.

Conquistar a Dario era una tarea crucial para el desarrollo de su plan. Una vez que lo lograra con éxito, podría lidiar fácilmente con la familia de Jeannie.

Ella sonrió con satisfacción ante esta idea y empujó la puerta para abrirla.

Su prima estaba sentada en el sofá de la sala, esperándola. Se puso de pie como una fiera cuando Deanna ingresó en la residencia.

“¡Perra! Fuiste tú quien habló por teléfono, ¿no?”, preguntó la mujer furiosa.

Deanna se quitó los tacones altos casualmente y respondió con una voz llena de desdén: “Sí, ¿y qué? ¿Qué vas a hacer?”.

“¡Eres una sucia! ¿Cómo te atreves a robarme a mi hombre?”, Jeannie ardía de rabia. En ese instante, levantó la mano para abofetear a Deanna.

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Abismado en tu encanto irresistible novela por CUSTODIA PDF Descargar

Resumen

TítuloAbismado en tu encanto irresistible
ProtagonistaBelinda Fletcher, Russell Kameron
AutorCUSTODIA
Capítulos39
PlataformaManobook

Antes del divorcio, todos pensaban que Belinda era solo una ama de casa que no servía para nada. Incluso su esposo en ese momento, Russell, lo creyó.

Sin embargo, después del divorcio, se reveló rápidamente que ella era la heredera de la familia Lindfield. No solo era competente en diseño, sino que también era una mujer de negocios astuta que sabía cómo obtener ganancias. Tenía varios hermanos que la adoraban. Al enterarse de que estaba soltera de nuevo, varios hombres guapos la persiguieron, decididos a ganarse su corazón.

Cuando volvió a cruzarse en el camino de Russell, levantó con orgullo la barbilla y le preguntó: “¿Te arrepientes de divorciarte de mí?”.

El hombre respondió: “Sí. ¿Y si nos volvemos a casar?”.

Capítulo 1 ¿Disculparse o divorciarse?

“¡Ah!”.

Un grito desgarrador rompió la tranquila atmósfera de la mansión de la familia Kameron.

Hoy era el octogésimo cumpleaños de Rena Kameron, y los invitados se habían reunido en el salón, charlando alegremente. Sin embargo, todos se pusieron alerta al oír el grito.

Al pie de la escalera, Cassidy Bradley estaba hecha un ovillo, retorciéndose de dolor. Tenía los brazos y las piernas llenos de moratones, que resaltaban sobre su impecable piel. Incluso tenía un labio roto y le corría sangre por la barbilla.

Asombrada y conmocionada, la multitud miró hacia la escalera, donde había una mujer con el rostro inexpresivo.

¿Belinda Fletcher?

Enseguida, los invitados intercambiaron miradas de complicidad, pues podían adivinar a grandes rasgos lo sucedido, y empezaron a reñir a Belinda sin descanso. “¡Debió hablar primero con Russell en lugar de amedrentar a esta mujer!”.

“¡Claro que sí! Una mujer madura no recurriría a la violencia, ni siquiera cuando se trata de otra mujer. Más bien, ¡debió aprender a domar a su marido!”.

Belinda cerró los puños con fuerza. Estaba tan furiosa que no encontró palabras para replicar en ese momento.

Aquellos curiosos no tenían ningún interés en averiguar la verdad. Estaban demasiado ocupados señalando con el dedo a Belinda con desprecio y sorna.

Aunque Belinda y Russell Kameron estaban casados, todos en Eimbury sabían que Belinda prácticamente arrebató a Russell de Cassidy.

Esta última tuvo la gentileza de no vengarse de aquella rompehogares, pero Belinda, por su parte, no dejó de complicarle la vida a la pobre muchacha desde entonces.

En ese momento, Russell salió de entre la multitud en silencio, frunciendo el cejo ante la escena que tenía delante.

Al ver su expresión de disgusto, alguien no pudo evitar deleitarse con el picante incidente. “Russell, por fin llegaste. ¡Tu esposa no ha hecho más que abusar de esta pobre mujer!”.

Al oír este comentario fuera de lugar, Russell arrugó el entrecejo.

Se dirigió presuroso al lado de Cassidy, con los ojos llenos de preocupación. “¿Te encuentras bien, Cassidy? ¿Qué sucedió?”.

“Estoy bien… No es culpa de Belinda, ella no lo hizo a propósito. En realidad soy yo. Es que fui un poco torpe…”, tartamudeó Cassidy con voz débil.

¿No fue culpa suya?

Russell conocía a su esposa demasiado bien, y sabía que haría lo que fuera con tal de conseguir sus objetivos.

Russell montó en cólera y actuó por impulso en cuanto oyó la versión de Cassidy. Subió corriendo las escaleras y siseó a Belinda: “¡Discúlpate con Cassidy ahora mismo!”.

Su voz sonó tan fría e indiferente, que casi parecía que estuviera dando órdenes a una humilde esclava en lugar de a su esposa. Belinda sintió que se le revolvía en el estómago.

¿Disculparse?

Ni su propio esposo se molestó en escuchar su versión de los hechos y prefirió creer sin rechistar el relato de Cassidy. ¡Qué ironía!

Con una sonrisa amarga, Belinda levantó la barbilla con obstinación y replicó: “Yo no hice nada malo, ¿por qué debería disculparme con ella?”.

“¿Ah, sí? ¡¿Estás diciendo que Cassidy se cayó por las escaleras por su propia culpa?!”, bramó el chico.

“Eso es justo lo que pasó. ¡Quiere que todo el mundo crea que yo la empujé por las escaleras!”.

Al oír esa excusa tan poco convincente, los invitados estallaron en carcajadas y señalaron a Belinda con gesto de desprecio.

¿Cómo podía alguien ser tan estúpido como para lanzarse por las escaleras por su propia voluntad?

¿Quién arriesgaría su propia vida para tenderle una trampa a otra persona?

¡Nadie creería una historia tan disparatada!

Ni siquiera Russell.

Con el rostro fruncido, agarró a Belinda sin previo aviso y la arrastró escaleras abajo. Al ser tomada con la guardia baja, Belinda perdió el equilibrio y su frente se golpeó contra la barandilla y se le hinchó de inmediato.

Pero Russell no se apiadó de ella en absoluto. Al contrario, dijo sarcásticamente: “¡Bravo! ¡Te lo mereces! Ahora, ¡discúlpate con Cassidy!”.

“No. Yo no hice nada malo”. Belinda negó con la cabeza con obstinación.

¡Era cierto! ¡No había hecho nada malo!

¡¿Cómo iba a disculparse por algo que no hizo?!

“Russell, no te preocupes por mí, estoy bien. No quiero que te pelees con tu mujer por culpa mía”.

En ese momento, Cassidy, que se encontraba sentada en el suelo, frotándose los moratones con expresión de dolor, intentó mediar en la situación.

Sin embargo, su actitud solo sirvió para enfurecer aún más al chico. Miró a Belinda con furia indisimulada, preguntándose cómo una mujer podía ser tan despiadada.

Agarró a Belinda por la barbilla y gruñó con los dientes apretados: “Discúlpate o nos divorciamos. Elige”.

A Belinda le sorprendió su actitud decidida. De inmediato, la multitud se deshizo en murmullos, cotilleando acaloradamente sobre la pareja que tenían delante. Ella, en cambio, solo se quedó en silencio.

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Mi ex me sigue amando novela por ESSUA BOSQUEZ PDF Descargar

Resumen

Loraine era una esposa devota desde que se casó hace tres años. Sin embargo, a su esposo Marco no le importaba nada ella. Nada de lo que ella había hecho ablandó su corazón.

Por fin, Loraine se cansó de todo esto. Ella le pidió el divorcio y lo dejó sin pensar.

Los demás la miraron como si estuviera loca. “¿Has perdido la cabeza? ¿Por qué estás tan ansiosa por divorciarte?”.

“Es porque tengo que irme a casa para obtener una fortuna de mil millones de dólares. Además, él ya no me gusta”, respondió Loraine con una sonrisa.

Todos se rieron de ella; algunos pensaron que el divorcio la había afectado mentalmente.

No fue hasta el día siguiente que se dieron cuenta de que no estaba mintiendo, porque una mujer fue declarada repentinamente la multimillonaria más joven del mundo, ¡y era Loraine!

Marco se sorprendió mucho con esas peripecias. Cuando volvió a encontrarse con su exesposa, ella ya era una persona diferente. Un grupo de jóvenes guapos la rodearon y ella les sonrió a todos. Esta escena lastimó el corazón de Marco.

Dejando a un lado su orgullo, trató de recuperarla. “Hola, mi amor. Veo que eres multimillonaria ahora. No deberías estar con idiotas que solo quieren tu dinero. ¿Tal vez podamos volver a estar juntos? También soy rico. Juntos, podemos construir un imperio fuerte. ¿Qué dices?”.

Loraine entrecerró los ojos hacia su exmarido, y sus labios se curvaron con disgusto.

Capítulo 1 Divorciémonos

En el hospital:

“La paciente tiene fiebre alta, señorita. También perdió demasiada sangre y está muy débil. Necesita descansar, así que no puede pasar”.

“¡Fuera de mi camino! No me detengas. Una mujer tan malvada como Loraine no merece descansar”.

Al escuchar el ruido, Loraine Bryant intentó abrir los ojos con mucha dificultad.

Había sufrido de fiebre durante varios días, por lo que aún estaba débil y mareada. Todavía sentía un ardiente dolor en el brazo.

Volvió la cabeza y vio a Marina Bryant, la hermana de su esposo. Una vez que empujó a la enfermera, entró furiosamente y miró a Loraine como si quisiera matarla.

“¡Eres una asesina, Loraine! Por tu culpa, Keely está sufriendo una ruptura renal y sigue en coma. ¡Solo espera y verás! ¡Marco nunca te lo perdonará!”.

La voz aguda de Marina hizo que Loraine evocara lo sucedido.

Hoy era el tercer aniversario de su matrimonio con Marco Bryant. Pero nadie de la familia Bryant lo había recordado, ni siquiera su esposo. Incluso la dejaron sola en la casa.

Hoy Marco había traído a Keely, su amante, de regreso al país.

A pesar de su fiebre, Loraine había arrastrado su cuerpo enfermo a la cocina para preparar una cena a la luz de las velas. Desafortunadamente, se convirtió en la cena de bienvenida para Keely.

Esta última fue a la cocina con la excusa de ayudar a Loraine, pero la verdad era que quería obligarla a divorciarse de Marco. Cuando ella no aceptó, Keely se apuñaló a sí misma, como si estuviera loca.

Loraine intentó detenerla, pero también resultó herida por el cuchillo y perdió tanta sangre que se desmayó.

Mientras recordaba, se obligó a sentarse débilmente.

“Yo no lastimé a Keely”.

Sin embargo, Marina no le creía en absoluto. “¿Todavía quieres negarlo?”, preguntó burlonamente. “Tú y Keely eran las únicas en la cocina. Si tú no fuiste, ¿quién lo hizo? ¿Estás diciendo que ella se apuñaló a sí misma? Debes estar celosa porque Marco la trajo de regreso. Tienes miedo de que ella te reemplace como la señora Bryant, ¿verdad? ¡Por eso quieres matarla!”.

Loraine sabía que la familia Bryant nunca la había querido, pero no esperaba que la trataran de esa forma.

“Marina, soy la esposa de Marco y también tu cuñada. ¿Cómo puedes pensar así de mí?”.

“En ese entonces, la abuela estaba muy ansiosa por tener un nieto”, espetó ella con un tono desdeñoso. “Pero Keely tuvo que irse al extranjero para recibir tratamiento, así que mi hermano no tuvo más remedio que casarse con otra. De lo contrario, una mujer como tú, sin dinero ni educación, jamás podría haber formado parte de nuestra familia. No eres más que pueblerina. No pudiste concebir un niño en estos tres años. Ni siquiera puedes compararte con una criada o una cocinera. Ahora que Keely ha regresado, ¿crees que Marco todavía querrá estar contigo? Además, como la lastimaste, solo hiciste que él te odiara aún más”.

Loraine se puso pálida. Era como si la hubieran apuñalado en el corazón. El dolor era insoportable.

Marina no necesitaba recordárselo. Loraine era plenamente consciente de que Marco amaba a Keely, no a ella. Pero tenían tres años de matrimonio, por lo que aún esperaba que él se diera cuenta de sus sacrificios.

En ese momento, Marco entró a la habitación.

Era alto y fuerte, con rasgos faciales delicados, cejas elegantes y ojos penetrantes. Su cuerpo musculoso aumentaba su encanto, haciéndolo verse mucho más guapo. Era como un dios griego en una pintura de óleo.

Loraine alzó la mirada, como si él fuera su última esperanza.

“Marco, yo no le hice nada a Keely. Por favor, créeme”.

Pero él la miró con condescendencia. “Es suficiente, Loraine. No quiero seguir escuchando tus excusas. Cometiste un error, así que mereces ser castigada y debes disculparte con Keely”.

“¿Disculparse? ¿Crees que una simple disculpa sería suficiente? ¡De ninguna manera!”, gritó Marina. “El riñón de Keely está lastimado por su culpa. ¡Pídele que le done el suyo!”.

Marina se volvió hacia los guardaespaldas detrás de su hermano. “¡Atrápenla y llévenla a la sala de pruebas!”.

De inmediato, todos rodearon a Loraine, la ataron de manos y pies, y se la llevaron.

“¡Suéltenme! No tienen derecho a hacerme esto”. Pero no importaba lo mucho que Loraine llorara y forcejeara, no pensaban dejarla ir. “Marco, por favor, ayúdame”, suplicó mirándolo.

Realmente esperaba que él hiciera algo. Sin embargo, para su consternación, se quedó inmóvil y completamente indiferente. Parecía estar de acuerdo con la decisión de Marina.

Loraine estaba desesperada.

Ahora entendía por qué Keely se había apuñalado a sí misma. Quería demostrarle a ella que su matrimonio era solo una farsa y que no significaba nada para su esposo.

Marco creería cualquier palabra que pronunciara Keely, pero nunca a Loraine.

Era evidente que entre ellos no había amor.

Loraine sintió invadida por un terrible cansancio.

Con el corazón roto, se dio cuenta de que ya no podía aferrarse a ese miserable y ridículo matrimonio.

Entonces, cerró los ojos y sonrió con amargura. “Marco, divorciémonos”.

“¿Qué dijiste?”, preguntó él.

Tenía una expresión incrédula.

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Resumen

Maria tomó el lugar de su hermana y se comprometió con Anthony, un hombre discapacitado que había perdido su condición de heredero de la familia.

Al principio, lo que tenían solo era un matrimonio concertado. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando los secretos sobre Maria fueron expuestos gradualmente. Resultó que era una hacker profesional, una compositora misteriosa y la única sucesora de un maestro internacional de escultura de jade… Cuanto mejor Anthony la conocía ella, menos él podía estar tranquilo.

El cantante famoso, el actor galardonado, el heredero de una familia rica, tantos hombres excelentes perseguían a su prometida, Maria. ¡¿Qué debería hacer Anthony?!

Capítulo 1 La adopción

En el área sórdida de un pequeño pueblo, un lujoso BMW estaba estacionado en la calle, y llamaba mucho la atención porque no coincidía con el entorno humilde.

Inexpresiva, una chica en un par de jeans desgastados caminaba hacia este con una maleta vieja en la mano.

El hombre de mediana edad en el asiento del conductor la miró de reojo y frunció el ceño evidentemente. Era obvio que no estaba satisfecho con la sencillez de lo que esta vestía.

“Vamos. Súbete”, la instó sin más.

La chica permaneció inexpresiva, ni emocionada de poder subirse a un auto de lujo ni asustada por la actitud fría del hombre en él.

Como se le indicó, ella abrió la puerta del auto y se sentó en el asiento trasero.

De inmediato, ella notó que ya había otra chica de su edad sentada en el asiento del copiloto.

Esta iba vestida completamente diferente en comparación a ella, con ropa y accesorios preciosos que nunca antes había visto en todo el pueblo.

“Entonces esa es ella…”, murmuró Maria Jenkins para sí misma.

Ella había reconocido a la chica en el asiento de copiloto; era Vivian Jenkins, la nueva actriz que recientemente había comenzado a ganar popularidad en el país.

El hombre en el asiento del conductor miró a Maria por el espejo retrovisor y le dijo: “De ahora en adelante serás mi hija. Te llevaré a Sheffield, donde vivirás tu nueva vida. Te asignaré a alguien que te enseñe cómo comportarte como le corresponde a una señorita rica, así que aprende a adaptarte a tu nueva identidad como una Jenkins lo antes posible. Por cierto, esta es Vivian, mi hija. Ya debes haberla visto en Internet”.

No obstante, apenas Bill Jenkins terminó de hablar, Vivian estalló en una carcajada contenida.

Hablando en inglés, soltó: “Papá, ¿no has visto lo pobre que es? ¿Cómo podría siquiera navegar en Internet y ver mi show?”.

Al principio, Bill se sorprendió de que Vivian le hablara con tal fluidez en inglés. Sin embargo, asintió con aprobación y respondió en el mismo idioma: “Veo que ya has progresado mucho en tu inglés, y está muy bien, pero eso fue un poco descortés, querida”.

Con una risita, Vivian volvió a responder en inglés: “Bueno, temía que a mi nueva hermana no le gustaría lo que dije, así que elegí hablarte en este idioma”.

Bill estaba impresionado con su hija, le dedicó una leve sonrisa y sacudió un poco la cabeza. “Aunque puede que ella no sea tan excelente como tú, sigue siendo una pariente lejana. De hecho, sería ideal para nosotros si ella pudiera tomar tu lugar y casarse con un Wilson”.

“Papá, ¿cómo puedes decir eso delante de ella? Ahora eres tú el que está siendo descortés”.

Pensando que su conversación sería incomprensible para Maria, ellos continuaron conversando en inglés sin escrúpulos.

Además, ya habían investigado el pueblo con anticipación, y sabían que solo había dos profesores de inglés en ese lugar remoto, y ni siquiera eran graduados de la universidad.

Si ya el nivel de los maestros era tan bajo, era normal que concluyeran que la educación de Maria también era mala. En fin, ellos creían que debía ser imposible para esa chica entender de qué estaban hablando.

En poco tiempo, el auto de lujo había salido del empobrecido pueblo.

Como Maria no tenía nada mejor que hacer en el camino a su nuevo hogar, sacó una vieja computadora portátil de su mochila mientras padre e hija conversaban en los asientos delanteros.

Todo ese rato, ella actuó como si en serio no entendiera su conversación y comenzó a escribir.

“¡Vaya! ¿Sabes usar una computadora portátil, Maria?”, soltó Vivian con una ceja levantada al ver el dispositivo en el regazo de la chica.

Por lo que ella sabía, en ese pueblo abandonado por Dios en efecto había más de cien familias cuyo apellido era Jenkins. Si bien su padre había logrado mucho en la vida, todavía tenía lazos de sangre con esos parientes pobres y molestos que vivían allí.

Por su parte, Maria perdió a sus padres a una edad temprana, por lo que creció con la ayuda de esos parientes.

Ya era un milagro que no se hubiese muerto de hambre como huérfana y que incluso se graduara de la escuela secundaria sin ningún problema.

Debido a su situación, era impensable que pudiera tener una computadora portátil.

“¿Esto? Oh, es solo para jugar”, respondió Maria en voz baja e indiferente.

Al escuchar su tono plano, un rastro de desprecio brilló ipso facto en los ojos de Vivian.

¿Qué?

Bueno, enseguida cayó en cuenta de que no debía sorprenderle algo así, pues ese tipo de entretenimiento era el de personas comunes y corrientes como Maria.

Vivian también notó que la superficie de la computadora portátil parecía tan vieja que ni siquiera podía identificar la marca.

“¿Cuánto te costó?”. Ella continuó fingiendo su curiosidad solo para saber cosas de la adoptada.

“No pagué nada”. Tras una breve pausa, Maria explicó: “Trabajé en una pequeña tienda de computadoras en la ciudad, y cuando el jefe no pudo pagar mi salario, comenzó a darme repuestos como pago. Eventualmente logré ensamblar esta computadora portátil yo misma”.

Vaya, ese debía ser un producto de gama muy baja.

De seguro, tal y como había dicho la misma Maria, solo podría usarse nada más para jugar.

De todos modos, tampoco era que Vivian supiera mucho sobre computadoras, por lo que creyó sin problemas que aquello no era más que un pedazo de chatarra.

“Bueno, supongo que va contigo”, dijo con una risa sutil.

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¿Mi exmujer es una magnate? por CARLITO SAN PEDRO PDF Descargar

Resumen

Loraine era una esposa devota desde que se casó hace tres años. Sin embargo, a su esposo Marco no le importaba nada ella. Nada de lo que ella había hecho ablandó su corazón.

Por fin, Loraine se cansó de todo esto. Ella le pidió el divorcio y lo dejó sin pensar.

Los demás la miraron como si estuviera loca. “¿Has perdido la cabeza? ¿Por qué estás tan ansiosa por divorciarte?”.

“Es porque tengo que irme a casa para obtener una fortuna de mil millones de dólares. Además, él ya no me gusta”, respondió Loraine con una sonrisa.

Todos se rieron de ella; algunos pensaron que el divorcio la había afectado mentalmente.

No fue hasta el día siguiente que se dieron cuenta de que no estaba mintiendo, porque una mujer fue declarada repentinamente la multimillonaria más joven del mundo, ¡y era Loraine!

Marco se sorprendió mucho con esas peripecias. Cuando volvió a encontrarse con su exesposa, ella ya era una persona diferente. Un grupo de jóvenes guapos la rodearon y ella les sonrió a todos. Esta escena lastimó el corazón de Marco.

Dejando a un lado su orgullo, trató de recuperarla. “Hola, mi amor. Veo que eres multimillonaria ahora. No deberías estar con idiotas que solo quieren tu dinero. ¿Tal vez podamos volver a estar juntos? También soy rico. Juntos, podemos construir un imperio fuerte. ¿Qué dices?”.

Loraine entrecerró los ojos hacia su exmarido, y sus labios se curvaron con disgusto.

Capítulo 1 La ama de casa

Ya había oscurecido afuera.

En la sala de estar de la villa de la familia Bryan se podían escuchar diferentes voces charlando cordialmente y, de vez en cuando, también se escuchaban algunas risas.

En la cocina, donde Loraine Torres se encontraba cocinando sola, hacía mucho calor. Su rostro estaba sonrojado, y gotas de sudor perlaban su frente mientras miraba la sopa hirviendo en la olla. De un momento a otro, su visión se tornó borrosa.

Desde la mañana había tenido mucha fiebre.

Sin embargo, aún no había ido a la farmacia a comprar medicamentos ni había podido descansar bien, porque había estado haciendo las labores domésticas durante todo el día.

“¿Ya está lista la cena? ¡Dios mío! ¿Todavía no has terminado de prepararla? ¡No puedo creer que mi hermano se haya casado con una holgazana como tú!”, le dijo Marina Bryant a Loraine desde la puerta de la cocina.

Esta última, quien ya estaba acostumbrada a la mala actitud de su cuñada, se humedeció los labios secos y respondió:

“Pronto estará lista”.

Entonces la otra chica siseó: “¡Apúrate! Mi hermano y Keely están esperando la cena. Keely es diferente a una pueblerina como tú. Antes de regresar al país, estuvo recibiendo tratamiento médico en el extranjero. Tiene que cuidar mucho su salud, ¡así que no podemos hacer que pase hambre! De lo contrario, mi hermano se enojará mucho”.

Al escuchar las palabras de su cuñada, la mano de Loraine, con la que sostenía la cuchara, tembló. Luego se quedó helada, mientras sentía un dolor punzante en el corazón.

Desde que se casó con Marco Bryant, tres años atrás, siempre había sido una esposa ejemplar, pero él nunca había apreciado sus esfuerzos. A los ojos del hombre, ella no era nada, y menos al lado de Keely Haywood.

“Escúchame, Loraine. Si nuestra abuela no hubiera tenido tanta prisa por tener un bisnieto, jamás habrías podido casarte con mi hermano. Y si Keely hubiera estado en el país en aquel entonces, Marco no se habría casado contigo. ¡Eres una inútil! Ya pasaron tres años, pero no has podido quedarte embarazada”, agregó Marina en tono burlón.

Tras escuchar las palabras de su cuñada, las lágrimas se acumularon en los ojos de Loraine. Trató de contener el llanto tras ver a Marina alejarse.

En ese momento Loraine escuchó una voz fuera de la cocina.

“Marco, ¿los estoy molestando a ti y a Loraine? ¿Está enojada?”. La voz era sumamente coqueta.

“No. Tu bienestar es lo más importante aquí”, respondió con ternura una profunda y agradable voz masculina.

Marco nunca le había hablado a Loraine con tanto cariño. Eso era lo que ella tanto había anhelado durante los últimos años.

Sus ojos se posaron en las velas y la caja de regalo que estaban en el bote de basura, esa imagen hizo que el dolor de su corazón aumentara.

Todos esos años ella había estado tratando de hacer que su matrimonio funcionara.

Su esposo, a quien siempre colmó de amor, no se acordó de que ese día era su tercer aniversario de bodas.

A pesar de que Loraine no se encontraba bien de salud, preparó una gran cena para celebrarlo. Sin embargo, esta se convirtió en una cena de bienvenida para Keely.

Parecía una broma de mal gusto que le tenía preparado el destino. Todos los esfuerzos, paciencia y esperanza de Loraine se redujeron a nada en un instante.

“Señorita Torres, lamento mucho molestaros. Deje que la ayude, por favor”, dijo Keely mientras entraba en la cocina, esbozando una sonrisa de disculpa.

Con el rostro desprovisto de cualquier expresión, Loraine miró a la hermosa y débil mujer que estaba frente a ella, y espetó: “Deberías dirigirte a mí como señora Bryant, no como señorita Torres”.

En un abrir y cerrar de ojos, la sonrisa de Keely desapareció y, mirando a Loraine con arrogancia, contestó: “Déjame aclararte algo; yo soy la única mujer que está en el corazón de Marco. Solo se casó contigo para complacer a su abuela. Tres años han sido suficientes para esta farsa de matrimonio. Ahora que he regresado, tomaré el lugar que me corresponde en esta casa. No te hagas ilusiones. ¿Qué te parece si dejas de hacer el ridículo y te vas?”.

Tras escuchar las palabras de la chica, un dolor intenso se apoderó del corazón de Loraine. Sin embargo, se las arregló para contraatacar.

“Para que lo sepas, sigo siendo la esposa de Marco. Yo soy la señora Bryant. Tú no eres más que una invitada aquí”.

Tan pronto como Keely escuchó esas palabras, una expresión de ira apareció en su rostro, porque estas atravesaron su corazón como si fueran navajas.

“Deja de ser tan arrogante. El título de señora Bryant lo tienes por pura suerte, no estés tan segura de tu lugar. Además, si algo malo me pasa por tu culpa, estarás en serios problemas. ¡Solo espera y verás!”.

En ese momento, Loraine tuvo un mal presentimiento, por lo que entrecerrando los ojos, preguntó:

“¿Qué estás intentando decir?”.

Antes de que Loraine dijera algo más, Keely agarró un cuchillo de la tabla de cortar y trató de apuñalarse a sí misma.

Cuando Loraine vio eso, trató de detenerla. Sosteniendo la muñeca de Keely, rugió: “¿Estás loca?”.

Keely, por su parte, trató de zafarse del agarre de la mujer.

Durante el forcejeo, la hoja afilada del cuchillo hizo un corte en el brazo de Loraine, lo que provocó que gimiera de dolor.

Fue entonces cuando vio sangre filtrándose a través de la ropa de Keely.

Esta última le sonrió maliciosamente y, al segundo siguiente, gritó a todo pulmón:

“¡Marco, ayúdame! ¡Loraine quiere matarme!”.

Al escuchar las palabras de la chica, los ojos de Loraine casi se salieron de sus órbitas. Momentos después, Marco entró corriendo a la cocina.

Cuando Loraine lo vio, trató de explicarle lo que pasó, pero no pudo pronunciar ni una sola palabra, pues sintió como si su garganta estuviera bloqueada.

Mientras gotas de sangre brotaban del brazo de Loraine, y la cabeza le punzaba, comenzó a sentirse mareada.

Luego, mientras perdía el conocimiento, vio a Marco pasar junto a ella. Después de que el hombre recogiera a Keely, salió corriendo de la cocina, dejándola inconsciente en el suelo…

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La crisis matrimonial: ¿es el amor una trampa? por MARTÍN CARCAMO PDF Descargar

Resumen

TítuloLa crisis matrimonial: ¿es el amor una trampa?
ProtagonistaLeona Barnes, Elmer Hayes
AutorMARTÍN CARCAMO
Capítulos159
PlataformaManobook

Leona se enamoró inesperadamente de Elmer a una edad temprana.

Sin embargo, Aurora, su hermana adoptiva, le robó sin piedad a su familia y al elegido de su corazón.

Cuando Leona alcanzó la mayoría de edad, no veía la hora de casarse con el hombre de sus sueños. No iba a renunciar a tan gran oportunidad de casarse con Elmer.

Sin embargo, Elmer abrazó a Aurora y miró a Leona con desagrado manifiesto. “Me das asco”.

Leona sintió que el mundo entero se derrumbaba a su alrededor.

Sonriendo con amargura, dijo: “No te soltaré mientras viva”.

Poco después de este encuentro, Leona desapareció sin dejar rastro.

Nadie sabía si estaba viva o muerta.

En los sueños de Elmer, a menudo escuchaba la voz de Leona que le decía: “Si tan solo nunca te hubiera amado…”.

Cinco años después, Leona regresó. Esta vez, ella tenía un niño a su lado…

Capítulo 1 Un matrimonio decepcionante

En el silencio de la noche, Leona Barnes se despertó con el sonido de la puerta al abrirse. Ante eso, sus ojos se iluminaron al instante.

Ese era el día de su cumpleaños.

El abuelo de Elmer Hayes había prometido que su nieto iba a regresar a tiempo.

Entonces, ella lo había estado esperando durante todo el día, ¡y por fin, él ya estaba allí!

Al verlo, Leona se puso de pie rápidamente, fingiendo que no estaba durmiendo en ese momento, y se acercó a Elmer con una enorme y brillante sonrisa en sus labios.

“Elmer, tú… Ehmm…”.

Antes de que la chica pudiera terminar la oración, el hombre de repente presionó sus labios contra los de ella, silenciándola de inmediato.

Enseguida, ella sintió que la tiraban hacia los brazos del recién llegado y al instante se ahogó en el fuerte olor a alcohol.

Aturdida, Leona presionó sus manos contra el pecho del hombre y trató de apartarlo lejos de ella, luchando por liberarse de su fuerte abrazo.

Sin embargo, aquello tan solo ocasionó que él la besara con mucha más fiereza. Él la dejó prisionera en su lugar, envolviendo sus brazos alrededor de ella con fuerza como si de una pitón se tratara.

Con las mejillas totalmente en llamas, Leona no pudo hacer nada más que dejar que el hombre la siguiera besando.

Con mucha agilidad, la lengua de Elmer se deslizó dentro rápidamente y bailó con la de ella, haciendo que el olor a alcohol se extendiera por su boca.

Leona realmente no pudo soportarlo más, por lo tanto, todo su cuerpo se quedó inerte en los brazos del hombre.

En ese momento, Elmer hizo una pausa, le tomó las nalgas y la levantó, dejándola así envolver sus esbeltas piernas alrededor de su estrecha y musculosa cintura.

No fue sino hasta que probó el sabor metálico de la sangre que él soltó temporalmente a Leona, quien se quedó sin aliento por completo.

“Tú… ¿Tienes hambre ahora? Yo podría pedir…”.

“Sí, tengo hambre”.

Una voz profunda y ronca la interrumpió de repente.

Luego, la nuez de Adán de Elmer se balanceaba hacia arriba y hacia abajo, y antes de que Leona pudiera decir algo más, un par de manos firmes agarraron su esbelta cintura y la tiraron sobre la cama con fuerza. Al instante, él se subió sobre de ella y le susurró al oído: “Pero tengo hambre de ti”.

Tan pronto como terminó de hablar, bajó la cabeza y empezó a besar apasionadamente su suave y delicado cuello. Así, sus labios siguieron moviéndose hacia abajo, hasta que su rostro se quedó enterrado en su escote.

Quizás era la culpa del alcohol, Elmer actuó con más rudeza que de costumbre, dejando un rastro de chupetones en la delicada piel de la joven.

Él le mordió suavemente el pezón rosado, mordisqueándolo un poco con los dientes, por lo que Leona no pudo evitar gemir, arqueando la espalda de placer.

A esas alturas, ella ya no tenía reservas. Entonces, abrazándolo por el cuello, ella se retorció con inquietud bajo su cuerpo, con los ojos llenos de pasión.

El pene de Elmer ya estaba totalmente erecto, así que, estimulado por el alcohol, no pudo contenerse más y le arrancó el camisón a Leona.

“Ay, por Dios… Elmer…”.

Las largas pestañas de Leona estaban completamente empapadas de lágrimas. De repente, ella sintió que algo grueso se insertaba en su cuerpo con fuerza y no pudo evitar gemir en voz alta.

De esa manera, los dos se convirtieron en uno solo.

Después de llegar al clímax, Elmer se dio la vuelta de inmediato y se tumbó junto a ella, jadeando sin aliento.

En ese momento, el aire estaba cargado de intimidad.

Leona apoyó la cabeza en su pecho, con su rostro tan rojizo como un tomate, sin poder evitar sonreír contenta.

Para ambos, ese era un raro momento de felicidad, y Leona siempre lo apreciaba de verdad.

Estaba contando las pestañas de Elmer de manera ociosa cuando de repente sonó el celular, destruyendo la atmósfera romántica que se había creado.

Suspirando levemente, el hombre tomó el teléfono y contestó. Su voz era tan baja y gentil, como si estuviera aún inmerso en el momento romántico.

De la nada, su expresión cambió por completo, y sus ojos se llenaron de preocupación.

Al ver eso, el corazón de Leona comenzó a latir rápidamente.

Siempre existió una sola persona en el mundo entero que podría hacerle usar tal expresión.

“Descuida, estaré ahí en unos minutos”, pronunció Elmer con sutileza y, obviamente, él estaba hablando con la mujer que amaba.

Desafortunadamente para Leona, esa persona nunca fue ella.

Al instante, la joven le tomó la mano en un esfuerzo por detenerlo. “Elmer…”.

Sin embargo, el aludido la ignoró por completo, simplemente se quitó la mano de encima, se vistió con prisa y salió de la habitación sin mirar atrás.

Elmer la dejó allí abandonada en un abrir y cerrar de ojos, como si no hubieran hecho el amor minutos atrás.

Resultó que el momento de felicidad se hizo añicos en tan solo un segundo.

Ya sola, Leona sonrió con amargura y bajó su mano rígida, luego agarró la cobija con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron de color blanco.

Ya había pasado un año y debería haberse acostumbrado a su frialdad, pero ¿por qué ella aún se sentía desconsolada?

Un rato más tarde, tocaron la puerta.

Con sus pestañas temblando, ella miró hacia arriba con anticipación, pensando que su marido podría haber regresado.

No obstante, era solo una criada que había entrado, sosteniendo un vaso de agua y una pastilla.

“Señora Hayes, por favor tómese esta medicina”, dijo la chica de manera educada.

De inmediato, Leona se frotó el entrecejo, sonriendo con ironía.

Tal vez era porque el aire acondicionado estaba muy fuerte que sintió frío hasta los huesos y su corazón dolía mucho más.

Honestamente, ya no podía recordar cuántas veces había pasado por esa misma situación.

Cada vez que hacían el amor, Elmer le pedía a una sirvienta que le llevara una pastilla anticonceptiva.

Él se había estado negando a dejarla tener a su hijo.

¿Cómo podía ser tan cruel?

Ese día era su cumpleaños, pero, de todos modos, la había dejado sola, como de costumbre.

Además, él ni siquiera la miró cuando se marchó, pero no se olvidó de pedirle a la criada que le llevara la medicina.

Reprimiendo el dolor en su corazón, Leona se tomó la medicina y el vaso de agua, mientras que sus manos temblaban.

Pero la empleada no se fue, sino que permaneció allí parada y la miró sin expresión.

Leona sabía que la sirvienta no se iría hasta que la viera tragarse la píldora anticonceptiva.

A fin de cuentas, esa era la orden de Elmer, y la criada no se atrevía a desobedecerlo.

Después de haber estado casado durante un año, el hombre le había dado a Leona todo lo que quería.

Excepto un hijo y su afecto por ella.

En realidad, su matrimonio sin amor había sido arreglado por el abuelo de Elmer.

Leona se casó con él porque era la hija biológica de la familia Barnes.

En aquel entonces, ella estaba eufórica, pues, gracias al matrimonio arreglado, finalmente tuvo la oportunidad de estar con el hombre que había amado durante muchos años.

Sin embargo, Elmer nunca correspondió ese amor. De hecho, él estaba enamorado de otra persona cuando se casó a regañadientes con Leona.

Y ella lo sabía desde el principio.

¡Por lo tanto, era completamente normal que la odiara!

Ella jamás se había aferrado a la esperanza de que algún día, su esposo pudiera sentir simpatía por ella.

Y solamente estaba decidida a permanecer a su lado como su esposa leal.

Incluso fingió indiferencia ante la aventura de Elmer con esa mujer, soportando el dolor en silencio, sola.

Por otro lado, ya eran las dos de la madrugada cuando Elmer finalmente llegó al hospital.

Enseguida, abrió la puerta de la habitación y encontró a la mujer acostada en la cama, pálida, pareciendo estar muy débil.

Al verlo, ella le sonrió con dificultad. “Por fin estás aquí, Elmer… Ahem…”.

Ella ni siquiera podía terminar una oración sin toser violentamente.

Notando lo muy lamentable que se veía la chica, rápidamente Elmer se acercó a su lado y le dio unas palmaditas en la espalda. Tras ello, le preguntó al doctor con el ceño fruncido: “¿No me había dicho que ella estaba bien?”.

Al escucharlo, el médico se subió los lentes por el puente de la nariz. “Señor Hayes, en realidad ella esta vez no fue admitida por su enfermedad congénita del corazón, sino por el sangrado…”.

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Inmersa en su amor profundo novela por CLARISA BAEZA PDF Descargar

Resumen

TítuloInmersa en su amor profundo
ProtagonistaNatalie Rivera, Jarvis Braxton
AutorCLARISA BAEZA
Capítulos98
PlataformaManobook

La madrastra de Natalie la engañó para que se casara con Jarvis, un hombre desfigurado y discapacitado. Ella logró escapar, sin saber que finalmente el hombre ocuparía todo su corazón.

Jarvis fingió ser un hombre pobre, y no pensó que se enamoraría de esta mujer.

Todo parecía normal hasta que un día Natalie descubrió su pequeño secreto.

“Oye, ¿qué está pasando? ¿Cómo puedes tener miles de millones de dólares en activos?”, le preguntó incrédula.

Jarvis no sabía cómo responder.

Mirando al hombre en silencio, cerró los dientes con enojo: “Dijeron que no podías caminar, pero por lo que vi, eres lo suficientemente fuerte como para correr un maratón”.

Permaneció callado.

Natalie continuó: “Incluso dijeron que solo te quedaban unos pocos años de vida. ¿Es una mentira también?”.

Finalmente, Jarvis abrió la boca: “Cariño, es solo un malentendido, por favor cálmate y piensa en el bebé”.

“¡Jarvis Braxton!”.

El hombre se arrodilló de inmediato.

Capítulo 1 El complot de la madrastra

La noche cayó.

Las dos medias hermanas Rivera estaban a punto de casarse al mismo tiempo.

Con un vestido de encaje blanco, Natalie miró su reflejo en el espejo. Su maquillaje era delicado y sus ojos brillaban de felicidad, pues ese día se casaría con Rowley O’Brien.

Habían estado enamorados durante un año, y ese día por fin iban a contraer nupcias.

“¡Natalie, eres muy afortunada! Te casarás con un miembro de la familia O’Brien, quienes pertenecen a la aristocracia de la ciudad de Bloridge”.

dijo con sarcasmo Alisha, a la vez que entraba a la habitación, con un vestido de novia exactamente igual al de su media hermana.

Alisha se puso verde de la envidia cuando vio lo hermosa que lucía Natalie. ¡Cómo deseaba poder arañar su cara bonita!

La expresión de Natalie se endureció a la vez que decía: “Yo también quiero felicitarte. Pronto te convertirás en la cuarta esposa de Jarvis Braxton. Por cierto, recientemente escuché que resultó gravemente herido en un accidente automovilístico, que no podía caminar y que seguramente se moriría en un par de años. Si te casas con él, pronto enviudarás”.

“¡Natalie!”, gritó Alisha, quien estaba tan enojada, que su cara se puso morada como una remolacha. Al pensar que iba a casarse con un hombre discapacitado, mientras que su hermana se casaría con un miembro de la familia O’Brien, apretó los puños con fuerza.

“Natalie, no sabes lo que nos depara el futuro. ¿De verdad crees que serás la señora O’Brien para siempre?”.

“¡Natalie, Alisha, aquí están!”. Con dos tazas de café en las manos, Flora Rivera entró en la habitación, esbozando una sonrisa. “Antes que nada deberían tomar un poco de café. Los autos de los novios todavía están en camino”.

Natalie frunció el ceño al ver la sonrisa hipócrita de su madrastra. Habían vivido bajo el mismo techo durante más de una década. Entonces, ¿cómo no podía saber el tipo de persona que era Flora?

Natalie se consoló a sí misma con el hecho de que pronto se iría de esa casa y no tendría que volver a ver ni a Flora ni su hija, así que tomó la taza de café, aunque titubeante.

“Gracias”. Dicho lo anterior, Natalie tomó un sorbo de la bebida.

“De nada, querida”. Flora exhaló un suspiro de alivio al ver a su hijastra beber un poco de café… “Aunque no eres mi hija biológica, siempre te he tratado como si lo fueras. Me entristece mucho que pronto nos vayas a abandonar”.

Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas mientras hablaba.

Natalie, por su parte, resistió el impulso de poner los ojos en blanco. Con razón esa mujer se había ganado el premio a la mejor actriz, pues sin duda tenía grandes dotes histriónicos.

Cuando Natalie apenas tenía ocho años, su madre biológica falleció. Menos de un mes después, su papá trajo a casa a Flora y a Alisha, quien solo era un mes menor que Natalie.

Fue entonces que esta última se enteró de que desde hacía mucho tiempo su papá había estado engañando a su mamá.

En ese momento, una sirvienta llamó a la puerta y le informó a Flora: “Señora, el auto de la familia O’Brien ya está aquí”.

“¡Oh!”, exclamó la mujer con una sonrisa. Luego le guiñó un ojo a la sirvienta y le ordenó: “Elva, acompaña a Natalie al vehículo”.

Cuando la joven escuchó eso, se puso de pie, pero de repente se sintió un poco mareada. Como su visión se tornó borrosa, dejó que la sirvienta la guiara.

Una vez que llegaron a la entrada de la residencia, Elva ayudó a Natalie a subirse al asiento trasero del automóvil negro que ahí se encontraba aparcado.

Desde el balcón, Flora observó cómo el auto se alejaba. Ante eso, su sonrisa se hizo más amplia.

“Mamá, ¿estás segura de que tu plan funcionará? ¿Qué pasará si Natalie nos descubre?”, preguntó Alisha, jugueteando ansiosamente con su vestido.

“No te preocupes, querida. Me he encargado de todos los detalles. Natalie tomará tu lugar, y se casará con un miembro de la familia Braxton”.

Resultó que el auto negro en el que Natalie se subió pertenecía a la familia Braxton, no a los O’Brien.

A pesar de las palabras tranquilizadoras de su mamá, Alisha no estaba totalmente convencida. “Pero, ¿cómo podré engañar a Rowley por la noche?”.

“Siempre y cuando tengas sexo con él hoy, la familia O’Brien no podrá hacer nada al respecto. Recuerda, no dejes que nadie vea tu rostro”, le recordó Flora a su hija con cautela.

“De acuerdo”. La expresión de Alisha se ensombreció y sus ojos se llenaron de celos y odio a la vez que decía: “Mamá, tengo que convertir la vida de Natalie en un infierno, para que conozca las consecuencias de haberme robado a mi hombre”.

Esbozando una sonrisa fría y burlona, Flora comentó: “Dudo mucho que sobreviva esta noche. ¿Sabes qué les sucedió a las exesposas de Jarvis? Todas desaparecieron misteriosamente”.

……

Sentada en el asiento trasero del auto, Natalie todavía se sentía extremadamente mareada. Como su temperatura corporal no paraba de aumentar, sus mejillas estaban rojas.

Cuando recordó la taza de café que Flora le había dado, se dio cuenta de que había caído en la trampa de su madrastra.

Esa mujer debió de haber puesto alguna droga en el café.

De pronto, cuando Natalie miró por la ventanilla del auto, notó que no se dirigían en dirección a la residencia de la familia O’Brien. Ante eso, se puso alerta y entró en pánico.

“¡Detenga el auto! ¡Deténgalo ahora mismo!”, le gritó la chica con ansiedad al chófer. “¿Quién es usted y a dónde me lleva?”.

Al escuchar los gritos de Natalie, el hombre la miró por el espejo retrovisor y, visiblemente confundido contestó: “Señorita Rivera, soy el chófer de la familia Braxton. Me enviaron a recoger a la novia del señor Jarvis”.

“¿Qué? ¿El chófer de la familia Braxton?”.

Fue entonces cuando Natalie se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

¡El plan de Flora era hacer que Natalie reemplazara a Alisha y se casara con Jarvis!

“¡Detenga el auto ahora mismo! ¡Me casaré con un miembro de la familia O’Brien! ¡Ha cometido un error!”.

Natalie no quería casarse con nadie de los Braxton. Se negaba a permitir que el plan de Flora y Alisha tuviera éxito.

Sin embargo, el efecto de la droga la hacía sentirse cada vez peor. Claramente Flora no solo quería que su hijastra se casara con Jarvis Braxton, también quería destruir su vida por completo.

“¡Detenga el auto ahora mismo!”, gritó Natalie con voz tenue, mientras hacía todo lo posible por mantenerse alerta.

“Señorita, ya casi llegamos. ¿Qué es lo que quiere hacer?”.

El chófer se sorprendió cuando de repente Natalie abrió la puerta y saltó del auto.

La chica rodó por el suelo varias veces, antes de detenerse por completo. Casi instantáneamente el intenso dolor la hizo volver en sí.

“¡Señorita, por favor vuelva al auto!”.

Al ver que el chófer detuvo el vehículo y se bajó para perseguirla, Natalie apretó los dientes y se alejó cojeando, soportando el dolor punzante.

No obstante, era ese mismo dolor lo que mantenía su mente alerta.

Natalie se sentía muy ansiosa, porque sabía las terribles consecuencias que tendría que enfrentar si la atrapaban.

“¡Señorita, no corra, por favor! ¡Vuelva al auto!”.

Al escuchar los gritos del chófer detrás de ella, la chica comenzó a correr aún más rápido. Estaba tan ansiosa porque no quería casarse con Jarvis, que quería gritar.

La oscuridad ya había caído por completo cuando Natalie se percató de que el hombre que la perseguía estaba cerrando rápidamente la brecha que había entre ellos. Peor aún, el mareo que la aquejaba estaba volviéndose insoportable.

La chica estaba tan abrumada por la desesperación, que no sabía hacia dónde correr. De repente vio un auto negro estacionado no muy lejos de donde se encontraba. Un hombre vestido con un traje casual estaba apoyado en él mientras hablaba por teléfono.

Justo cuando el hombre estaba a punto de subirse al vehículo y marcharse, Natalie se acercó cojeando con sus últimas fuerzas. “Ayúdeme, por favor. ¡Ayúdeme…!”, imploró la chica.

Atónito, él miró a Natalie con sus ojos profundos.

Justo en ese momento, el hombre que se encontraba al otro lado de la línea gritó con ansiedad: “¡Ya casi llega la novia! ¿Por qué todavía no estás aquí?”.

“¡Cállate!”. Sin darle a la persona que lo llamó la oportunidad de responder, el hombre colgó.

Al mismo tiempo el chófer casi alcanzó a Natalie, quien sin pensarlo abrió la puerta del auto y se subió. Luego, juntando las palmas volvió a suplicar: “¡Por favor ayúdeme! ¡Se lo ruego!”.

Entonces el chófer se acercó al vehículo, y dijo: “Señorita Rivera, salga, por favor. Vamos muy retrasados”.

El chófer se sorprendió cuando vio el rostro del hombre que estaba a bordo del vehículo…

Antes de que pudiera decir algo más, el hombre le dirigió una mirada fría a la vez que gritaba: “¡Largo de aquí!”.

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El Último Beso novela por ODALIS PICANO PDF Descargar

Resumen

Para pagar la deuda, desesperada y sin opciones, ella sustituyó a la novia y se casó con el hombre quien era conocido como un diablo al que todos temían y respetaban.

Él le dio un mordisco a su dulzura y gradualmente se sometió a la lujuria adictiva. Antes de que se diera cuenta, ya era incapaz de liberarse de ella.

El deseo desencadenó su historia, pero ¿cómo continuaría este amor condicional?

Capítulo 1 Ella era solo una sustituta

“Sube a la cama, y ponte boca abajo. Abre bien las piernas”. Mientras él hablaba, no había ningún cariño en sus ojos, solo puro odio.
…Mi padre me vendió a un multimillonario…

El cielo de esa noche de otoño estaba lleno de nubes que cubrían casi por completo a la luna. El Hotel Hyatt de seis estrellas, que era el más lujoso de la ciudad, estaba teniendo una jornada ajetreada, ya que, Brian Clark, el empresario de fama mundial, lo había reservado entero para toda la noche.

Con un traje negro y un cigarrillo entre sus largos y delgados dedos, Brian se encontraba sentado en una esquina dentro de la ostentosa habitación, creando un aura misteriosa a su alrededor debido al humo del cigarrillo.

“Señor Clark, hoy lo hemos pasado muy bien, pero, ya es tarde”, exclamó el hombre de piel oscura que estaba a su lado; su apariencia era normal, con cejas pobladas y grandes ojos.

“Señor Clark, por lo que escuché, la señorita Woodsen es una persona muy social, lo que explica su fama entre los hombres. ¿Eso lo genera cierta inseguridad por perder?”, agregó alguien más.

Al igual que esos hombres, casi todos los demás sospechaban de su matrimonio. No obstante, Brian estaba dispuesto a casarse con esa chica y, por ende, el resto solo podía crear chismes al respecto.

El empresario tomó un sorbo de su bebida con mucha tranquilidad.

“Clayton Woodsen me debe una cantidad enorme de dinero, con lo cual, enviarme a su preciosa hija, no basta para pagarme”, dijo con total naturalidad.

“Señor Clark, ¿lo que quiere decir es que Clayton Woodsen solo está tratando de ganar tiempo? Eso significa entonces que él considera que su hija es muy valiosa”, dijo su mano derecha, Juan Turner.

Brian seguía manteniendo su expresión seria habitual, dando una calada a su cigarrillo, y dijo: “Vigila de cerca a Clayton Woodsen, pero con cuidado. ¡Voy a hacer de su vida un infierno!”.

“Señor Clark, ¿piensa hacer la vida de su esposa un infierno desde esta noche?”, preguntó otra persona, con una sonrisa maliciosa en su rostro. “O acaso, ¿habrá algo especial?”. Él nunca había tenido la oportunidad de conocer a la amada hija de la familia Woodsen, tan solo había oído hablar acerca de ella. De hecho, no eran muchas las personas que la habían podido ver.

“Señor Clark, he escuchado que ella luce hermosa y sensual. Los hombres se sienten atraídos hacia ella de manera natural, y tiene esa energía que hace que todos la deseen”.

Todos los hombres que se encontraban sentados alrededor del sofá, participaron de manera activa en aquella conversación, hablando de la novia mientras ella no aparecía aún.

Pero, por otro lado, la mujer que estaba sentada a la derecha de Brian tenía una expresión molesta en su rostro. Era evidente que odiaba a la mujer de la que todos hablaban.

“¡Ya fue suficiente!”, exclamó, cuando ya no pudo contenerlo más.

“¡Ah! Parece que la señorita Anna se enojó”. Anna había estado detrás del empresario toda su vida, así que, era más que evidente, para todo aquel que tuviese algo de perspicacia, que el hombre ocupaba un lugar especial en el corazón de aquella mujer.

Claro, la relación entre ellos dos era algo inusual, pero no de manera íntima. Ella había fallado en casarse oficialmente con Brian para convertirse en la señora Clark y, ahora, una mujer llamada Arlene Woodsen le estaba arrebatando su posición. Por esto, Anna pensaba que Arlene ni siquiera merecía a Brian.

“¿Estás molesta?”, preguntó el hombre, al tiempo que apagaba el cigarrillo y la miraba fijamente, en sus labios tenía una sonrisa casi imperceptible.

“¡Señor Clark!”, gritó ella, pero no dijo nada más. Ella sabía perfectamente cuál era su lugar, sin importar cuán cercana haya sido de él, debía simplemente apegarse a su deber y jamás ir más allá de eso.

“Señor Clark, ¿no nos va a presentar a su nueva esposa?”, preguntó un seguidor del empresario. Al hacerlo, muchos otros expresaron lo mismo que él.

Brian levantó su vaso con elegancia y bebió todo el contenido de un solo trago. Luego, lo dejó sobre la mesa y asintió en señal de aprobación.

Por otro lado, Ayla esperaba con mucha ansiedad dentro de una suite presidencial de lujo. Estaba usando un ostentoso vestido de novia hecho especialmente a su medida en París, y usaba un maquillaje muy delicado. Ese era el día de su boda, aun así, ningún familiar estaba presente. Ella simplemente firmó su nombre en una hoja de papel y, con ello, perdió su libertad.

Tuvo que casarse con el mismísimo Diablo, llamado Brian Clark, por el bienestar de su padre, y para apoyar a su familia, convirtiéndose así en la sustituta de su hermana.

Estaba inquieta y temblorosa, sentada en una esquina. Con solo veintidós años de edad, su vida recién comenzaba, sin embargo, ya estaba casada con un hombre mayor que ella por seis años. El lujo e iluminación de la habitación, no lograban alejar el miedo que sentía.

Estaba totalmente aterrorizada, pero no tenía otra opción.

Además, se sentía mareada debido al hambre que pasaba desde el día anterior y, exceptuando las botellas de vino y los vasos sobre la mesa, no había nada más dentro de la habitación que pudiera comer. Jamás en su vida había bebido una gota de licor, y siempre fue una buena estudiante.

Estaba consciente de que desde el momento en que prometió ser la sustituta, todo en su vida se había desmoronado. Solo le quedaba soñar con que su futuro no la decepcionaría.

Su estómago no dejaba de gruñir; ya no podía seguir reprimiendo su hambre. Sus labios brillantes habían palidecido mientras los mordía para intentar estabilizarse. Había estado todo este tiempo esperando a que el ‘diablo’ apareciera.

De repente, la puerta se abrió, dando paso a dos extraños. Ambos hombres lucían rudos y fuertes, y ninguno de ellos era Brian Clark.

“Señora Clark, el señor Clark quiere verla”, habló uno de ellos con rudeza, sin mostrarle ni una pizca respeto.

“¿Dónde está él?”, tartamudeó Ayla, al tiempo que retrocedía dando la impresión de ser un conejo asustado.

Ninguno de los hombres respondió a su pregunta; en cambio, la levantaron firmemente y se la llevaron casi a rastras fuera de la habitación.

La chica resistió y luchó por liberarse, aunque todo fue en vano.

“Suéltenme!”, gritó, pero antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba, fue arrojada al piso bruscamente. Pese a que este estaba cubierto por alfombras, ella igual se lastimó.

“¡Arlene Woodsen, levanta la mirada!”, exigió Brian, con un tono firme y sin emoción alguna.

¡Arlene! Arlene Woodsen, sí, es cierto; ella era Arlene Woodsen ahora, no Ayla.

Sin embargo, no se atrevió a mirar hacia arriba, puesto que si alguien lograba reconocerla, moriría inmediatamente.

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Mimada por mi misterioso esposo novela por FELICIANA OLGIN PDF Descargar

Resumen

TítuloMimada por mi misterioso esposo
ProtagonistaEunice Moore, Rodney Lawson
AutorFELICIANA OLGIN
Capítulos156
PlataformaManobook

Hace tres años, Eunice dio a luz a trillizos, pero solo uno de los tres niños sobrevivió, o eso le dijeron.

Para heredar la propiedad de su madre, Eunice se vio obligada a casarse con un programador pobre pero atractivo. Después de casarse con este hombre misterioso, comenzó a preguntarse si…

Hace tres años, aunque nunca había tenido sexo con un hombre, se había quedado embarazada…

No solo eso, descubrió que tenía otro hijo vivo…

¿Cuál sería la verdad?

¿Y por qué su marido ‘pobre’ se parecía exactamente al magnate multimillonario que había visto en la televisión?

Capítulo 1 Recuperar todo lo que te pertenece

“Ya está listo el resultado de su prueba. ¡Sí está embarazada! ¡Felicidades!”, informó la ginecóloga, esbozando una sonrisa leve.

Eunice Moore no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo era eso posible?

Sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa. Debía de tratarse de un error porque no tenía novio ni nunca había tenido intimidad con nadie. Entonces, ¿cómo podía estar embarazada?

Estrella Moore, la media hermana de Eunice, se tapó la boca y miró fijamente a la mujer supuestamente embarazada, a la vez que decía: “Pensé que solo se trataba de un malestar estomacal. ¡No me esperaba esto en lo absoluto! ¿Cómo pudiste embarazarte antes de casarte? Esto es inaceptable. ¡Tengo que decírselo a papá y a mamá!”.

Tan pronto como la chica terminó de hablar, sacó su celular y llamó a su casa.

Como Eunice todavía estaba aturdida, no sabía qué hacer.

Entonces la doctora se aclaró la garganta y le dirigió una mirada comprensiva a Eunice, a la vez que le explicaba: “Los resultados de sus análisis indican que su condición física es muy inestable. Lamentablemente el riesgo de aborto espontáneo es muy alto, y podría conducir a un caso de infertilidad de por vida. Así pues, lo mejor será que se quede con el bebé”.

Incapaz de procesar la información tan alucinante, Eunice se limitó a mirar fijamente a la médica.

Cuando las hermanas regresaron a casa, Eunice fue inmediatamente confrontada por su papá y su madrastra.

“¡Eres una descarada! ¿Cómo pudiste hacernos esto? ¡Estoy completamente decepcionado de ti!”, gritó un furioso Leonel al mismo tiempo que señalaba con el dedo el rostro de su hija.

“¡Has arruinado la reputación de nuestra familia!”, exclamó Deanna, levantando las manos en el aire por la frustración.

Luego se volvió hacia su esposo y le agregó: “Los Mendez querían fortalecer nuestro vínculo comercial a través de un matrimonio. Tu papá dijo que dejaría que Eunice se casara con un miembro de la familia, pero aquí estamos. Esa…”.

Deanna quería maldecir y descargar su ira sobre Eunice, pero se detuvo después de pensarlo dos veces.

Negando con la cabeza, Leonel dijo: “Ella no se lo merece. Mejor dejemos que Estrella se case con alguien de los Mendez”.

Al escuchar ese cambio de planes, Deanna sonrió con satisfacción y miró con orgullo a su hija.

El rostro de Estrella se iluminó de inmediato. Apenas conteniendo su emoción, la chica aplaudió y comentó: “¡Fantástico! Siempre me ha gustado Rufus”.

Leonel asintió con aprobación. Sin embargo, de repente su expresión se volvió lívida una vez más, y continuó reprendiendo a Eunice.

A diferencia de su media hermana, a esta última no le importaba en lo absoluto un compromiso matrimonial. A pesar de haber recibido comentarios groseros y amenazas graves por parte de su papá y de su madrastra, lo único en lo que ella podía pensar era en su embarazo.

La única posibilidad que se le ocurrió donde pudo haber quedado embarazada fue en la reunión de exalumnos a la que asistió tres meses atrás. Se había embriagado de tal manera después de tomar una copa de vino, que no podía recordar lo que había sucedido después.

Leonel y Deanna continuaron reprendiendo a Eunice, pero ella no respondió ni se defendió. Satisfechos de que la chica por fin parecía haberse dado cuenta de su error, la pareja se dispuso a ver la televisión con Estrella, ignorando a la angustiada Eunice durante las próximas horas.

Mientras cambiaban de canal, una noticia de última hora captó su atención. “Esta es una actualización acerca del sucesor de la poderosa familia Lawson. Después de haber sido perseguido por sus enemigos y de sufrir múltiples puñaladas, aún no ha sido localizado. Lleva más de tres meses desaparecido. La policía y sus familiares han intentado por todos los medios localizarlo, pero aún se desconoce su paradero. Si cuentan con alguna información que pueda ayudar, llamen al número que aparece en su pantalla”.

Tres años después, Eunice se bajó del tren en la estación de Orley. Su esbelta figura estaba bien envuelta en una elegante gabardina. Con el pelo hasta los hombros y un maquillaje ligero, lucía muy delicada y hermosa. Llevaba una gran maleta blanca en una mano, y sostenía la mano de un niño pequeño con la otra.

El chiquillo llevaba puesta una gorra de béisbol y una hermosa chaqueta de mezclilla. Entonces miró a su mamá y, con voz dulce le preguntó: “Mami, ¿vamos a ir a buscar a mi madrina?”.

“No, aún no. Primero vayamos al hotel y descansemos un poco. Nos reuniremos con ella esta noche”, respondió la mujer con una leve sonrisa.

Había algunos asuntos importantes con los que tenía que lidiar primero. Tan pronto como madre e hijo llegaran al hotel y dejaran su equipaje, Eunice tendría que poner manos a la obra. Aparte de eso, había concertado una cita con su amiga, Delia Cortez, para cenar esa noche. Sin duda sería un día muy ocupado para Eunice.

“¡Oh! De acuerdo, mami”, respondió el niño con una amplia sonrisa.

Y así, Eunice y su hijo se dirigieron a la parada de taxis. Mientras se acercaban a un taxista para que los llevara a su hotel, no se dieron cuenta de que dos hombres los observaban desde la distancia.

Junto a una valla publicitaria había dos hombres vestidos de traje. Uno de ellos emanaba un aura muy fuerte, y la mayor parte de su rostro estaba cubierto por unas gafas de sol. Cuando miró a Eunice y al niño, su corazón comenzó a latir con fuerza.

“La señorita Moore y su hijo probablemente se dirigen al hotel”, susurró el otro hombre, cuyo nombre era Julius Nelson y era el asistente del otro.

Apenas el día anterior Julius había averiguado esa información. Eunice había reservado una habitación de hotel en Orley dos días atrás.

El hombre alto no respondió. En cambio, mantuvo los ojos fijos en las figuras de la madre y el hijo que se alejaban.

Una vez que el taxi se alejó, el hombre se volvió hacia Julius y le ordenó: “Síguelos”.

A bordo del vehículo, Eunice miraba por la ventana con su hijo durmiendo en su regazo. Mientras la mujer observaba el ajetreo y el bullicio de la gran ciudad pasar ante sus ojos, una ráfaga de pensamientos entró repentinamente en su mente.

En ese fatídico día en el que se enteró de que estaba embarazada, tres años atrás, su amargado padre y su madrastra la expulsaron de la familia Moore. Debido a su delicada condición física, el aborto no era una opción para ella, de modo que huyó al campo para pedirle ayuda a su tía.

Cuando Eunice se sometió a otro examen físico en el hospital allí, se sorprendió al descubrir que estaba esperando trillizos. El día de su parto, dos de sus bebés sufrieron complicaciones y perdieron el aliento en cuanto nacieron. Solo el último bebé nació sanito.

Después de ese día, Eunice lloraba todos los días, lamentando la pérdida de sus otros dos hijos. Con su único bebé a su lado, tuvo que convertirse en una madre cariñosa y responsable, dispuesta a salir de la depresión.

Sin embargo, la mujer había pasado por muchas dificultades en los últimos tres años. Afortunadamente su tía era muy buena tanto con ella como con su hijo. El niño era obediente y considerado con ella, lo que facilitó un poco la vida a Eunice como mamá. Estaba muy agradecida con su tía y orgullosa de su hijo. Debido a la perseverancia de Eunice, su vida mejoró gradualmente.

En ese momento, mientras la mujer sostenía a su hijo con fuerza, solo esperaba que pudiera crecer para convertirse en un buen hombre y que todo en su vida fuera lo más tranquilo posible.

Tan pronto como llegaron al Hotel Klein, Eunice despertó con cuidado a su hijo. Después de que se bajaran del taxi y cuando estaban a punto de entrar al vestíbulo, el celular de Eunice sonó.

Era una llamada de Delia. Entonces la mujer llevó a su hijo a un lado y le dijo: “Brent, mamá necesita hablar con Delia. Puedes ir a echar un vistazo, pero no te alejes demasiado y no corretees, ¿de acuerdo?”.

“Sí, mami. Iré al jardín a ver las flores”. Después de que Eunice asintiera, Brent trotó hacia el jardín que se encontraba no muy lejos de ahí.

Al ver que su hijo estaba al alcance del oído, la mujer respondió la llamada.

“¡Hola, Eunice! ¿Llegaron ya a Orley?”, preguntó Delia con preocupación.

“Sí. Estamos a punto de entrar en el hotel. Después de registrarme, programaré una reunión de negocios con Grupo Frazier. Tengo que arreglar las cosas de una vez por todas”, respondió Eunice con voz seria.

La mamá de Eunice había heredado Grupo Fraizer de su papá. La mujer siempre había deseado que su hija se hiciera cargo de la empresa una vez que creciera. Sin embargo, falleció inesperadamente, dejando a su esposo, Leonel, en el cargo de presidente interino.

Recientemente se informó en los noticiarios que Leonel tenía planes de vender esta empresa y registrar una nueva en la que Deanna sería la representante legal. Esa información tan impactante no le cayó nada bien a Eunice, por lo que haría todo lo necesario para detener los planes de su papá.

No podía permitir que la empresa de su abuelo fuera vendida a otro grupo empresarial. Además, nunca dejaría que Deanna obtuviera una parte de las ganancias de la venta.

“Ve y recupera lo que te pertenece. Ten la seguridad de que cuentas con mi apoyo. ¡Te deseo la mejor de las suertes!”, exclamó Delia con determinación.

“Así lo haré y te sentirás muy orgullosa de mí. Gracias”. Tras escuchar las palabras de aliento de Delia, Eunice se sintió más confiada de sí misma. Y así, las dos amigas continuaron charlando y planificando sus actividades para los siguientes días.

Mientras Brent deambulaba por el jardín, decidió recoger algunas flores para obsequiárselas a su mamá. Pero de pronto, un anciano que vendía globos de dibujos animados al otro lado de la calle captó su atención. El chiquillo se emocionó tanto, que quería echar un vistazo más de cerca.

Justo cuando se echó a correr, vio a un ciclista que se dirigía a toda velocidad en su dirección. Como ambos estaban en curso de colisión, parecía que nada podría evitar el accidente. Entonces, una voz preocupada resonó en los oídos de Brent.

“¡Cuidado, niño!”.