La hermana consanguínea no quería casarse con el prometido que se rumoreaba que era feo y carecía de capacidad sexual, por lo que su madre biológica se arrodilló y le suplicó, -Tu hermana se merece un hombre mejor. ¡Tienes que ayudarla!-Ella estaba amargamente decepcionada y se casó en lugar de su hermana. En la noche de la boda, el apuesto hombre frunció el ceño y la miró, -Es tan fea.-Ella pensó que se respetarían a partir de ahora, pero inesperadamente él la abrumó directamente y le dijo, -No importa lo fea que seas, también eres mi mujer. -Ella lo miró horrorizada, -Tú… no puedes …-El hombre se quitó las capas de su disfraz, miró su rostro originalmente hermoso, sonrió con malicia, -Parece que tenemos malentendidos entre nosotros.-
Yadira Jiménez se sentó frente al espejo del tocador en un estado de trance, esperando que la estilista entrara para maquillarla.
De repente, la puerta se abrió y Salia Costa, su madre, entró ansiosamente.
Al ver que Yadira tenía el cabello desordenado y solo tenía puesto su larga chaqueta gris hecha de algodón, frunció el ceño y le replicó:
-La familia Dominguez ya está aquí. ¿Por qué ni siquiera te has cambiado de ropa?
Yadira empujó sus gafas de montura negra sobre su nariz, cerró sus párpados y algo aturdida dijo:
-Mamá, ¿de verdad quieres que me case con el prometido de mi hermana?
Salia pensó que su hija se iba a hechar para atrás, así que su rostro palideció de miedo.
Los guardaespaldas de la familia Dominguez ya estaban esperando fuera, de modo que un paso en falso podría arruinar a la familia Jiménez.
Su madre lo sabía, así que se arrodilló frente a Yadira y con desesperación dijo:
-Yadira, te lo ruego, tu hermana se merece un hombre mejor. ¡Tienes que ayudarla!
Al escuchar las súplicas de su madre, la mirada de Yadira gradualmente se tornó frío.
A pesar de que Salia era su madre biológica, esta entregó todo su amor a los hijos que tuvo su difunto esposo con su exesposa. Encima, ella sabía muy bien que el prometido de su hijastra era feísimo, de manera que ella no podría llevar una vida normal junto a él, con esto en mente, su madre obligó a Yadira a tomar el lugar de su hermana, obligñandola a casarse con él.
Uno de los sirvientes amablemente pidió que salieran, diciendo:
-Señora Salia y señorita Yadira, los guardaespaldas de la familia Dominguez ya están subiendo por las escaleras.
Yadira no ayudó a su madre a ponerse de pie, solo la miró y con indiferencia dijo:
-Levántate por tu cuenta, que yo me voy-.Esta vez, Yadira realmente estaba decepcionada.
Cuando ella abrio la puerta, vio la silueta de unos desconocidos esperandola fuera, estos eran los guardaespaldas enviados por la familia Dominguez para recogerla.
No hubo boda ni novio, pero ella ya se había casado.
-Vamonos-.dijo ella y se adelantó para bajar primero por las escaleras.
La familia Dominguez era una familia de primera en Ciudad Mar, teniendo como único heredero a Delfino Dominguez, este tenía la cara desfigurada como resultado de un secuestro ocurrido hace diez años, por lo que no pudo seguir viviendo con normalidad.
Después de lo ocurrido, Delfino no volvió a aparecer en público, en consecuencia, por los alrededores se exparcieron ciertos rumores que decían que él era un hombre horrendo, cruel y aterrador, y que todas las mujeres que fueron enviadas a su casa no habían salido con vida.
Como Yadira tenía el corazón roto en mil de pedazos por la treta de su madre, a ella no le importaba si Delfino fuese el mismísimo diablo.
…
Después de llegar a la villa de los Dominguez, los guardaespaldas la acompañaron hasta una habitación y se fueron.
No fue hasta que el cielo se tornó oscuro que la puerta se abrió de nuevo. Entonces, Yadira giró la cabeza y vio la silueta de un hombre alto entrando a la habitación, este cerró la puerta y encendió la luz.
El repentino cambio del ambiente hizo que ella levantara su mano para cubrir la luz, luego levantó su cabeza para mirar al hombre, después de un vistazo, ella quedó atónita. Esto último no era porque el hombre fuera feo y terrible, por el contrario, él era demasiado guapo.
Aquel hombre, que llevaba puesto un traje oscuro que cubría su robusto y erguido cuerpo, tenía las piernas largas y fornidas y su rostro presentaba una forma sólida y perfecta, como una obra de arte finamente elaborada. En resumen, él era excepcionalmente guapo, aunque daba a los demás una sensación de opresión.
Él, Delfino, se acerco y examinó detenidamente a Yadira durante unos segundos, para luego fruncir sus cejas y decir directamente: -Eres fea.
No se pudo distinguir alguna emocion en su tono de voz.
Ella, que estaba en un estado de trance, volvió a hacer funcionar su cerebro sin importarle mucho que él le dijera fea.
-¿Quién eres tú?- Preguntó ella con una mirada indiferente.
Aquel hombre, la miro con sus oscuros ojos y una mirada fría, y con voz profunda respondió con otra pregunta: -¿No sabes con quién te casaste?
A medida que él se acercaba, ella se estremecía por el aliento helado de Delfino. Un sentimiento agudo oprimió su pecho, pero aún así, ella se mantuvo erguida y respondió: -¡Por supuesto que sé con quién me case, su nombre es Delfino!-
La frialdad de aquel hombre desapareció gradualmente cuando escuchó su respuesta. Entonces, un rastro de luz apareció en sus ojos, ya que ella no parecía ser como las otras mujeres, que creían en los rumores.
A pesar de estar casada con un hombre “feo e incapacitado”, su expresión era demasiado tranquila, y dicha calma hizo que él sientiera cierto interés.
Así que Delfino, sonriendo pretenciosamente dijo: -Resulta que eres mi cuñada. Yo soy el primo de Delfino, Fidelio Dominguez. Supongo que en la noche de tus nupcias, no querrás pasarla con aquella persona DIS-CA-PA-CI-TA-DA.
En un trato, estaba embarazada del hijo de un desconocido. Después se vio obligada a casarse con el hombre con quien había contraído el vínculo matrimonial cuando era niña.
Creía que su matrimonio no era más que un negocio, sin embargo, después de casarse, poco a poco se enamoró de él.Diez meses depués, estaba a punto de dar a luz.
Justo cuando su marido la obligó a firmar el acuerdo de divorcio, se dio cuenta de cuánto lo amaba.
Años depués, se encontraron por la divina providencia, le dijo, -¡Vuelva comigo, mi amor! Siempre te he amado a ti solamente.
-Le contestó ella sonriendo, -Eres solo mi ex-marido.-
La temperatura cálida empezó a envolverla lentamente desde la espalda y la respiración del hombre daba en sus oídos
—Es tu primera vez, ¿Tienes miedo?
La voz del hombre era baja y la nuez de garganta se vibró, mientras intentaba conquistar la mujer delante de él.
Una extraño aliento estaba rodeando sus oídos, haciéndola temblar, pero no se atrevía a emitir ningún sonido.
Cynthia Flores pareció sentir que el hombre se quedó pasmado por un momento, y luego su voz volvió a sonar:
—Todavía puedes rechazarme, si no quieres hacerlo.
Ella apretó las manos con fuerza y negó con la cabeza.
—No me arrepentiré…
Tenía 18 años, y serían los años más hermosos en su juventud, pero…
Con un duro empujón de la parte inferior del cuerpo del hombre, un dolor insoportable la hizo temblar y las lágrimas inundaron sus ojos.
En ese momento, el hombre que estaba encima de ella volvió a aumentar su intensidad.
Cynthia se mordió el labio inferior con agravios, respondiendo a los empujones del hombre de uno en uno, sufriendo el dolor de ser desgarrada por completo por primera vez.
Sin embargo, mantuvo intacta la última parte de su dignidad cuando permanecía en los brazos del hombre, guardando silencio.
Era su primera vez, y la noche era dolorosa y larga. El hombre que se movía encima de ella no conocía el cansancio, manipulando el cuerpo de ella como una forma de satisfacer sus propios deseos…
Finalmente, en medio de la noche, el hombre se levantó y fue al baño, entonces Cynthia se bajó de la cama arrastrando su cuerpo cansado, se vistió y salió de la habitación.
En la entrada del hotel estaba la mujer de mediana edad que le había presentado ese negocio. Cuando vio salir a Cynthia, le entregó una bolsa negra:
—Esta es tu recompensa.
Cynthia no dudó para cogerlo de inmediato. Con el dinero, salió corriendo rápidamente, ignorando incluso el dolor que sentía en las entrepiernas, solo quería llegar al hospital lo antes posible.
El cielo todavía no estaba iluminado, por eso el pasillo estaba muy silencioso. Había dos camillas en el piso frente al quirófano, como no habían abonado el dinero, aún no podían llevarlos al quirófano.
Viendo esa escena, Cynthia sintió una gran angustia en su interior y sollozó diciendo:
—Tengo dinero, tengo dinero, salvad a mi madre y a mi hermano…
Sollozando le dio el dinero que tenía en la mano al médico. El médico echó un vistazo y le pidió a la enfermera que lo contara, sólo entonces el personal médico llevó a los heridos al quirófano.
Como no vio que llevaban a su hermano, Cynthia corrió hacia adelante, agarró al médico y le suplicó:
—Y mi hermano, sálvalo por favor…
—Lo siento, ya no hay nada que podamos hacer por tu hermano… —El doctor suspiró.
¡¿Era demasiado tarde?!
Estaba impactada, era un golpe muy fuerte para Cynthia, incluso sintió que el mundo perdió sus colores en un instante…
Le dolía, parecía que alguien la estaba apuñalando con un cuchillo en el pecho. Ella sentía tanto dolor que se cayó al suelo con convulsiones y espasmos. Hacía ocho años, cuando tenía diez años, su padre fue infiel a su madre y la abandonó. Además, envió a su madre embarazada y a ella a ese lugar desconocido en el extranjero.
Más tarde, nació su hermano pequeño, y se descubrió que padecía autismo a la edad de tres años. Ya estaban viviendo una vida muy difícil, por lo que la enfermedad de su hermano empeoró las cosas. Ella y su madre trabajaban a tiempo parcial para otros, y más o menos podían sobrevivir con eso, pero un accidente de coche le hizo sentir lo que realmente era desesperado en un lugar extranjero donde no tenía familia, dinero ni preocupación local.
Sin más remedio, ella se vio obligada a venderse a sí misma, pero aun así no pudo salvar a su hermano.
Había una especie de dolor que no se necesitaba ponerse histérico para sentirse incómoda. Le costaba respirar con normalidad, el cielo a sus ojos estaba gris, pero tenía que aceptarlo, y tenía que aceptarlo con una sonrisa, porque ella todavía tenía a su madre.
Su madre la necesitaba.
Después del tratamiento, la salud de la madre mejoró, pero se vino abajo cuando se enteró de la muerte de su hijo.
—Mamá, todavía me tienes a mí, aprecia tu vida por mí —Cynthia abrazándola y dijo llorando.
Durante el mes en el hospital, Isabel Cambeiro a menudo se sentaba en el borde de la cama aturdida. Cynthia sabía que extrañaba a su hermano menor. Si no fuera por ella, su madre se habría suicidado. Aunque fue expulsada de la escuela porque tenía que cuidar a su madre, lo bueno era que las heridas de su madre habían mejorado mucho.
Entró al hospital con comida y se dirigió a la puerta de la habitación de su madre. Cuando levantó la mano para abrir la puerta, escuchó el sonido del interior…
Estaba familiarizada con esa voz y, aunque habían pasado ocho años, todavía recordaba claramente cómo obligó a su madre este hombre a divorciarse de él.
Después de enviarlos allí, nunca vino a visitarlas, pero ¿qué intención tenía de aparecer de repente allí hoy?
—Isabel, la señora de la familia Paramés, Fernanda Bezos, ella y tú erais mejores amigas en ese momento. Por lo que es lógico que tu hija se case para el matrimonio concertado que habéis hecho en ese momento…
—¡¿Qué quieres decir con eso, Ismael Flores?!
Isabel era delgada, pero dejando de lado que estaba herida, luchó por golpearlo.
Arregló a ella y a su hija en ese lugar desconocido, y nunca se preocupó por si estaban vivas aún. ¿Ahora venía y quería que su hija se casara?
—El señorito de la familia Paramés también es el hijo de tu mejor amiga, es guapo. Además, ya sabes lo poderoso que es la familia Paramés, solo gozará de una vida buena si se casa…
Su voz se volvió más baja al final.
El señorito de la familia Paramés era un hombre noble y guapo, pero hacía un mes lo mordió una culebra venenosa cuando se fue al extranjero de negocios, entonces sufrió una parálisis en las piernas y se quedó discapacitado e impotente.
Casarse con él era como vivir como una viuda.
—Me casaré —Cynthia abrió de repente la puerta y dijo—, puedo casarme con él, pero tengo unas condiciones.
Ismael miró hacia la puerta y vio a esa hija que no había visto en ocho años, estuvo aturdido durante unos segundos. Cuando la trajo aquí, todavía era una niña de diez años, pero ahora ya se había convertido en una adulta. Tenía una piel blanca y delicada, no obstante, era demasiado delgada. Su cara ni siquiera tenía el tamaño de una palma y no se veía para nada linda, porque parecía como si no estuviera bien desarrollada.
No era tan encantadora como la hija pequeña que tenía en casa.
La lástima que sentía en su interior se disminuyó un poco. Después de todo, ella no era tan guapa, así que no será demasiado injusto para ella casarse con un esposo impotente.
Después de pensarlo de esa manera, Ismael no consideró que estuviera haciendo algo fuera de lo normal.
—¿Qué condiciones? Dime. —preguntó él.
—Quiero regresar a casa con mi madre, luego tienes que devolvernos todas las cosas que le pertenecen a mi madre. Solo de eso modo aceptaré casarme con él.
Cynthia apretó las manos repetidamente y se calmó lentamente.
Aunque hacía mucho que no estaba en su país natal, había oído hablar de la familia Paramés cuando era niña. La familia era enorme, con más de diez mil millones euros de bienes. El señor de la familia Paramés naturalmente era alguien noble, por lo que Cynthia pensaba que la oferta era demasiada buena para ser verdad. Era muy posible que el señorito de la familia Paramés era feísimo o tenía algún defecto físico.
Pero, aun así, era una buena oportunidad para que ella regresara a su país. Si la aprovechara bien, también podría recuperar la dote que su madre llevó cuando se casó.
—Cynthia…
Isabel quería persuadirla de que el matrimonio no era ninguna broma.
Ella ya había sufrido mucho por el matrimonio, y no podía dejar que su hija pusiera su matrimonio en juego.
Cuando Ismael escuchó eso, le preocupó que Isabel convenciera a Cynthia de que no se casara, por eso dijo rápidamente:
—Está bien, mientras estés dispuesta a casarte, te dejo que vuelvas a casa.
—¿Y la dote de mi madre? —Cynthia miró a su padre nominal y preguntó con una voz extremadamente fría.
Era cierto que cuando Isabel se casó con él trajo una dote que era mucho dinero. Ahora a Ismael le dolía mucho devolvérsela.
—Papá, esa hermana pequeña que tengo debería ser muy hermosa, se merece algo mejor. Si se casa con un hombre con un defecto físico, su vida feliz se acabará. Además, mi madre y tú ya están divorciados, debes devolverle todo lo que ella le aportó a la familia Flores.
Ismael apartó la mirada con su conciencia culpable y no se atrevió a mirarla, dudandose cómo sabía ella que el señorito de la familia Paramés era un discapacitado si siempre había estado viviendo en el extranjero todos esos años.
Ismael no sabía que Cynthia solo hizo una suposición.
Simplemente haciéndose la idea de que su hija pequeña se iba a casar con un hombre discapacitado, Ismael dijo a regañadientes:
—Te lo daré cuando te cases.
«¿Cómo podré dejar que mi hija pequeña se case con un hombre impotente? No importa cuán digno fuera, si tiene disfunción eréctil, ¿no es como un hombre inútil?»
Pensando en eso, Ismael se sintió mejor, pero su odio por Cynthia aumentó un poco.
—¡Tu madre no te ha educado bien, no tienes nada de educación! —Ismael la miró y dijo con frialdad.
Cynthia quería decir que él como padre no era responsable, no se había preocupado por ella desde que la dejó allí. Pero no debería hablar de esto en ese momento, no tenía ventajas suficientes para negociar con él todavía, de modo que no era bueno para ella enojar a Ismael.
En el chalet independiente situado en las afueras de la capital, de vez en cuando se oyen tímidos ruidos de golpes procedentes del dormitorio principal.
—Despacito…
—¡Ay!
Mariana Ortiz frunció el ceño con incomodidad y se frotó con fuerza las sienes, tratando de aliviar el dolor.
—Señor, señora, el desayuno está listo —la voz de la vieja sirviente Señora Sana vino desde afuera de la puerta.
—Espera un momento, bajaré ahora mismo…
Justo cuando se movió, ella sintió un dolor ardiente entre las piernas y se dio la vuelta, con sus largas piernas naturalmente estiradas hacia delante.
«¿Qué? ¿He presionado contra algo duro?»
Mariana abrió los ojos aturdida y, de un vistazo, vio aquel rostro apuesto que aún rezumaba sudor. Aunque dormía con los ojos cerrados, la frialdad de su entrecejo seguía siendo aterradora. Recordando «señor, señora» que acababa de decir Señora Sana, las pupilas de Mariana se estrecharon de repente y gritó:
—¡Ah!
El grito de la mujer rompió el silencio de la madrugada.
Aunque Leopoldo Durán estaba muy cansado, se despertó en ese momento.
Sus hermosas cejas se enarcaron y sus ojos se abrieron ligeramente, su fría mirada recorrió el dormitorio antes de posarse finalmente en la mujer junto a la almohada,
—¿Por qué estás aquí? ¿Tuvimos sexo anoche?
La cara de Mariana se puso repentinamente roja y se agarró a las sábanas avergonzada:
—¡Voy al baño!
Sin atreverse a mirar de nuevo a ese hombre, Mariana se precipitó al baño presa del pánico y cerró la puerta de golpe, provocando un fuerte ruido.
La puerta de cristal esmerilado reflejaba vagamente la delicada figura de Mariana, Leopoldo frunció el ceño y se levantó de la cama.
La colcha cayó de su cuerpo, dejando a la vista la llamativa mancha roja de sangre en la sábana.
La atención de Leopoldo se atrajo de inmediato y sus ojos se volvieron repentinamente profundos.
«Ella…»
«¿Tiene sexo por primera vez?»
Diez minutos más tarde, Mariana terminó lentamente de ducharse, se cambió de ropa y bajó del piso de arriba. Justo al llegar a la escalera, vio a Leopoldo sentado en la mesa del comedor y comiendo, con un porte elegante.
Él llevaba una camisa negra.
Al ver esto, el hombre frunció los labios y dejó el cuchillo y el tenedor, como si ya hubiera comido lo suficiente. Se levantó y cogió la chaqueta que le entregó la criada y se la puso.
—Oye…
Mariana se quedó de pie, incómoda, sin saber qué decir.
Leopoldo estaba mirando hacia abajo y arreglando los botones, cuando escuchó su voz, el movimiento de sus manos se detuvo y levantó la vista con el ceño fruncido.
Esta mirada hizo que Mariana cada vez más culpable, agarrándole las manos de forma poco natural,
—Creo que lo que sucedió anoche fue un accidente… vamos a…
Tan pronto como dijo esto, la persona de abajo la interrumpió:
—Lo que pasó anoche —la voz grave de Leopoldo resonó en la gran sala, su mirada se posó precisamente en ella—, Bebí demasiado anoche y sucedió algo fuera del contrato. Me comuniqué con el abogado, se te pagará toda la compensación de acuerdo con el acuerdo pre-nupcial que firmamos antes.
Él siguió mirándola fijamente:
—Si necesitas algo más, puedes decirlo ahora.
—Es que…
Mariana no esperaba que mencionara el acuerdo pre-nupcial, ni que su actitud fuera tan tranquila cuando dijera esas palabras.
Antes del divorcio, Doria Aparicio era una mujer con una mente maliciosa a los ojos de Édgar Santángel, que haría cualquier cosa para lograr sus objetivos.
Después del divorcio, Édgar Santángel dijo con calma: -Si te arrepientes, puedo considerar darte otra oportunidad-.
—¡Feliz tercer aniversario de bodas! Vuelve a casa temprano, te prepararé una sorpresa, y estoy segura de que te encantará.
Después de enviar el mensaje, Doria Aparicio dejó su teléfono y volvió a la cocina, apagó el fuego del hornillo, y se fue a cortar las verduras. Aunqeu estaba muy ocupada, se sentía encantada por los preparativos.
Él no le había contestado su mensaje, pero al parecer, eso no afectó su buen humor.
La sirvienta dijo,
—Señora, déjeme ayudarla.
Entonces, Doria respondió,
—No. No es necesario, tú haz lo tuyo. Esta noche, yo quiero prepararle una comida especial hecha por mí misma.
La sirvienta afirmó con cierta envidia,
—Ustedes están tan enamorados.
Doria sonrió torpemente, pero no le respondió.
¿Enamorados, ella y Édgar Santángel?
No se trataba de una relación de afecto, más bien se trataba de una actuación.
A las siete de la tarde, Édgar Santángel llegó a casa y la sirvienta se retiró sabiamente.
Tan pronto como Doria puso la mesa, sintió el caluroso aliento del hombre sobre ella. Ella giró la cabeza y sus labios fueron sellados bruscamente por los labios de su amado. Ella quedó aturdida por un momento, después lo apartó con las manos.
Édgar se acercó y con una mano agarró la cintura de Doria, mientras que con la otra mano tomaba fuertemente su barbilla. Sus ojos azules se entrecerraron levemente y con frialdad dijo,
—Me pediste que volviera temprano, ¿es solo por esto?
Doria explicó en voz baja,
—No, hoy es nuestro tercer aniversario. En efecto, tengo un regalo para ti.
Édgar la soltó, y arregló la camisa arrugada ligeramente, dijo,
—¿Regalo? No lo necesito. Después de todo, tus sorpresas siempre me asustan sin alegría.
Doria frunció los labios, y se dio la vuelta a la cocina sin replicar.
Pronto, el ultimó plato ya estuvo en la mesa.
Doria se sentó frente a Édgar, se sirvió vino tinto en su copa y se lo sirvió a sí mismo.
Cogió la copa de vino,
—Para celebrar nuestro tercer aniversario, salud.
Bajo la luz, los rasgos faciales del hombre eran hermosos. La línea de la mandíbula inferior era limpia y profunda, y la nariz era recto. Se mordió el labio fino ligeramente, lo que indicó que no estaba satisfecho con este aniversario de solo dos personas.
Doria sonrió y no esperaba que él respondiera a ella, así que tomó la copa de vino tinto y se la bebió con la cabeza levantada.
Después de beber, continuó sirviéndose una segunda taza.
Una y otra copa.
Al final, Doria se emborrachó un poco, y miró al hombre pegando a la mesa, cuya expresión siempre era así. El tono de Doria se alargó un poco más,
—Édgar Santángel, ¿no puedes sonreírme en este día tan especial?
—¿Qué quieres, que me vuelva loco contigo o que pase este aniversario extremadamente aburrido contigo?
—¿Cómo puede ser aburrido? ¿Cuántos aniversarios de bodas puedes tener en la vida? Tal vez después de esto, no habrá el otro.
Parecía haber oído una broma, Édgar se rió suavemente,
—¿Lo dejarás pasar?
Doria agitó la copa, sus ojos estaban humedecidos bajo la suave luz,
—Debería ser… no.
Édgar no quería perder el tiempo aquí con ella y subió las escaleras.
Muy molesto, se quitó la corbata y la chaqueta, cuando estaba a punto de desabrocharse la camisa, lo envolvió por un par de suaves manos detrás de él, y el olor a vino lo siguió, muy abrumador.
Doria dijo,
—Un momento, todavía no te doy el regalo…
Édgar se dio la vuelta, metió las manos en los bolsillos del pantalón y la miró en silencio.
Las mejillas de Doria se sonrojaron y un par de ojos espléndidos lo miraron con inocencia, haciendo que el hombre no pudiera desviar la mirada.
Rozando la manzana de Adán, Édgar pensaba, aunque no quería admitir, la persona frente a él era indudablemente hermosa, y poseía suficiente atractivo para los hombres.
Si no, no habría sido engañado por ella.
Más abajo, estaban los labios que se habían empapado en vino tinto, rojo y vivo.
Cuando esas manitas se metieron en su camisa, él le levantó la barbilla casi sin dudarlo, puso los labios en su boca, y la apartó con fiereza.
Doria sintió dolor, y resopló suavemente.
Cuando llegaron a la cama, sus ojos ya estaban borrosos, solo enganchándole el cuello.
El hombre le puso las manos a la cintura. Los ojos entrecerrados, como una burla silenciosa,
—¿Dijiste que no querías, no?
—¿No sabes que cuando una mujer dice que no quiere, es en realidad lo contrario?
Édgar hizo una mueca, y la besó otra vez.
Doria tomó la iniciativa esta noche, le mordió los labios y el olor a sangre llenó de las bocas.
Este beso, como un juego, quien ganara pudiera dominar a la otra parte.
Justo cuando estaba a punto de alcanzar el condón de la mesilla, Doria dijo de repente,
—Édgar, divorciémonos.
El hombre que estaba suspendido sobre ella, preguntó,
—¿Qué dijiste?
Aunque Doria sabía que escuchaba con claridad, repetía otra vez,
—Divorciémonos.
Édgar perdió todo interés en un instante, y se puso de pie lentamente, respondió con una voz fría,
—¿Cuánto quieres?
Ella siempre así, para obtener dinero, tenía un sinfín de trucos.
—No quiero ni un centavo.
Doria sacó los papeles de divorcio de su almohada,
—Míralo, puedes firmarlo si no hay problemas.
Édgar se veía terrible,
—Doria Aparicio, será mejor que lo dejes en el momento oportuno. No tengo tiempo para gastar en los trucos tan aburridos contigo.
—Te dije que te voy a dar una sorpresa esta noche, mira, es un suceso feliz, que vale la pena celebrar todo el mundo, ¿no?
Édgar la miró con expresión pasible, y sintió que su sonrisa era un poco deslumbrante.
Doria se rio,
—Édgar, feliz divorcio.
Édgar frunció sus labios, y unos segundos después,
—¿Hablas en serio?
Doria asintió,
—¿Qué te parece? Es solo una sorpresa, no es un susto.
—Está bien, no te arrepientas.
Después de decir esto, Édgar se fue sin piedad.
La puerta se cerró con un golpe.
Doria miró los papeles de divorcio que Édgar ni siquiera los había echado un vistazo. Estuvo en silencio durante mucho tiempo y finalmente se rio con renuencia.
Doria, feliz divorcio a ti también.
Esa noche, Doria empacó todo.
Y todas sus cosas estaban solo en una maleta.
Ni siquiera tomó las joyas, los bolsos, los zapatos y la ropa que compró Édgar, porque él no se los dio voluntariamente. Estas cosas glamorosas se volvieron llamativas cuando se divorció de él.
Para ella, las cosas no funcionaron en absoluto.
Cuando se fue, Doria miró los papeles de divorcio que estaban sobre la mesa helada y lo recogió.
Al pasar por el comedor, Doria miró la mesa de allí, el cubierto de Édgar estaba limpia y brillante, obviamente, no se había usado en absoluto.
Este aniversario era tan impopular, lo que era enteramente previsible.
Pero, afortunadamente, era también el aniversario del divorcio.
Cuando Édgar lo recordará más tarde, al principio pueda haberse molestado, y reírse después.
Esto podía ser lo más satisfactorio que había hecho desde que se casó durante tanto tiempo.
Sentado en el taxi, Doria de repente se sintió aliviado, viendo el paisaje que pasaba afuera.
Después de haber sido una señora de una familia rica y poderosa durante tres años, estaba a punto de regresar a su barrio bajo.
-Señor Rolando Laguna, tienes que seguirnos de regreso a Ciudad Jing para heredar la propiedad de la familia Laguna-
-Tu madre espera disculparte por los errores del pasado y desea que puedas ignorar tu odio anterior y poner los intereses de todos en primer lugar-
-Como familia principal en País H, la Familia Laguna no puede existir sin un hombre al timón-
Rolando miró al anciano que se inclinaba frente a él con una actitud respetuosa, con una mueca de desprecio en su rostro.
-Esa mujer de corazón vicioso me echó de la familia para controlar a la Familia Laguna, y también me acusó de traidor.Tenía miedo de que tomara represalias contra ella y me obligó a ser un yerno ridiculizado en Ciudad Río, un pequeño lugar-
-Ahora que está gravemente enferma y piensas en mi existencia, ¿no crees que es demasiado tarde?-
-Estoy acostumbrado a ser el yerno de la Familia Galán en Ciudad Río. Estoy acostumbrado a que la gente diga que dependo de las mujeres para sobrevivir y que no puedo cuidar de la Familia Laguna. Así que deberías volver-
Después de hablar, Rolando se dio la vuelta, arrojó la bolsa de basura en su mano al basurero y se fue de aquí.
Aunque la identidad del heredero de la Familia Laguna podía conmocionar al mundo, Rolando no tenía esta idea en absoluto.
Desde entonces que fue expulsado de la casa, no sentía afecto por la Familia Laguna.
Ahora era el yerno de la Familia Galán, un familia segunda categoría de Ciudad Río, toda la gente de Ciudad Río sabían que Rolando era una persona inútil.
Nadie sabía que alguna vez había sido el señor de la Familia Laguna, que tenía un gran poder en Ciudad Jing.
Sin embargo, todos estos fueron momentos pasados. Aunque Rolando tenía una vida miserable ahora, ni siquiera tenía mil depósitos, pero no se arrepentía.
Rolando llevó la fruta en su mano y fue a la antigua casa de la Familia Galán. Hoy era el banquete de cumpleaños de Jorge Galán y todos los parientes de la Familia Galán asistirían.
La comparación era inevitable en esta ocasión, y Rolando hizo una broma a la familia de Brenda Galán.
Al comienzo del banquete, todos de la Familia Galán comenzaron a darle regalos a Jorge.
-Abuelo, sé que le gustan las antigüedades. Esta es la” Silueta de pesca en arroyos y montañas “de Tang Yin que encontré especialmente para usted. Por favor, acéptala- El nieto Román Galán sonrió y ofreció un rollo de fotos.
-Abuelo, compré esta esmeralda por un amigo extranjero y me costó mucho dinero- Eliana Galán, la nieta más favorecida, entregó un trozo de esmeralda.
…
Todos se apresuraron a dar regalos solo para hacer feliz a Jorge.
-Abuelo, ¿puedes … prestarme 500.000 yuanes? El orfanato no recauda donaciones de personas solidarias este año y es casi imposible mantenerlo. Si esto continúa, los niños se quedarán sin hogar …-
En este momento, Rolando, que estaba sentado al final de la mesa, habló.
Todos estaban alborotado.
La suegra Regina Molina se puso de pie directamente, señaló con el dedo la nariz de Rolando y maldijo- Tu cerebro fue pateado por un burro, ¿sabes de lo que estás hablando?-
La primera belleza en Ciudad Río, la esposa de Rolando, Brenda no pensó que Rolando le pidiera dinero a su padre en este momento, así que se levantó directamente de la silla y dijo- Abuelo, Rolando odavía no se ha despertado. No preste atención a lo que dijo-
Después de hablar, extendió la mano y pellizcó severamente el brazo de Rolando.
Hace tres años, cuando Silvana Carvallo estaba muriendo, encontró a Rolando y obligó a Brenda a casarse con él. Al principio, la diosa a quien todos envidiaban, cayó al fondo de repente.
Durante tres años, Rolando no trabajó, sólo lavando, cocinando y tirando basura durante todo el día. El nombre de persona inútil se extendió por toda parte de la Ciudad Río. La diosa originalmente orgullosa también se había convertido en una broma completa.
Y ahora, Rolando estaba comprometiendo a Brenda en la fiesta de cumpleaños de Jorge.
-Realmente ridículo, el banquete de cumpleaños del abuelo, incluso si no das un regalo, todavía te atreves a pedirle al abuelo medio millón yuanes. Rolando, ¿no eres suficiente para la vergüenza que nos has dado en los últimos años? El banquete de cumpleaños del abuelo, vas a pedir dinero, ¿quieres enfermar al abuelo de este método? –
Era Román quien estaba hablando, y siempre era considerado como el más orgulloso de la generación de Jorge.
-Me parece que este idiota es deliberado, y el orfanato es sólo una excusa. Quiere mentirle al dinero del abuelo para su propio uso. Con su coeficiente intelectual, probablemente no podría pensar en tal manera en absoluto, tal vez Brenda sea instigado por este asunto-
Dijo la nieta favorita de Jorge, Eliana, quien siempre estaba en desacuerdo con Brenda, y cada vez que tenía la oportunidad, calumniaba maliciosamente a Brenda.
Al darse cuenta de que estaba afectando a Brenda, Rolando rápidamente explicó- No, no, no, se lo pedí prestado al abuelo. No puedo conseguir tanto dinero recientemente. Definitivamente se lo devolveré al abuelo en un pocos diá.-
-Deja de decir tonterías aquí, eres sólo un inútil, ni siquiera tienes un trabajo. Realmente te lo presté, ¿qué vas a devolver?- Preguntó Román con desdén.
-Estoy de acuerdo. Eres un inútil que viniste de ese orfanato de mierda. Le pediste dinero al abuelo. ¿Quieres que abuelo cría un grupo de inútil como tú? Creo que es mejor que se cierre el orfanato rápidamente- Eliana se burló.
Rolando apretó los dientes mientras escuchaba las acusaciones hechas por la multitud. Hace muchos años cuando estaba en la calle sin casa, fue el orfanato lo acogió y pudo crecer. Ahora el orfanato enfrentaba dificultades y él quería hacer una contribución, pero fue demasiado repentino, no tenía tanto dinero, por eso quería pedir dinero.
Pensó que todos mostrarían amabilidad para ayudar al orfanato, pero no había pensado que sufriría tanta indiferencia. Pensando en los peligros del orfanato en su corazón, no estaba enojado.
Jorge ya estaba pálido en este momento. Miró a Rolando y gritó- Eres demasiado grosero. ¿Estás aquí para celebrar el cumpleaños o para crear problemas? Sal de aquí, mi banquete de cumpleaños no lo tolerará. Tú Rolando no podrá asistir a todos los banquetes de la Familia Galán en el futuro-
-Abuelo, el orfanato es realmente difícil hoy en día. Esos niños necesitan tu ayuda- Rolando apretó los dientes y se negó a darse por vencido, con una expresión sincera en su rostro.
Al ver la seriedad de Rolando, Brenda suspiró sin remedio y le dijo a Jorge- Abuelo, Rolando realmente quiere ayudar al orfanato. Creció en el orfanato y le tiene un profundo afecto, por favor lo ayudas-
Jorge resopló con frialdad y dijo- Creo que también te engañó ese inútil.
¡Sal con él, no te avergüences frente a mí!-
Al ver esto, Regina rápidamente le dijo Brenda- ¿Qué estás haciendo aturdido? Date prisa y llévate este inútil. Si hacéis enojar al abuelo, nuestra familia se arruinará.-
Sintiéndose impotente, Brenda se inclinó a Jorge y dijo- Abuelo, lo siento-
Luego arrastró a Rolando al exterior y salió.
-¡Tienes que cuidar de esta persona que no tiene nada que hacer, no le dejes salga y engañe a otros. Esto ensuciará la reputación de nuestra familia!- La burla de Román se podía escuchar detrás de él.
Fuera de la villa, Brenda soltó a Lin Rolando como un pedazo de basura.
-Brenda, lo siento, el orfanato es realmente difícil ahora. No puedo evitar pedir dinero al abuelo- dijo Rolando.
Con un poco de decepción en sus ojos, Brenda dijo- ¿De qué sirve una disculpa? Has ofendido al abuelo-
-El abuelo recientemente quiere comprar un edificio de oficinas de Grupo Nube. Es muy difícil de hacer. Grupo Nube desprecia a nuestra Familia Galán y se niega a venderlo. Ahora solo puedo pensar en una manera de hacerlo para compensar por tu culpa-
-Voy a la empresa, vuelves por sí mismo-
Después de hablar, caminó directamente hacia el frente.
-Brenda- gritó Rolando.
Brenda se detuvo, no volvió la cabeza, sino se atragantó y dijo- Rolando, me decepcionas mucho-
Después de hablar, se fue sin mirar atrás.
Rolando miró la espalda solitaria de Brenda y respiró profundamente, sintiéndose un poco culpable en su corazón.
No se quedó aquí. Después de que se fue Brenda, Rolando fue al orfanato.
Mirando la puerta oxidada del orfanato, Rolando estaba lleno de emoción. Entró y vio a muchos niños en cuclillas en el suelo sin saber lo que estaban haciendo. Se acercó y preguntó- ¿Qué estás haciendo?-
Un grupo de niños levantó la cabeza y vio que era Rolando, y todos mostraron sonrisas inocentes.
En los últimos años, Rolando iba al orfanato para ayudar cuando estaba libre, por eso muchos niños lo conocían.
-Hermano, estamos cavando verduras silvestres. Fatima Prats dijo que no tenemos suficiente comida. Vamos a cavar algunas verduras silvestres para comer, de modo que podamos guardar comida para los hermanos y hermanas menores- dijo un niño mayor.
Rolando miró fijamente las “verduras silvestres” desenterradas por estos niños. Eran simplemente malas hierbas.
¿Cómo podía un niño a esa edad distinguir cuáles eran verduras silvestres?
Sin embargo, cuanto más sucedieron esas cosas, más incómodo se sentía Rolando.
Después de instruir a los niños sobre algunas palabras, Rolando entró y llegó a la puerta de la habitación de Fatima. Dudaba un poco porque no podía pedir el dinero y no sabía cómo explicárselo a Fatima.
Fue acogido por el orfanato, y era Fatima quien lo había estado cuidando. Siempre consideró a Fatima como su salvador.
En este momento, la puerta se abrió por sí mismo y Fatima salió y vio a Rolando. Inmediatamente mostró una sonrisa amorosa y dijo- Rolando, no me dices que vendrías, entra y siéntate-
-Fatima, no voy a sentar. Sé que el orfanato está pasando por un momento difícil y todavía estoy pidiendo dinero, pero no te preocupes, definitivamente lo pediré- dijo Rolando.
-No tienes que preocuparte por el dinero. Hoy, una persona amable nos donó dos millones y nos dio mucha comida. Nuestras dificultades han pasado- Fatima pareció un poco aliviada.
Rolando se sorprendió y preguntó- ¿Una persona amable? ¿Quién es?-
-Soy yo- En este momento sonó una voz vieja.
Rolando se dio la vuelta y descubrió que un anciano había aparecido detrás de él sin saberlo.
-¿Por qué eres tú de nuevo?-
La expresión de Rolando se hundió de inmediato-¿No te dije que no me molestaras?-
El anciano se llamaba Aarón Freixa, el mayordomo de la Familia Laguna. Suspiró impotente y dijo-Señor, no termino de hablar en la mañana. Sé que es imposible aceptarlo en poco tiempo, pero la Familia Laguna puede esperar hasta cambias de opinión-
Y luego Aarón sacó una tarjeta bancaria negra de su ropa y se la entregó a Rolando.
-Esta tarjeta es una tarjeta negra del Banco Mundial, con sobregiros ilimitados. Sólo hay diez en el mundo. Puedes considerarte como la compensación de la Familia Laguna para ti a lo largo de los años-
-Además, su madre compró Grupo Nube en la Ciudad Río. Mientras firmes este contrato, la Finca Nube será tuya en el futuro-
-No lo quiero. Vuelve y dile a la mujer que no estoy interesado en todo sobre la Familia Laguna-
-No me molestes otra vez-
Aarón dijo- Pero señor, el orfanato no podrá sostenerlo sin el dinero. Después de cerrarse, estos niños se quedarán sin hogar-
Rolando frunció el ceño, aunque desdeñaba el uso del dinero de la Familia Laguna, los niños del orfanato realmente necesitaban este dinero para vivir.
Rolando pensó en lo que dijo Aarón y dijo con voz profunda- ¿Cuánto dinero hay en esta tarjeta?-
-Suficiente para comprar todas las propiedades de la Ciudad Río-
-Sr. Antonio, acaba de decir que quiere casarse, ¿puedo ser tu esposa?
-Tras encontrarse con la traición, Clara buscó a alguien que no conocía para casarse, y cada uno de ellos tomó lo que necesitó. Pero inesperadamente, este matrimonio era el giro de toda su vida. El camino por delante es incierto.
En esta vez, ¿es otro dolor sádico lo que encontrará Clara, o es una verdadera transformación de dulce amor, o es la última parada del amor en su vida?
Con su vestido de novia puesta, Clara González estaba en la entrada de una tienda de vestidos de novia, viendo como una pareja se estaba besando en un coche que estaba cerca de la acera, sintiendo que el corazón se le partía en mil pedazos .
Hoy era un día especial, Clara iba a probarse su vestido de novia acompañado de su prometido, por lo que ambos quedaron en encontrarse en la entrada de la tienda. Pero, después de esperarlo por mucho tiempo, solo fue recompensada con aquella escena.
Un hombre estaba de espaldas besándose apasionadamente con una mujer, que apenas se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor. En tanto, aquella mujer mientras respondía a sus besos, a través de la ventanilla del coche le dirigió a Clara una mirada de triunfo.
Clara se sintió impactada, nunca en su vida se imaginó que su prometido le pondría los cuernos con su propia hermana.
Las lágrimas cayeron bruscamente de sus ojos, ella apretó los dientes por la mezcla de ira y vergüenza que se llenaba en su interior, pensando.
“¡Soy la persona más estúpida del mundo!”.
Hacía cinco minutos, Francisco Pastor le envió un mensaje diciendo que estaba ansioso de ver cómo le quedaba el vestido de novia, por eso sin pensarlo dos veces, Clara inmediatamente bajó para esperarlo. Sin embargo, aquel el vestido de novia que llevaba puesto se convirtió en la humillación de su vida.
De repente, Clara lo entendió todo. Ese mensaje lo había enviado Cecilia Bellido deliberadamente para que ella bajara a presenciar tal escena.
Esa mujer y su madre le quitaron a su padre, pero aún no le bastaba con eso, ¡ahora quería quitarle a su prometido!
Lo que más le defraudaba a Clara era la traición de Francisco. Pues, él sabía lo mucho que odiaba a Cecilia, pero aún así, secretamente le puso los cuernos con ella, por lo que Clara sentía como si estuviera en una pesadilla.
Como tenía miedo de perder el juicio y cometer alguna locura, huyó del lugar antes de que Francisco la viera.
Poco después, Clara recibió la llamada de Cecilia, su voz estaba llena de orgullo y provocación, -Mi querida hermana, ¿lo has visto? Francisco siempre me ha amado. Ten claro que no se va a casar contigo, porque nunca se lo permitiré, él es solo mío, ¡no sueñes con tenerlo!-
En toda la tarde, Clara estuvo abatida deambulando en la calle, arrastrando su vestido de novia con lágrimas en la cara mientras ignoraba por completo las miradas constantes de los transeúntes.
Al pasar por un club, ella entró y pidió muchos tragos. Mientras bebía, lloraba desconsoladamente, tratando de que el efecto del alcohol le ayudara a olvidar sus penas.
Aquella noche, Clara estaba tan borracha que directamente se quedó dormida en el sofá de una de las habitaciones privadas del club.
A la mañana siguiente, Clara se despertó por el timbre del teléfono.
Aturdida, tomó el móvil, y antes de que dijera algo, se escuchó la voz furiosa de Francisco, -¡Clara, ¿dónde estás?! ¿Sabes que ayer te he estuve esperando toda la tarde en donde quedamos? ¡Si tan poca importancia le das a nuestra relación, creo que lo mejor es que cancelemos la boda!-
Clara enseguida se puso sobria, pero su corazón solo estaba lleno de tristeza e ironía. “¡¿Boda?!¡Desde que ayer los vi besándose, no planeaba seguir con la boda!”, pensó para sus adentros.
Sin decir nada, Clara colgó la llamada. Luego, se fue al baño a lavarse la cara, para finalmente salir de la habitación para ir a pagar la cuenta.
Llegando al pasillo, una figura esbelta de un hombre se acercaba hacia a ella. Clara no se percató de él hasta que escuchó al asistente, que le seguía por detrás, decirle respetuosamente, -Presidente, su padre ha dicho que lo principal de su agenda de hoy es ir a Registro Civil a casarse con la señorita López, para luego celebrarlo con una cena.-
-No tengo tiempo para eso.- Los delgados labios de aquel hombre se abrieron ligeramente para responder con indiferencia.
-Pero… Su padre dijo que tiene que casarse sea como sea. Si la chica no es de su agrado, él le puede enviar a otras, hasta que encuentre una que más le guste.- El asistente transmitió las palabras del antiguo presidente con sudor frío en su frente y mucha cautela.
-¡Ah, quiero morirme! Ve y encuéntrame una mujer cualquiera del círculo de celebridades, me basta con que no sea una que él haya elegido para mi. Quiero acabar de una maldita vez con su idea de escogerme una mujer.- El hombre resopló con frialdad mientras actuaba de manera determinada.
El asistente se quedó aturdido, -Presidente… ¿acaso está bromeando?-
Los ojos del hombre estaban fríos, -¿Te parece que estuviera bromeando?-
“¡No parece!”, pensó el asistente, “Pero…
Después de todo, el matrimonio es algo para toda la vida, ¿decidirlo así no es como si se lo tomara a la ligera?”.
El asistente vaciló en hablar, quería persuadirlo, pero al ver el aspecto incuestionable de su jefe, no tuvo más remedio que callarse.
En ese momento, Clara no pudo evitar dirigirle la mirada a aquel hombre.
Era un hombre excepcionalmente sobresaliente. Sus rasgos faciales eran como si el mismísimo Dios los hubiese tallado. Tenía labios delgados y nariz alta, y sus ojos serenos emitían una sensación de frialdad, además de ser tan profundos que nadie podía adivinar lo que pensaba. El traje a medida que llevaba puesto, le hacía lucir esbelto y atractivo.
Su temperamento era frío e inalcanzable, como si fuera alguien de la nobleza que poseía un aura majestuosa. Además exuda una sensación de distante que se combina con su aura poderosa e intimidante.
Clara reconoció a aquel hombre, era el presidente del Grupo Nevada, Antonio Díaz, un personaje famoso en la industria del entretenimiento. Por lo general, él actuaba de una manera muy discreta y rara vez aparecía en público. Clara tuvo el honor de conocerlo una vez cuando estaba de prácticas como periodista.
“¡No me esperaba verlo aquí!”.
Mientras estaba pensando, Antonio pasó por su lado. Pero enseguida una idea pasó por la mente de Clara.
Antonio estaba buscando a una candidata para casarse y daba la casualidad de que ella acababa de ser traicionada por su prometido. Como no existe un vínculo emocional entre ambos, no parecía una mala idea casarse el uno con el otro.
Lo más importante era hacerle creer a Cecilia que ella podía encontrar a un hombre mucho mejor que Francisco, ¡también era para que su estúpido exnovio se sintiera arrepentido!
Teniendo eso en mente, Clara inmediatamente detuvo a Antonio, -Disculpe, señor Díaz.-
Su repentino llamado sorprendió a Antonio y a su asistente, haciendo que estos la mirasen al mismo tiempo.
En una noche de lluvia fuertes con relámpagos y truenos, Frida Casaus arrastró su maleta y caminó bajo la lluvia sin destino.
-Frida, Kevin Fonseca no se divorció de ti porque ganara la lotería de 650.000 euros, sino es porque fuiste la que no cumpliste con tu deber como esposa.-
-Frida, eres muy molesta. El divorcio era algo que quería mencionar hace mucho tiempo. No quieres el divorcio, ¿todavía quieres repartir la propiedad?-
Recordando estas palabras, la cara de Frida no podía distinguir si era lluvia o lágrimas, y su visión estaba borrosa.
Había un Bentley plateado en el pasillo que volaba hacia allí, algo que el excesivamente triste Frida no notó.
No fue hasta que el coche estuvo casi delante de ella que reaccionó, pero su cerebro estaba en un estado muerto, viendo cómo el coche se dirigía directamente hacia ella misma.
Se escuchó un fuerte sonido de frenado.
El Bentley hizo un giro brusco, y se pudieron ver las habilidades de conducción del propietario, que iba demasiado rápido y chocó accidentalmente contra el barandilla.
se quedó quieta, con el corazón latiendo frenéticamente.
Era tarde por la noche, la zona estaba tranquila y no pasaban coches, el Bentley tampoco se movió más.
reaccionó de repente, limpiándose las lágrimas de la cara con fiereza, y luego dejó la maleta y corrió hacia el coche parado.
El interior del coche estaba oscuro, y a travé de la ventanilla, Frida pudo ver vagamente la figura de un hombre tendido en el volante. Entonces, palmeó vigorosamente la ventanilla.
-Señor, señor, ¿estás bien?-
Estaba muy preocupada y pensaba que era su propia culpa, después de todo, la otra persona había provocado esto al evitarla.
Cuando oyó un clic, Frida rápidamente abrió la puerta e inclinó la parte superior de su cuerpo hacia adentro para preguntar.
-¿Estás bien? ¡Uy!-
Antes de que las palabras salieran de su boca, la mano de un hombre la metió en el coche.
¡Bang!
La puerta se cerró de golpe y se bloqueó.
las grandes manos de éste se cerraron alrededor de su cintura como si fueran cadenas, haciendo que no pudiera moverse.
-Suéltame, suéltame… -tartamudeó Frida al sentir el peligro.
-¡Cállate! Te quieres morir, ¿eh?-
El hombre que la sujetaba habló lentamente, con una voz profunda y grave, como vino dulce que se deslizó por su garganta.
Frida se quedó atónita durante unos segundos antes de darse cuenta de que él estaba hablando del accidente, y sacudió la cabeza rápidamente.
-Yo, yo no quería hacerlo-
-No me importa si lo hiciste intencionalmente o no, pero has venido aquí por tu cuenta, así que no me culpes a mí.
.. – Con esas palabras, el hombre la levantó y la puso en su regazo.
-¿Qué estás haciendo? -Frida sintió mucho miedo, y tartamudeó al sentir la fuerza del hombre.
-¿Qué opinas?-
El hombre se inclinó y la besó directamente, lo que hizo que Frida sintiera que algo le había explotado en la cabeza.
El beso del hombre era extremadamente agresivo y un poco inexperto, pero rápidamente encontró su camino.
La cabeza de la chica se quedó en blanco durante mucho tiempo, hasta que una sensación dolorosa le devolvió el sentido. Ella forcejeó de repente y golpeó desesperadamente al hombre con las manos que tenía delante.
Tal comportamiento excitó aún más al hombre, que bajó el asiento y luego la inmovilizó debajo de él.
La fuerte lluvia cayó toda la noche y pareció lavar los pecados de la ciudad.
Después de una noche de locura…
La gente en el coche movió los dedos, los ojos agudos y profundos del hombre se abrieron rápidamente y Simón Freixa se sentó.
Aún quedaba el dulce aroma que dejaba esa mujer en el aire, pero sólo él quedaba en la escena.
¿Había escapado?
Los ojos de Simón se profundizaron un poco, y su mirada se pasó en la mancha roja del asiento y se volvió un poco complicada.
¡Qué molestia!
Simón llamó a su asistente Rafael Secada y le dijo con frialdad,
-Localiza mi posición de inmediato y luego averigua quién era esa mujer de anoche-
Tras decir esto, sin esperar a que su asistente lo entendiera, colgó el teléfono.
Frida escapó en medio de la noche mientras llovía fuertemente, regresando avergonzada a casa de su familia.
Después de muchos años de matrimonio, ella nunca había hecho el amor con su esposo, pero hoy se había acostado con otro hombre, por lo que Frida estaba aterrada.
Cuando despertó, de forma inconsciente, decidió escapar.
-Frida.
La madre de Frida, Veronica Casaus, abrió la puerta de la habitación, y le llevó un plato de sopa de jengibre.
-Gracias mamá.
-¿Kevin y tú se separaran definitivamente?
Cuando su madre mencionó a Kevin, Frida bajó la mirada, sostuvo el plato de sopa de jengibre y la tomaba despacio, sin intenciones de conversar sobre él.
-No hay que preocuparse por el divorcio, tú padre ya ha arreglado otro matrimonio para ti.
Cuando Frida escuchó esto, su corazón se entristeció y de repente levantó la cabeza diciendo- ¿Que dices mamá?
-No importa que este hombre tenga problemas en las piernas, después de todo sería tu segundo matrimonio, así que no puedes despreciarlo.
-Mama, ¿de qué estás hablando?
Veronica se puso de pie y la miro enojada -El matrimonio esta planificado para dentro de un mes. Debes casarte, incluso si no es lo que quieres.
-Me acabo de divorciar de Kevin esta noche, ¿como te enteraste? -Frida solo sintió que su corazón palpitaba fuertemente.
-En realidad, era tu hermana menor la que se iba a casar, pero como ahora estas divorciada, te casaras en lugar de tu hermana.-
Hablando al respecto, Veronica tomó un respiro hondo, miró fijamente a Frida y dijo -El hombre tiene problemas en sus piernas, la familia Casaus no puede tener a ambas hijas viviendo en desgracia-
Frida sentía un dolor en su corazón y las manos, con las que sostenía el plato de sopa de jengibre comenzaron a temblar, con voz quebradiza mencionó Mama, también soy tu hija-
Liliana Casaus es tu hermana ¿quieres verla sufrir?-
-¿y ver sufrir a tu madre?-
-Después de todo, esta es la decisión final. ¡Debes casarte con el hijo de la familia Freixa en un mes! Si ambas de nuestras hijas quedan en desgracia, tu padre y yo no sobreviviremos a ello.
El día del matrimonio de Frida, su hermana menor Liliana fue a buscarla.
-Hermana, lo lamento tanto, no fue idea mía sino de madre…-
Frida la miró fijamente a los ojos – ¿Lo sientes? ¿Por que no te pones tú el vestido de novia y te casas?
-Hermana, yo…- Liliana apretó su puño, rechinando los dientes, finalmente soltó su mano y con desánimo dijo -Yo tengo novio, pero tu estas divorciada.
Frida retracto la mirada, y bajó la cara -Si, ya estoy divorciada.. Cuida a nuestros padres. Ellos hicieron lo posible para que yo estuviera de acuerdo con esta situación-
Casarse con una persona con problemas en las piernas significaba que ella debía cuidarlo de por vida, si era su destino, podía aceptarlo.
Pero este era el destino de Liliana, y Frida, después de experimentar la traición por parte de su ex esposo, pensó que su familia la consolaría.
Inesperadamente, lo que recibió fue la noticia de que casaría en lugar de su hermana con el hijo de la familia Freixa.
Como el hombre tenía problemas en las piernas, los padres no querían que Liliana se sacrificara.
¿Y Frida no le preocupaba a nadie? Solo por haberse divorciado ¿Debería sufrir de esa manera?
¡Que ridículo! Pero la orden vino de sus padres, quienes la trajeron al mundo, solo le quedaba aceptarlo.
La familia Freixa preparo una gran ceremonia, y experimentaron una boda complicada. Debido a que Frida se casaría en lugar de Liliana, la familia Casaus la persuadió antes de asistir.
Aunque nadie la conocía, Frida tenia remordimiento de conciencia, por lo que pasó la ceremonia con la cabeza abajo e intentando que los demás no le prestarán atención
Afortunadamente, el novio estaba sentado en una silla de ruedas, su respiración era fría y la escena de la boda estaba casi congelada, por eso, la mayor parte de la atención se centraba directamente en él.
Aunque la boda fue grandiosa, fue sencilla. Como Simón no hizo el brindis, y todos los invitados temían que se sintiera incómodo, ninguno se atrevió a hacer ruido.
Después de la boda, Frida fue enviada a la habitación.
La criada anciana de la familia se paró frente a ella y dijo, – Señora, aunque Simón tiene problemas en las piernas, sigue siendo el Señor de la familia Freixa. Luego del casamiento, debe cuidar bien del señor-
Desde que volvió a casa esa noche lluviosa, y se enteró que debía casarse con Simón, en lugar de Liliana, Frida tuvo fiebre alta el día siguiente, y el malestar perduró varios días
La condición nunca mejoró completamente, y hasta el día de hoy, toma medicamentos para el resfriado antes de ponerse su vestido de novia.
Tenia mucho sueño, y después de escuchar a la criada asintió con la cabeza y dijo: -Ya lo se, ¿puedes dejarme descansar?-
Tan pronto se fue, Frida se durmió inmediatamente, sin importar que llevaba puesto un vestido de novia.
Mientras dormía, sentía que tenia un par de ojos penetrantes observándola, lo que sentía era extraño.
Eliana cayó en la trampa que le tendieron su mejor amiga y su prometido teniendo relaciones sexuales con un chapero en el club y quedó embarazada de él. Cinco años después de haber dado a luz a mellizos, regresó a la ciudad y trabajó para el Grupo Moran, donde conoció al CEO, Maurice.
Maurice era un hombre sobresaliente de negocios que hacía bien su trabajo. Pero para mantener un bajo perfil, vivió una doble vida. Además de Maurice, también jugaba el papel de Preston.
El destino volvió a reunirlos a los dos y los envolvió en una emocionante historia de amor. Todo se volvió más complicado cuando Eliana se enfrentó a Preston, el hombre con el que se había acostado antes, una vez más. Ahora que estaba siendo perseguida por dos hombres, ¿cómo podría elegir?
¿Cuándo descubriría Eliana el secreto de la identidad de Maurice? ¿Cuándo iba a saber Maurice que ya tenía dos hijos propios? ¿Cómo enfrentaría Eliana a este hombre cuando un día la verdad saliera a la luz? Ven y descúbrelo.
Eliana Pierce sintió que su cuerpo ardía. Se retorció, besó con devoción la nuez de Adán del hombre y le rogó que tuviera sexo con ella.
Nadie podría rechazar a una mujer tan hermosa como ella. Era bonita, encantadora y sensual.
“Tú lo pediste”, pronunció el hombre, y su nuez se balanceó de arriba abajo. Cautivado por sus encantos, la tomó por la cintura, la levantó, y se inclinó para empezar a penetrarla.
“Ugh…”. La chica comenzó a gemir por el placer.
Por el sonido de su voz, era difícil saber si sentía dolor o estaba excitada, y pronto, su arrollador deseo la obligó a tomar al chico por los hombros con desenfreno.
Las embestidas rápidas y duras del hombre la hicieron alcanzar el orgasmo en cuestión de nada y, tirada en la cama, su cuerpo temblaba como una hoja seca.
Estaba muy agotada, quería descansar y, antes de cerrar los ojos, vislumbró una llamativa cicatriz en el pecho sudoroso de aquel sujeto.
A la mañana siguiente, Eliana se despertó con resaca.
Nada más abrir los ojos, sintió el dolor recorrerle el cuerpo, en especial en la parte inferior, y se frotó las sienes, en un intento de recuperar la sobriedad.
‘¿Qué demonios pasó? ¿No estaba bebiendo en la habitación de Erica? ¿Quién era ese tipo con el que me acosté?’, se preguntó.
La noche anterior, Erica Duffy la había invitado a una fiesta en un crucero, y luego…
¡Bang! La puerta se abrió de repente.
“¡Dios mío, Eliana! Anoche, tú…”.
El asombro estaba escrito por toda la cara de Erica, pero el hombre a su lado, Asher Harrison, se veía todavía más sorprendido.
Presa del pánico, Eliana se cubrió con la sábana, pero no fue suficiente para cubrir los chupetones que tenía por todo el cuerpo, especialmente en el cuello y los brazos.
Además, el aroma que desprendía el cuarto indicaba que, en efecto, había tenido sexo con un hombre la noche anterior.
“Asher, yo no…”. Eliana quería explicarle a su novio lo sucedido.
“Eliana, ¡de verdad le pediste a un gigoló que se acostara contigo! ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Engañaste a Asher!”, clamó Erica, indignada. Parecía que era ella a la que acababan de serle infiel.
En ese momento, Eliana la miró con incredulidad, y exclamó:
“¡Yo no hice nada! Erica, ¿por qué mientes?”.
En apenas unos segundos, Eliana pensó en todo lo ocurrido anoche y ató cabos.
“¿Qué demonios…? Ya entiendo… ¡Asher! Erica preparó todo esto, yo…”.
“¡Cállate! ¡No eres más que una puta!”, rugió Asher, interrumpiéndola. Sus ojos brillaban con rabia, y su voz estaba cargada de asco.
“Eliana, no eres más que una zorra. ¡Eres igual a tu madre! Las dos disfrutan seduciendo a los hombres. Si ella no hubiera hecho algo tan estúpido, el Grupo Pierce jamás habría quebrado. ¡Es su culpa que el Grupo Pierce terminara así!”, clamó el varón.
“¿De qué hablas, Asher? ¿Qué le pasó a mi madre?”, preguntó Eliana.
Se sentó en la cama, y su mente quedó en blanco.
“¡No vuelvas a mostrarme tu cara!”, espetó el chico y se marchó enojado. Una vez estuvo lejos, Erica pintó una sonrisa pícara en sus labios.
“¡Asher, espérame!”, chilló.
Eliana recuperó la compostura al darse cuenta de algo, se levantó, se puso una bata de baño y lo siguió hasta la cubierta. Necesitaba hablar con él.
“Asher, ¿qué quisiste decir con eso de recién? ¿Cómo se fue a la quiebra el Grupo Pierce? Y… ¿Cómo murieron mis padres?”.
Lo agarró del hombro, visiblemente nerviosa y, al verla en ese estado, la culpa brilló en los ojos del chico, pero pronto fue reemplazada por la ira.
“¡Vete a la mierda! ¿No te acabo de decir que no quiero verte más?”, gritó, y trató de librarse de su agarre.
“Solo dime la verdad y prometo que te dejaré en paz. Por favor… Necesito saberlo”.
Ella siguió aferrándose al muchacho, y ardientes lágrimas de dolor y desesperación comenzaron a rodar por sus mejillas.
Ni siquiera se dio cuenta de que estaba de pie junto a la barandilla.
Más allá de esa última protección, justo debajo de sus pies, no había más que un mar fiero e ilimitado.
“No sé de qué hablas, ¡déjame ir!”.
Asher perdió la paciencia y la empujó, presa de un ataque de rabia.
Eliana, sin tener tiempo para estabilizarse, se tambaleó y terminó cayendo por la borda.
“¡Eliana!”, gritó él y estiró la mano, pero no pudo agarrarla.
“¡Ahh!”.
Pronto, el mar turbulento se la tragó, y ni siquiera tuvo la oportunidad de pedir ayuda.
La gente, que dormía tranquila en el crucero, comenzó a despertar, pero ninguno sabía que una mujer que cayó por la borda moría lentamente en pleno mar.
Cinco años más tarde, en el aeropuerto, Eliana Pierce empujaba un carrito con equipaje.
Adrian Pierce, a su lado, puso una expresión seria y dijo: “Mami, deja que te ayude”.
Ella bajó la cabeza y le acaricio el cabello. “¡Qué hijo tan considerado tengo!”, exclamó gustosa.
“¿Y yo, mami?”. Asomó la cabeza Aileen Pierce, su hija, que se encontraba sentada sobre el carrito. Sus ojos brillantes, que la miraban con devoción, la hacían lucir más que adorable.
“Bueno, eres lo suficientemente considerada como para aumentar el peso de nuestro equipaje”, comentó Adrian con sarcasmo desde abajo.
Al escuchar a su hermano, Aileen se puso de pie y lo miró con enojo.
Eliana se rio mientras veía a sus hijos interactuar, con los ojos llenos de amor.
En ese momento, su teléfono comenzó a vibrar y, tras ver el recién llegado mensaje, su sonrisa desapareció.
Era de Jonathan Bowman. “Llámame cuando llegues. Conseguí una niñera y un auto para ti”, decía.
En tanto sus ojos seguían pegados al teléfono, no pudo evitar pensar en lo caballeroso que aparentaba ser ese hombre, y dudó de si llamarlo o no.
Como estaba demasiado absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta de lo que les pasaba a sus hijos.
Aileen sostenía su juguete favorito, un oso de cristal redondo, y jugaba felizmente; pero, de repente, un transeúnte chocó con la niña, lo que provocó que el oso cayera al suelo. El aeropuerto estaba abarrotado, así que, cuando el pobre oso cayó, fue pateado por la gente.
“¡Mi oso!”, exclamó Aileen a todo pulmón.
“¡Aileen, espera!”, gritó su hermano.
Aileen fue tras su oso, y Adrian corrió tras ella.
El oso rodó hasta los pies de un hombre.
“¡Por fin te tengo!”.
Aileen levantó al oso con una sonrisa de oreja a oreja y miró hacia arriba.
El hombre que estaba frente a ella era alto y de buena complexión. Llevaba un traje negro puro, y sus rasgos faciales eran agradables a la vista, además de tener ojos profundos. Su intimidante presencia hacía que los transeúntes se mantuvieran alejados de él, pero a Aileen, en cambio, la cautivó.
El sujeto bajó la cabeza y la miró a los ojos, que se parecían mucho a los suyos.
Los ojos de Aileen brillaron, y rodeó con sus brazos el muslo de aquel hombre desconocido.
“Señor, parece que sigue viva. ¿Le gustaría darle el golpe final?”.
“Sí”.
Rebecca, magullada y ensangrentada, apretó los dientes al escuchar la orden de su marido.
La pareja nunca había consumado su matrimonio y, por lo tanto, nunca habían tenido hijos. Sin embargo, esto llevó a su suegra a acusar a Rebecca de ser estéril.
Ahora, no solo su esposo la engañó, ¡sino que también quería matarla!
Podría haberse divorciado, pero eligió matarla…
Rebecca, que escapó por poco de la muerte, inmediatamente se divorció de su despiadado esposo y se volvió a casar poco después.
Su segundo marido era el hombre más poderoso de la ciudad. ¡Ella decidió usar su poder a su favor y vengarse de aquellos que la habían lastimado!
Se suponía que su matrimonio era un simple acuerdo beneficioso para ambos. Inesperadamente, cuando el polvo se asentó, su nuevo esposo la tomó de la mano y le rogó: “¿Por qué no te quedas conmigo para siempre?”.
“Esa mujer es infértil. ¿Y si mejor te divorcias de ella?”.
De pie frente a la puerta, Rebecca Dixon sintió que todo el cuerpo se le congelaba; ni en sus sueños más alocados habría pensado que alguna vez escucharía a su suegra pronunciar tales palabras. Ella creía ser de su agrado.
¿Por qué de repente la estaba acusando de ser infértil?
En un principio, Rebecca se comprometió con Yosef Swain para que sus respectivas familias obtuvieran beneficios comerciales. Sin embargo, un mes antes de que se celebrara la boda, él sufrió un accidente automovilístico que le dejó una lesión tan grave en la pierna que estuvieron a punto de amputársela; todos le advirtieron a Rebecca que no debía casarse, pero ella pensó que era su deber cumplir con la promesa que hizo, así que formalizó el matrimonio a pesar de todas las objeciones que escuchó.
Llevaban casados más de un año, y Yosef había estado recibiendo fisioterapia durante todo ese tiempo; las circunstancias les habían impedido sostener relaciones sexuales por primera vez, pero ahora le estaban aconsejando a su esposo que se divorciara de ella por supuestamente ser infértil.
“El Grupo Dixon actualmente está atravesando por una situación bastante complicada. Tienen una deuda de más de mil millones de dólares. Timothy Dixon murió en un accidente, justo antes de que pudiera solucionar ese asunto. Me temo que Rebecca terminará heredando todos los problemas de la empresa. Si no te divorcias lo antes posible, esos problemas definitivamente afectarán a nuestra familia. La razón por la que permitimos que te casaras con esa mujer es porque queríamos que la familia Dixon y la familia Swain consolidaran una relación comercial sólida y próspera, no para que nos arrastraran hacia sus problemas. Dime, Yosef, ¿qué es lo que piensas hacer?”.
Rebecca apretó los dientes mientras todo su cuerpo temblaba incontrolablemente; lo único que la hacía controlarse era pensar que su esposo se negaría, ¿o no? Hasta ahora, ella había dado lo mejor de sí para cuidarlo y ayudarlo con su recuperación; definitivamente había sido una buena esposa para Yosef.
“No hay prisa”.
Mientras Rebecca seguía perdida en sus pensamientos, de repente escuchó al hombre negarse. Desafortunadamente, antes de que ella pudiera respirar aliviada, Yosef continuó: “Aunque la familia Dixon está en problemas, Timothy le dejó una gran herencia a su hija. Haré todo lo posible para persuadirla de que me lo entregue todo. Me divorciaré después de que eso pase”.
‘¡Yosef! ¡No puedo creer que tu madre y tú sean tan crueles!’, pensó la mujer para sus adentros.
El cerebro de Rebecca se quedó en blanco, y la conmoción fue tanta que retrocedió inconscientemente, olvidando que había pasos escalones detrás de ella; tras dar un paso en falso, cayó al suelo de inmediato.
“¿Quién está ahí?”.
Rebecca se levantó a toda prisa y salió corriendo.
“Es Rebecca. Seguramente escuchó nuestra conversación. No podemos dejar que se escape”.
La noche era oscura y la lluvia cada vez se hacía más y más fuerte.
Por lo general, las calles siempre estaban repletas de gente y vehículos, pero al tratarse de una noche lluviosa, lucían completamente vacías; no había ni un solo auto a la vista.
La lluvia nublaba la visión de Rebecca, pero ella siguió corriendo a pesar de que sus piernas y pulmones ya comenzaban a arder.
De repente, unas luces destellaron frente a ella, obligándola a detenerse en seco; ella alzó una mano para bloquear el brillo que la cegaba.
Las luces comenzaron a acelerar hacia la chica; fue hasta ese momento que ella se dio cuenta de que se trataban de los faros de un coche.
Sin poder reaccionar a tiempo, el auto la golpeó y la envió volando hacia atrás; Rebecca sintió como si acabaran de romperla en pedazos, y el dolor era tan agudo que ni siquiera tenía las fuerzas suficientes para gritar.
El vehículo se detuvo y alguien salió de su interior; la persona se acercó para ver cómo estaba la chica.
“Señor Swain, parece que sigue viva. ¿Le gustaría darle el golpe final?”.
Entonces sonó la voz de Yosef, quien respondió con un tono frío: “Sí”.
El hombre caminó hacia su esposa con toda naturalidad.
Los ojos de Rebecca se abrieron de par en par; no sabía que ese hombre ya fuera capaz de caminar.
“No quería matarte, pero escuchaste todo. Te acabas de enterar de que tenía planeado divorciarme de ti, pero ahora creo que sería más conveniente quedarme viudo, ya que de esa manera me quedaré con todo el dinero y las propiedades que estén a tu nombre. Lo primero que haré será liquidar el Grupo Dixon y dejar que se vaya a la bancarrota. Al final no tendré que responsabilizarme de las deudas de esa empresa y ganaré mucho dinero”.
Yosef sonrió antes de continuar: “Por cierto, ahora que estás a punto de morir, creo que te puedo contar un pequeño secreto. Después de que la familia Dixon comenzara a tener sus problemas económicos, encontré a alguien para reemplazarte. Se trata de Paige, tu mejor amiga. Ella se acostó conmigo antes de casarme contigo. De hecho, de las ocasiones en las que ha ido a nuestra casa para consolarte, también me ha consolado a mí, si sabes de qué hablo. Ahora ya está embarazada. Me casaré con ella después de enterrarte”.
Yosef se inclinó para mirar el rostro de su todavía esposa. No pudo evitar lamerse los labios antes de decir: “Eres muy hermosa. Es una lástima que tu familia se haya ido a la ruina en el momento menos oportuno. Ni siquiera tuve la oportunidad de acostarme contigo una sola vez”.
El hombre comenzó a excitarse mientras hablaba; él estiró una mano y pellizcó la barbilla de Rebecca. “¿Qué te parece si te quito la virginidad antes de que mueras? Si no lo hago, morirás virgen y no sabrás lo que se siente recibir placer de parte de un hombre”.
¡Este sujeto era un verdadero bastardo!
Los ojos de Rebecca se pusieron rojos mientras su corazón se llenaba de dolor y odio.
Yosef, por su parte, procedió a tocarla en sus partes más íntimas; a pesar de que estaba experimentando un intenso dolor físico, la chica se las arregló para forcejear y resistirse. Justo en ese instante, vio venir otro auto.
Ella lanzó un cabezazo hacia Yosef, pero este último pudo esquivarlo; Rebecca aprovechó la oportunidad para levantarse y correr hacia el auto que venía.
El vehículo se detuvo de golpe, provocando que sus neumáticos emitieran un chirrido; la chica corrió hacia la puerta, y después de abrirla bruscamente, ingresó sin pensarlo dos veces.
Al no escuchar una respuesta, Rebecca se dio la vuelta.
Fue ahí cuando descubrió que los asientos delanteros y los traseros estaban separados por una ventanilla polarizada; de igual manera, se percató de que el asiento a su costado iba ocupado por un hombre.
El hombre agachó la cabeza. El interior del vehículo estaba casi a oscuras, pero la poca luz que se filtraba del exterior servía para delinear las facciones del hombre; Rebecca no pudo apreciar su rostro por completo, pero logró notar que había venas abultadas en su frente y llevaba las manos apoyadas en sus rodillas. Parecía que él estaba soportando alguna clase de dolor.
“¿Señor? ¿Le pasa algo? ¿Se siente mal?”.
El sujeto habló con una voz que sugería que estaba soportando una inmensa agonía: “Hoy no tenía intenciones de lastimar a nadie, pero decidiste subir a mi auto”.
Durante tres años de matrimonio, Chelsea siempre fue una esposa devota de Edmund.
Pensó que su amor y atención algún día derretirían el frío corazón del hombre, pero resultó que estaba equivocada.
Finalmente, no pudo soportar más la decepción y decidió poner fin a su matrimonio.
Edmund siempre pensó que su esposa era aburrida. Así que se sorprendió cuando Chelsea de repente le arrojó los papeles de divorcio frente a todos en la fiesta de cumpleaños de Nelson. ¡Qué humillación!
Después de eso, todos pensaron que la pareja nunca se volvería a ver, y Chelsea pensó lo mismo. Sin embargo, se equivocó una vez más.
Tiempo después, en una entrega de premios, Chelsea subió al escenario para aceptar el premio al Mejor Guión, mientras que su exmarido, Edmund, fue quien le entregaría el premio.
Cuando le dio el trofeo, de repente la agarró de la mano y humildemente le rogó frente a la audiencia, “Chelsea, lamento no haberte apreciado antes. ¿Podría darme otra oportunidad?”.
Chelsea solo lo miró con indiferencia, “Lo siento, señor Nelson. Ahora solo me importa mi negocio”.
El corazón de Edmundo se rompió en mil pedazos. “Chelsea, no puedo vivir sin ti”.
Pero su exesposa se fue sin dudar un momento.
¿Es una buena idea para ella centrarse en su carrera? De cualquier manera, los hombres solo la distraerían, especialmente, su exesposo.
“Edmund, has estado casado con Chelsea durante tres años. Ya es hora de que ambos tengan un hijo. Quisiera conocer a mis bisnietos antes de que la muerte venga por mí”.
La seria voz del anciano sonó a través de la puerta del estudio, la cual se encontraba entreabierta en ese momento.
El joven le respondió con frialdad: “¿Por qué debería tener un bebé con una mujer que yo no amo?”.
Chelsea Williams estuvo a punto de llamar a la puerta para informales que la cena se encontraba lista. Pero cuando escuchó su conversación, se quedó congelada en su sitio. El rostro de la chica se volvió pálido en tan solo fracción de segundos.
La voz del joven volvió a escucharse. Esa vez, sonaba más firme y desinteresado. “Abuelo, solo para dejar las cosas en claro, no tendrás bisnietos de mi parte mientras siga casado con Chelsea. No quiero que ella sea la madre de mis hijos. ¡Así que no me vuelvas a molestar con este tema!”.
“¡Tú, mocoso!”, gritó el anciano con enojo. Un segundo después, se escuchó el sonido de una taza rompiéndose en el suelo. Y eso fue seguido por el sonido de pasos que se acercaban a la mujer.
Chelsea se apresuró a meterse en el baño que estaba a un lado para poder esconderse. En el proceso, se raspó la cintura con el borde afilado del lavabo.
Un intenso dolor se disparó desde allí hasta su corazón. Luego, lo sintió en todo su cuerpo. Ella comenzó a temblar y se mordió el labio inferior con fuerza. Las lágrimas debido al dolor pronto cayeron de sus ojos.
Hace tan solo unos días, había recibido el resultado de una prueba de embarazo de Diane Stevenson, la amante de su esposo, Edmund Nelson.
Junto con el resultado de la prueba había recibido una dura burla de su parte.
“Chelsea, ¡qué mujer tan miserable eres! Aunque has estado casada con él durante tres largos años, sigue sin estar enamorado de ti. Vives bajo su mismo techo, pero te odia con cada fibra de su ser. ¿Acaso no te da vergüenza? ¿Cómo puedes estar con un hombre cuyo corazón pertenece a otra persona? ¡Dios mío! Si yo fuera tú, estaría muerta de la vergüenza desde hace mucho tiempo”.
Ella no sabía sobre la existencia de Diane antes de casarse con Edmund.
En su noche de bodas, el hombre no se había quedado en casa. Él la había dejado tan pronto como la ceremonia llegó a su fin. A la mañana siguiente, Chelsea se despertó con una noticia impactante. Su esposo había sido visto en un hotel con una popular estrella femenina la noche anterior. La noticia fue la comidilla de todo el pueblo.
Fue ese día que ella se dio cuenta de que el corazón de su esposo ya le pertenecía a otra persona.
No estaba dispuesta a renunciar a su nuevo matrimonio, así que decidió quedarse. Esperaba que Edmund se pudiera llegar a enamorar de ella algún día. Había renunciado a su trabajo y se quedó como ama de casa a tiempo completo.
Desafortunadamente para Chelsea, nada había cambiado incluso después de tres años.
Mientras la mujer seguía perdida en su mente, la puerta del baño fue abierta con fuerza desde afuera. Ella se tambaleó y sostuvo su peso en el lavabo.
Miró hacia arriba con los ojos llorosos solo para encontrarse con la mirada fría del hombre que entraba. Era su marido, Edmund.
Sus ojos eran tan fríos que incluso podrían llegar a congelar el infierno. El traje negro que llevaba puesto ese día lo hacía parecer más antipático de lo normal. Él se acercó a ella, la sujetó de la barbilla y le preguntó agresivamente: “¿Incitaste al abuelo a presionarme para tener un bebé contigo? Perra, te has vuelto más maquinadora con los años. ¿Qué te hace pensar que quiero que tú seas la madre de mis hijos? ¿Acaso te has vuelto loca?”.
Sosteniendo su barbilla aún más fuerte, el hombre agregó furioso: “Me tendiste una trampa, y me obligaste a casarme contigo hace tres años. Y ahora quieres asegurarte de ser parte de esta familia teniendo a mi hijo. ¡Pues sobre mi cadáver!”.
El rostro de Chelsea se tornó rojo. Ella se mordió el labio inferior, y respondió: “No lo hice”.
“¿Que no lo hiciste? ¿Entonces por qué me está presionando? ¿Y por qué estabas escuchando a escondidas nuestra conversación?”, se burló Edmund.
Con un tono entrecortado, él continuó: “Ya que escuchaste lo que estábamos hablando, debes saber lo que siento por ti. Me das asco, Chelsea. No eres digna de tener un hijo conmigo”.
Ella apretó los puños con fuerza al escuchar sus fuertes palabras. Sus uñas estuvieron a punto de perforar su piel.
La mujer sabía muy bien que Edmund no la amaba, pero su corazón se rompió en mil pedazos cuando escuchó que no era digna de tener a su hijo.
Durante esos últimos tres años, Chelsea se había estado esforzando al máximo para que su matrimonio funcionara. Chelsea siguió siendo una esposa obediente a pesar de saber su infidelidad.
Durante día y noche, mantuvo la esperanza de que el corazón del hombre algún día se ablandaría por ella. Sin embargo, el corazón de Edmund pasó de ser un iceberg a un pesado plomo. Nada de lo que ella había hecho lo derritió.
“Por favor, sé honesto conmigo. En los últimos años, ¿tú…? ¿En algún momento me has amado, aunque haya sido por tan solo un segundo?”.
La voz de Chelsea era baja y lamentablemente. Su cuerpo estaba temblando violentamente, como si estuviera haciendo esa pregunta con toda la fuerza y el coraje que tenía.
Esa pregunta tan repentina envió una emoción inexplicable al corazón de Edmund. Pero tan solo duró una milésima de segundos.
La frialdad que había en sus ojos aumentó. “¿Tú qué crees? No eres tan tonta, ¿verdad? ¡A juzgar por lo que está ocurriendo ahora, deberías poder responder esa pregunta por ti misma!”.
El desdén en su respuesta fue como un cuchillo que atravesaba el corazón de Chelsea. Todo el dolor que había estado ocultando desde hace tiempo salió a la superficie en ese momento.